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“Santa Muerte” Mucho de guadaña y nada de santidad

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La personificación de la muerte en un esqueleto al que pedirle favores ha devenido devoción popular en México y otros sitios, pero no tiene respaldo alguno en la fe católica.

—Texto Luis Luque

Una procesión avanzaba el domingo 23 de junio por las calles de Irapuato, en el estado mexicano de Guanajuato. Los marchantes portaban una imagen que remedaba a la de los santos católicos tradicionales, pero con notables diferencias: su rostro era el de una calavera; su vestido, una enorme capa con capucha, y en su esquelética diestra llevaba una guadaña. Era la muerte, en suma, pero para el público asistente no lo era a secas: era la “Santa Muerte”.

Que a un proceso natural como la muerte le hayan colgado atributos, no es nada nuevo; de hecho, las mitologías de los pueblos están llenas de ejemplos. Pero, aparcando mitos, entenderla como una persona y, además, darle categoría de “santa”, se pasa de lo esperable a estas alturas de la historia. Incluso en Facebook hay grupos de seguidores de esta ficción, y sus miembros se cuentan por cientos y por miles: hay lo mismo jóvenes que adultos, y de estratos sociales y profesionales diversos.   

Dos investigadores que han ido a fondo en el tema y han conversado con cientos de seguidores, son Kate Kingsbury, profesora de Antropología en la Universidad de Alberta, y Andrew Chesnut, profesor de Estudios Religiosos en la Virginia Commonwealth University. Ambos explican a Palabra cómo ha tomado cuerpo esta extraña devoción, ya presente en Europa.

“Se trata de una santa popular mexicana que personifica a la muerte”, dice Kingsbury. Es la única de su tipo en las Américas, y ha sido desautorizada por la Iglesia católica; el Papa no la reconoce y es más bien vista como una herejía. A pesar de ello, cuenta con 10 o 12 millones de seguidores en todo el continente. En México, tiene entre siete y ocho millones. 

“Se dice que posee el poder de hacer milagros a sus creyentes; milagros que van desde protección contra la muerte hasta ayuda con la salud, con las finanzas, y mucho más. Y como está fuera de la Iglesia católica, también se le pueden pedir favores negativos, como la venganza contra los enemigos. Los narcos, por ejemplo, suelen pedirle que cuide los cargamentos de droga que envían a Estados Unidos”.

Según la experta, muchos “santamuertistas” creen que su devoción es complementaria a su fe católica, o que incluso es parte de esta. “Pero estos santos populares son distintos de los santos oficiales, pues no han sido canonizados por la Iglesia, aunque a menudo son más populares que los santos canónicos en América Latina. La Santa Muerte, sin embargo, se diferencia de estos en que es la personificación de la muerte misma, no de un ser humano fallecido”.

Francisco: “Símbolos macabros”

El culto a la Santa Muerte hunde sus raíces en la época prehispánica. Según precisaban Chesnut y Kingsbury en un artículo en el Catholic Herald, los registros de la Inquisición en México mencionan dos veces el fenómeno en la década de 1790, cuando destruyeron dos santuarios dedicados a la calavera. La devoción se mantuvo fuera de foco hasta los años 40 del siglo pasado, en que se conoció de una mujer que la practicaba.

Ahora bien, el sentido cristiano de la muerte, que inspira a San Francisco a llamarla metafóricamente “hermana”, toda vez que es mediante ella que el cristiano llega a la perfecta unión con Dios, no es lo que anima precisamente el culto al terrorífico esqueleto de la guadaña.

El Papa Francisco, en su visita pastoral a México en 2016, hizo alusión indirecta al problema, al expresar su preocupación por “tantos que, seducidos por la potencia vacía del mundo, exaltan las quimeras y se revisten de sus macabros símbolos para comercializar la muerte en cambio de monedas”.

¿Por qué la Iglesia rechaza esta “devoción”? Kingsbury advierte tres razones: una –quizás demasiado matemática– sería el crecimiento numérico de los seguidores, en un contexto geográfico en que la Iglesia ya lidia con el aumento del pentecostalismo. “Ahora tiene que  bregar contra una santa popular herética, cuyos devotos se declaran católicos en su mayoría, especialmente en México, donde vive el 75 % de los ‘santamuertistas’”.

Pero además, apunta, “la Iglesia ve la veneración a esta figura como equivalente al satanismo, pues la muerte es la antítesis de la vida eterna que Jesús les alcanzó a los creyentes por su sacrificio en la cruz”.

Por último, la estudiosa cita las críticas del Pontífice al “‘símbolo macabro’ de los narcos, que durante la pasada década enviaron tempranamente a la tumba a decenas de miles de sus compatriotas. Aunque no recibe mucha cobertura mediática por ello, el Papa Francisco es un renombrado enemigo de las drogas”

Pero no solo el Papa ha desaprobado, en nombre de la Iglesia, esta rara “espiritualidad”. Otros prelados, en México, en Estados Unidos, y hasta un enviado de la Santa Sede, han expresado su condena en tiempos recientes. Si en 2013 el cardenal Gianfranco Ravasi señaló que se trataba de “un culto blasfemo” y “una degeneración de la religión”, porque esta “celebra la vida, y aquí solamente hay muerte”, el arzobispo de Santa Fe (Nuevo México), John Wester, enfatizó en la idea en marzo pasado: dicha creencia, aseguró, “está realmente mal. […] Nuestra devoción es al Dios de la vida”.

“Santa patrona”… de narcos y policías

¿Se puede trazar un perfil sociológico de los creyentes en este fenómeno? “Con 12 millones de devotos, se entiende que hay diversidad entre ellos” –explica el Dr. Chesnut–, “sin embargo, la mayoría son de clase obrera, millennials, bastante más mujeres que hombres, muchos LGBTQ… En México, hay muchos entre los que están expuestos a la posibilidad de una muerte temprana y en malas circunstancias, y tienen esperanza de recibir una muerte santa en medio de tanta mala muerte. En la última década, el país solo ha sido superado por Siria en número de muertes violentas”.

Entre las causas del repunte de esta “devoción”, el investigador subraya precisamente la violencia: “Hay que tener presente el hecho de que el culto ha proliferado en México durante la hiperviolencia de la guerra contra las drogas, así que se ha convertido en la santa patrona de esa guerra, no solo para los narcos, sino también para la policía y los militares, que le imploran les cuide la vida durante sus operativos peligrosos contra los narcotraficantes. Así, por un lado hay devotos que la piden más vida y protección, pero por otro lado están quienes le piden que utilice su guadaña para quitar a los enemigos del camino”.

Por último, preguntado sobre cuál sería una posición cristiana adecuada frente a esta creencia en expansión, Chesnut se inclina por enseñar la verdad; por aclarar sin imponer: “Por supuesto que no es una santa católica, y la Iglesia la rechaza como una creencia herética, pero me parece que una campaña de catequizar a los fieles conviene más que una política de persecución del culto y de sus devotos, toda vez que la mayoría, en México, son personas que aún se creen católicos”.

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