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Siempre esperanza

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¿Qué sostiene la barca de la Iglesia en su travesía por el mar tempestuoso de la vida? “La fe en Cristo y en su palabra”. El Papa Francisco lo ha afirmado al comentar, en el rezo del Ángelus, el pasaje evangélico que describe a Jesús caminando sobre las aguas del mar de Galilea (Mt 14, 22-23): “Este episodio es una imagen estupenda de la realidad de la Iglesia de todos los tiempos; una barca que en su travesía debe afrontar vientos contrarios y tempestades que amenazan con hacerla volcar. Lo que la salva no son el coraje y las cualidades de sus hombres. La garantía contra el naufragio es la fe en Cristo y en su palabra”. El mismo Francisco, en su primera encíclica La luz de la fe, definía la fe como un ejercicio de visión: “el que cree, ve”, “la fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos”, “el cristiano puede tener los ojos de Jesús, sus sentimientos, porque se le hace partícipe de su Amor, que es el Espíritu Santo”.

Las enseñanzas del Papa en los dos últimos meses nos dejan testimonios elocuentes de una mirada que se dirige a Jesús y a su Palabra, para mirar el mundo desde la nave de la Iglesia con los ojos y sentimientos de Jesús. ¿Cómo si no, entender sus palabras sentidas por la situación del querido pueblo venezolano, el seguimiento trepidante de las graves tensiones y violencias en Jerusalén con el llamamiento a la moderación y el diálogo, el padecimiento por las víctimas de las inundaciones en Sierra Leona, el dolor profundo por los atentados terroristas sufridos en Burkina Faso, Nigeria, República Centroafricana, España y Finlandia?

Recuperadas las Audiencias de los miércoles en el mes de agosto, Francisco vuelve a las catequesis sobre la esperanza. Para explicar que el bautismo es la puerta de la esperanza, el Papa se detiene en algunos símbolos de la liturgia bautismal: la entrada en el templo por occidente para conducirse dentro de él hacia oriente, la confesión de fe mirando en esa dirección, la entrega del cirio en la celebración del bautismo… todo ello sirve a Francisco para proclamar “la esperanza que nos despierta cada mañana”: la luz de Jesús es siempre más fuerte que las tinieblas del mal. “En el futuro, cuando se escriba la historia de nuestros días, ¿qué se dirá de nosotros? ¿Que hemos sido capaces de esperanza, o que hemos ocultado nuestra luz? Si somos fieles a nuestro Bautismo, difundiremos la luz de la esperanza, el Bautismo es el inicio de la esperanza, la esperanza de Dios, y podremos transmitir a las generaciones futuras razones de vida”. Para explicar que el perdón divino es motor de esperanza, enseña el Papa que Jesucristo no niega a nadie su misericordia. “La Iglesia es un pueblo de pecadores que experimenta la misericordia y el perdón de Dios”. Cuando las tinieblas del pecado y del terror aparecen por doquier, la palabra del Papa apunta siempre en la misma dirección: esperanza, siempre esperanza.

Testigos de esperanza son en cada tiempo aquellos que por amor han hecho entrega de su propia vida. No sorprende en este tiempo necesitado de testimonios esperanzados, que el Papa haya incluido la ofrenda de la propia vida, como un elemento distinto del martirio y de las virtudes heroicas, en los procesos de beatificación y canonización, mediante la Carta Apostólica en forma de Motu proprio “Maiorem hac dilectionem”. Vida entregada e inflamada de amor fue la de santa Rosa de Lima, quien inspira la carta del Santo Padre al enviado especial para la celebración del Jubileo de la archidiócesis de Lima. También el XXXVIII “Meeting para la amistad entre los pueblos” ha recibido un mensaje del Papa: “Sólo recuperando la verdad, la belleza y el bien que nuestros padres nos han legado, podremos vivir como una oportunidad el cambio de época en el que estamos inmersos”.

A María, Reina de la paz, en sus fiestas litúrgicas que recorren el calendario en este tiempo, confiamos “las ansias y dolores de los pueblos” afligidos por tantos sufrimientos. Que Ella nos enseñe el coraje de la oración para vivir siempre con esperanza.

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