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Nuevo curso y nuevos retos para la clase de Religión

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En el curso que comienza se dará por concluida la implantación de la LOMCE, con su aplicación en 4º de la ESO (Secundaria) y 2º de Bachillerato. Sin embargo, en lo que respecta a la asignatura de Religión, la interpretación de las 17 Comunidades Autónomas dibuja una panorama de absoluta vaguedad, indefinición y confusión, que amenaza los derechos de alumnos, padres y también del profesorado.

– Francisco Javier Hernández Varas

Presidente de la Federación de Sindicatos Independientes de la Enseñanza (FSIE)

La regulación de la asignatura de Religión establecida por la LOMCE recibió desde el primer momento el rechazo expreso de la Conferencia Episcopal Española, los titulares de los centros, los profesores de Religión, los sindicatos y las asociaciones de padres católicos.

Y si tuviéramos que buscar un calificativo de la situación actual, una vez aplicada en ámbito autonómico, diría que es de absoluta vaguedad, indefinición, incertidumbre, inseguridad, confusión y otros sinónimos parecidos. Unidos a otros como acoso, amenaza, persecución y otros similares que afectan a la asignatura, al profesorado de ésta y, por supuesto, a los alumnos y a sus padres.

¿Qué nos espera este curso?

No vamos a entrar ahora en que esta asignatura no es una concesión de la Administración sino un derecho de padres y alumnos, ni en el elevado número de alumnos que la eligen, ni en la importancia de la asignatura como elemento fundamental del desarrollo integral de la persona, ni tampoco en cómo es el curriculum de la asignatura. Estos aspectos son conocidos suficientemente por los profesores de religión. Lo que quería sintetizar aquí es la coyuntura actual y el panorama de la asignatura y de sus profesores.

Desde el primer momento alertamos en estas páginas del riesgo que suponía el tratamiento de la Religión como asignatura específica, saltándose su carácter de materia troncal que le corresponde en atención a la Constitución y los Acuerdos del Estado. Se convierte así en una materia más de ámbito autonómico que nacional, pues su regulación depende sobre todo de la interpretación que cada Comunidad Autónoma hace de la normativa y de la misma obligatoriedad de la asignatura. Ahí es donde el gobierno dejó pasar la oportunidad de resolver definitivamente el problema de la Religión en la escuela.

Los conflictos se plantean, sobre todo, por el desarrollo del curriculum de las diferentes etapas educativas en cada Comunidad Autónoma: configuración de las enseñanzas y distribución de asignaturas, horarios, evaluación  y matriculación, principalmente. Las 17 Comunidades dibujan un mapa político dispar y una posición ideológica y política diferente, de manera que el panorama educativo y laboral es desigual.

Reducción de hora y profesorado

Este verano ha estado repleto de reivindicaciones, negociaciones, incertidumbres y también de sentencias relevantes, que los profesores deben conocer.

En septiembre, la Junta de Andalucía reducirá una hora lectiva de la asignatura en 3º de ESO, en continuidad con la reducción implantada ya en Primaria, lo cual supondrá un descenso de 747 horas de la asignatura. Por un lado, esta decisión unilateral por parte de la Junta supondrá un menoscabo económico inmediato para el profesorado, que repercutirá directamente en las nóminas de cientos de trabajadores cuyos contratos son ya precarios. Los profesores de Religión en Andalucía continúan viendo así agravadas sus condiciones laborales año a año.

La única explicación dada por la Junta es esta declaración de su portavoz: “Entendemos que hay otras materias que requieren más tiempo para tener niños mejor formados”, que claramente minusvalora la elección que libremente hacen padres y alumnos de esta asignatura.

En Baleares la Conselleria de Educación puede dejar en la calle o con sólo media jornada a 55 docentes de Religión, es decir, uno de cada tres profesores de esta asignatura, lo que supone un verdadero ERE encubierto. El conflicto arranca con la llegada del nuevo ejecutivo del Pacte, que decidió reducir el horario de Religión de una hora y media semanal a una hora.

Mientras, se negocian diferentes salidas como la interinidad, las jubilaciones anticipadas o el reparto de las horas entre todos, pues la Conselleria se niega a que los profesores de Religión impartan otras disciplinas, como se venía haciendo desde 1982.

En otros lugares, la falta de diálogo ha obligado a acudir a los tribunales. Así, en Aragón, el TSJ de Aragón ha desestimado las medidas cautelares solicitadas por los obispos contra la Instrucción del gobierno regional que reducía la asignatura de Religión en Primaria a un horario mínimo de 45 minutos semanales. También las diócesis extremeñas han presentado recurso al TSJ de Extremadura contra la reducción de las horas semanales de Religión.

De forma deliberada y sectaria se están propiciando situaciones para reducir al mínimo la asignatura y el hecho religioso en la escuela española. Y se está asfixiando a un profesorado bien formado, de calidad y vocacionado, en el intento de minimizar su influencia y abogando por su desaparición.

Desde mi punto de vista, ahora que se habla de un Pacto por la Educación, debemos recordar que ese Pacto ya está firmado: es la propia Constitución Española, los diferentes acuerdos Iglesia-Estado y los convenios entre el gobierno y otras confesiones religiosas. Quizás debamos retomar, en la línea de otros países europeos, la senda de la modificación de la ley orgánica que lleva a este completo disparate.

Por último, a mis compañeros profesores de Religión me atrevería a pedirles que tengan esperanza, que sigan siendo como hasta ahora ejemplo de profesionalidad y buen hacer, que sepan extender y convencer de su mensaje a padres y alumnos, que enseñen bien a sus alumnos para que todos vean que mejoran y, por último, que sigan peleando por sus derechos sin perder de vista el objetivo y en sintonía siempre con la jerarquía eclesiástica.

 

 

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