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¿Quién cuida de la familia?

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La familia debe ser reconocida como un bien público que debemos cuidar entre todos: administraciones públicas, empresas, entidades. La Iglesia no puede estar sola en esta tarea. 

—Montserrat Gas Aixendri

Directora de l’Institut d’Estudis Superiors de la Família. UIC, Barcelona

En julio de 2015, el Papa afirmaba en Ecuador que “la familia es el hospital más cercano, la primera escuela de los niños, el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, el mejor asilo para los ancianos”. La familia cuida de todos, pero ¿quién cuida de la familia? ¿Quién se preocupa de sus necesidades reales para que pueda seguir realizando sus funciones?

Son muchos los desafíos que la sociedad tiene ante sí respecto a la familia: ayudar a los jóvenes a crear vínculos familiares estables; ayudar a los padres que se han “exiliado” del hogar a retomar la tarea de educar a sus hijos; apoyar a familias en los momentos de dificultad; devolver la esperanza a las familias rotas.

Es preciso recuperar la confianza en la hoy devaluada institución familiar. Para hacer frente a la situación actual es necesario emprender una acción orgánica y organizada, con el fin de prestar apoyo a todas las familias, y de modo especial a las que se encuentran en dificultad.

La tutela de la estabilidad familiar, el cuidado y promoción de la infancia, la visibilidad de la aportación social de la familia y el respeto a la función parental son algunas de las cuestiones clave. La familia necesita hoy más que nunca ser ella misma y es esencial que los diversos agentes ‒administración pública, empresas, entidades y sociedad en su conjunto‒, creen las condiciones que favorezcan su misión de acogida, cuidado y educación de las nuevas generaciones. Posiblemente sea éste uno de los retos más urgentes en un momento en que nadie pone en duda que la sostenibilidad de nuestra sociedad se apoya en gran medida en la familia.

La Iglesia no debe tratar de afrontar sola los problemas de la familia, sino emplear su autoridad moral para poner a trabajar a toda la sociedad, empezando por los poderes públicos, en favor de la institución familiar. La familia debe ser reconocida como un bien público que debemos cuidar entre todos. Nadie está eximido de proteger a la familia desde su ámbito de responsabilidad: la Iglesia, la administración pública, la empresa, la escuela, la universidad, etc. Cuidemos entre todos de la familia, demasiadas cosas dependen de ella.

 

 

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