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Un reto: la inmigración

Refugiados cruzan la frontera serbia hacia Macedonia.
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De todos los temas que trate Francisco en México, el de la inmigración será, sin duda, el que más interés despierte en Estados Unidos. 

Uno de los asuntos más calientes de la política estadounidense es la inmigración, principalmente la procedente de México y, en general, de América Latina. Es el tema más vibrante de la retórica a la que asistimos en los debates entre los candidatos presidenciales, y que está causando una cruda división tanto entre los demócratas como entre los republicanos. El arzobispo de Los Ángeles, Mons, José Gomez, él mismo de origen mexicano, dijo que el debate sobre inmigración realmente es un debate sobre la “renovación del alma de América” y lo denominó “el test de nuestra generación sobre los derechos humanos”, a pesar de lo cual ni siquiera todos los católicos están de acuerdo con él.

Es en medio de esta tempestad cuando el Papa Francisco visita México (entre el 12 y el 18 de febrero). A lo largo de su viaje a la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez, se espera que el Papa aborde el problema de la inmigración, incluso de forma más directa que cuando lo hizo en Estados Unidos en septiembre. Mientras que su audiencia mexicana escuchará con atención sus palabras, éstas podrían causar un gran impacto político en Estados Unidos. Esto se debe, principalmente, a que la carrera de las primarias para las elecciones presidenciales estadounidenses de 2106 tendrá lugar en febrero.

Juárez está junto a la ciudad estadounidense de El Paso, y en una reciente entrevista al Our Sunday Visitor el obispo de El Paso, Mons. Mark Seitz, ha dicho que, en realidad, las dos ciudades son una, salvo por la frontera que las divide. En Juárez, la más grande de las dos, la violencia ha atemorizado a muchos de sus residentes. El obispo Seitz ha afirmado que los obispos de la frontera entre Estados Unidos y México tienen lazos comunes. “La iglesia no está separada por límites nacionales”, ha dicho. “Todos somos hermanos y hermanas”, un mensaje que espera que el Papa también comunique.

Con la segunda mayor población católica del mundo, México es un destino lógico para el Papa. En el plan del viaje pontificio de 2015 a Estados Unidos, se sugirió que el Papa podría entrar a Estados Unidos a través de México, o celebrar la Misa en la frontera, pero se consideró que era logísticamente inviable. Ahora, aquella Misa en la frontera se celebrará el 17 de febrero a las 16,00 en Juárez, y ahí será donde el Papa podría hablar de la inmigración. Con varios candidatos republicanos identificados como católicos, las implicaciones políticas de las palabras del Santo Padre llegarán mucho más allá de la frontera.

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