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Usar el arte en la clase de Religión, un recurso pedagógico

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Una imagen vale más que mil palabras, reza el conocido refrán. Y esto es lo que aquí se sugiere a los profesores de Religión como uno de los posibles recursos pedagógicos para la enseñanza de la asignatura: explicar las verdades de la fe cristiana ayudándose de la gran cantidad de obras pictóricas que podemos encontrar en los museos.

– Arturo Cañamares Pascual

Como la belleza es una propiedad de las cosas creadas, y todo cuanto existe ha sido creado por Dios (o por el ser humano, que también ha sido creado y amado por Dios), enseñar usando la belleza acerca a la contemplación de Dios.

Los filósofos dicen que la belleza es un trascendental del ser: es el gusto por la verdad y el bien en lo que vemos. Cuando contemplamos algo bello nos causa placer, atrayendo nuestra mirada u oído.

La belleza en el arte es una epifanía, una manifestación de Dios a los hombres (cfr. Carta a los artistas, Juan Pablo II). Gracias a los artistas el misterio de Dios es más asequible (cfr. Insegnamenti II, Pablo VI).

Velázquez con su cuadro Cristo Crucificado o Mel Gibson con su película La Pasión nos han acercado al asombroso misterio de la muerte del Señor; el misterio de la Navidad mostrado en su sencillez por San Francisco en su primer Nacimiento “viviente”, o gracias a tantas representaciones de Belén en nuestras casas con las clásicas figuritas, nos facilitan entender y vivir ese misterio.

El mundo tiene necesidad de belleza para no caer en la monotonía, en la tristeza o en la desesperanza. La belleza, como la verdad, siembra alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace comunicarse en la admiración. La belleza, decía Platón, es como una sacudida que nos hace despertar de nuestra modorra, nos hace salir de nosotros y nos eleva.

De algún modo, Dios se hace presente en la belleza. ¡Qué acertado estuvo el título de la exposición de arte religioso durante la JMJ de 2011 en el Museo del Prado: La Palabra hecha imagen!

La experiencia de la belleza es necesaria para la búsqueda del sentido y de la felicidad, porque acerca a la realidad y la ilumina (Discurso a los artistas, Benedicto XVI).

Von Bhaltasar, dice que la via pulchritudinis, el camino de la belleza, hace que caminemos hacia la contemplación de lo verdadero y bueno. Pero cuando alguien rechaza la belleza, entonces ya no puede rezar y, al final, no será capaz de amar.

Los grandes místicos (Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz) contemplaban a Dios y se quedaron enamorados de su Belleza, que veían en el canto de un pajarillo, en un río, en una escultura de Cristo…

Con frecuencia se oye decir que sobre gustos no hay nada escrito. ¿Seguro? De gustos hay mucho pensado y escrito. Lo bello es agradable: la Inmaculada de Murillo, el Requiem de Mozart, o un belén de Salzillo o Mayo agradan a todos, aunque a algunos les cueste más esfuerzo entenderlo y así poder disfrutarlo mejor. Y al revés: lo desagradable, lo cutre o provocativo es contrario a la dignidad humana; degrada a quien lo hace y a quien lo ve. Una película, un programa de televisión o un cuadro hecho para desagradar es un insulto a lo más noble del ser humano. Es lo que busca una sociedad que abraza la incoherencia del relativismo, que rechaza la verdad y, por tanto, también evita la belleza que nos muestra esa verdad.

La clase de Religión es un ámbito privilegiado para enseñar empleando la belleza. Apoyarse en la historia y en la cultura con sus diversas manifestaciones artísticas abre los sentidos a lo trascendente y hace más fácil entender cuanto intentamos explicar.

Recordemos algunos recursos prácticos que pueden enriquecer una clase y volverla más atractiva: usar el arte en la clase, hablar con imágenes hacen que el contenido se sienta como algo familiar, cercano, posible, conectado con la propia vida (cfr. Evangelii Gaudium, Papa Francisco). Su uso está legitimado por el mismo Jesús, el Maestro, que usaba para enseñar parábolas, comparaciones llenas de belleza y asequibles a quienes las escuchaban.

Las enseñanzas de Jesús no han perdido su valor, pues  la belleza es estable. Sirven y atraen a cuantos se les vuelve a proponer: La parábola del hijo pródigo o la del buen samaritano son un modo extraordinario de enseñar que utilizaba el Señor. También la vida misma de Jesús, si se explica bien, atrae, pues Él es la Verdad y la Bondad, y por tanto, la suma Belleza.

En la clase de Religión es muy bueno emplear el método que usaba Jesús y que los teólogos llaman synkatábasis (condescendencia, abajamiento), que es ponernos al nivel de quienes nos escuchan, para que nos entiendan y hacer asequible nuestro lenguaje. En muchos casos, una imagen artística vale más que mil palabras. Luego, cuando hayan captado el mensaje que el artista de esa obra propone, hemos de ayudar a nuestras alumnas y alumnos a elevarse, superando ya el lienzo o la escultura que tenemos delante, hasta la contemplación de la suma Belleza, que siempre es Dios.

Muchos ejemplos nos pueden servir. En este Año de la Misericordia puede ayudarnos explicar el logo del Buen Pastor con su lema “Misericordiosos como el Padre”, para que entiendan cuánto nos ama Dios; o explicar el significado de la Puerta Santa. También podemos apoyarnos en el uso de pinturas tan conocidas como el Regreso del hijo pródigo de Rembrandt o el de Murillo.

En pintura tenemos por suerte gran cantidad de obras de arte que pueden ayudarnos en nuestra tarea de profesores. Al final del artículo, propongo algunas a modo de ejemplo.

Con las niñas y niños pequeños podemos hacer también que se expresen artísticamente dibujando ellos mismos un acontecimiento bíblico que hayamos explicado. Por ejemplo, a mis alumnos les pedí que dibujasen la resurrección de Lázaro que les acababa de narrar y al día siguiente me trajeron dibujos con los que bien se podría haber organizado una exposición.

En escultura tenemos el privilegio de poseer una gran iconografía de obras sobre el nacimiento de Jesús (por ejemplo, los belenes de Francisco Salzillo), de la Semana Santa (v.gr.: el Cristo llagado de Santa Teresa, de Gregorio Fernández), imágenes de la Virgen (la Inmaculada de Alonso Cano), etc.

En cuanto a arquitectura se refiere, el tesoro de basílicas, monasterios y catedrales, o la parroquia más cercana, es muy apropiada para mostrar a nuestros alumnos la propuesta que les ofrece la asignatura de Religión.

También la música es una manifestación artística muy útil; tanto la música clásica, creada para alabar al Señor por compositores de renombre internacional, como la letra de las canciones litúrgicas que usamos en la Eucaristía dominical.

Traigamos aquí algunas obras que sirvan de ejemplos: dos de Navidad y otra sobre la Muerte del Señor.

La adoración de los pastores

Los pastores fueron los primeros que recibieron la buena noticia del nacimiento del Niño Dios: un coro de ángeles canta y contempla a Jesús mientras los pastores se acercan para adorarle y hacer compañía a la Sagrada Familia. San José, a la izquierda y con los brazos abiertos, mira sorprendido al Niño y medita lo que los pastores han contado: que los ángeles les han comunicado el nacimiento del Mesías esperado.

La Virgen María observa con dulzura a Jesús y reza en alegre silencio. Los pastores  acompañan a Jesús. Uno de ellos, el que está de rodillas con un corderillo como regalo que tiene a sus pies, es el propio pintor que así quiso representarse.

El buey no quiere perderse detalle y observa de cerca al Hijo de Dios. Un burrito perdido en la oscuridad descansa, quizá después de un cansado y difícil viaje –hay que recordar que María iba de parto–  desde Nazaret hasta Belén para cumplir con el censo, y ahora se siente poco importante en tan grandioso momento y únicamente se distingue su hocico (a la derecha, junto al pantalón azul del pastor).

Uno de los ángeles porta un cartel con el primer villancico de la historia: “Gloria a Dios en los cielos y en la tierra paz a los hombres…”. En medio de la oscuridad de la noche, Jesús es la luz del mundo que ilumina las tinieblas de la humanidad: Él nos trae la paz, ahora que es tan necesaria.

No ha necesitado el autor mostrar la escena en un frío establo, como se atisba al fondo; más bien quiere presentarnos al Señor rodeado por una gruta hecha de amor: como cúpula o techo de esa cueva de amor están los ángeles cantando alegres, y las paredes son la Virgen María, su esposo San José y los propios pastores, con el Greco incluido, como queda dicho arriba.

La Sagrada Familia del Pajarito

En la escena se evoca el quehacer diario de la Familia de Nazaret. La Virgen María, Madre de Dios, está devanando una madeja de hilo (se insinúa el movimiento de la rueca, como hiciese Velázquez en su famoso cuadro de Las Hilanderas), mientras que San José, descansando un momento de su trabajo (véanse sus herramientas de carpintero) enseña algo a Jesús. María y José están pendientes del Niño. Nos explica de este modo el autor la naturalidad que se vivía en la santa casa, entre el trabajo ordinario bien realizado y el estar pendientes de hacer feliz la vida de los demás. Con esa sencillez hemos de tratar a Cristo y ofrecerle nuestro trabajo (estudio) bien hecho. Aparte, hay otro significado contenido en la pintura: Jesús protege el pajarito (nuestra alma) de las fauces del demonio (perro, que se presenta con aire de bondadoso, pues el demonio siempre miente, haciendo atractiva la tentación). Si estamos con el Señor, siempre estaremos protegidos.

Terminemos con el cuadro que más le gusta al Papa Francisco y que él mismo ha usado varias veces en su catequesis. Seguro que a los que dais clase en los últimos cursos de ESO o en Bachillerato os gustará, para aplicar en alguna clase sobre historia de la Iglesia.

Crucifixión blanca

Asistimos con dolor al sacrificio de Cristo, muerto en la cruz para redimir al hombre. Todo está envuelto en tinieblas (en tonos fríos: grises) que representan los sufrimientos y angustias del ser humano: el odio de unos por otros, las guerras y todo el dolor del hombre. El mundo queda iluminado por un rayo de luz que viene desde el cielo y que nos muestra a Cristo como nuestro salvador.

A la derecha se ve cómo los judíos son perseguidos por el nazismo y queman su sinagoga (significa el odio a la religión). En la sinagoga se distinguen, encima de la puerta, las Tablas de la Ley, la estrella de David y el león de Judá, en clara alu

sión a las profecías mesiánicas. Unos objetos caen por el suelo, entre los que destaca la Torá (biblia judía) rodando. Unos judíos huyen con lo que pueden (uno lleva otros libros o rollos de la biblia; una mujer con el hijo en su regazo…).

A la izquierda, la revolución rusa destruyendo las casas (clara alusión a la lucha contra la propiedad privada) y su odio a la religión. Se distinguen banderas y soldados, casas incendiadas y heridos.

Es el horror de la guerra: todo lo humano representado en el “mar de lo humano”, donde se ve la Barca de Pedro (la Iglesia), que no se hunde, pues Cristo va en ella, como en el milagro de la tempestad calmada: Jesús dormía mientras los apóstoles, aterrorizados, se daban cuenta de que nada podían hacer por salvar sus vidas. Se dirigieron entonces al Señor y le suplicaron: “¡Señor, que perecemos!”.Y Cristo increpó al viento y al mar y sobrevino una gran calma. En medio de las dificultades que la Iglesia históricamente ha tenido (Imperio Romano, bárbaros, etc., en la Antigüedad; y más actualmente con las revoluciones ilustrada, marxista, etc.), siempre Jesús ha estado subido en esa barca de la Iglesia. Si parece que ahora se hunde, solo hay que rogarle y Jesús actuará.

Hay una escalera junto a la Cruz. Es la que usó José de Arimatea para desclavar a Cristo y darle sepultura. Pero esa escalera tiene un significado mucho más profundo: es nuestra fe, la respuesta del hombre a la llamada y salvación de Dios. Hemos de subir y abrazarnos a la Cruz para alcanzar la felicidad.

Jesús es el Mesías esperado por los judíos: el candelabro era una figura de la presencia de Dios en su Pueblo elegido; ese candelabro está a los pies de la Cruz.

Por último, se ve en el cielo a Dios Padre llamando a la bienaventuranza y a la felicidad con Él a quienes han sufrido la muerte en esas guerras, con tal que acepten la salvación ofrecida por Cristo.

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