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¿Qué sacerdotes necesitamos? Formar pastores misioneros

Shane Robert Hewson, Ivan Torres and Alfredo Porras are among the Spanish-speaking seminarians studying at Rome's Pontifical North American College Aug 22. (CNS photo/Junno Arocho Esteves) See VATICAN-LETTER-SEMINARIANS Aug. 25, 2016.
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A la espera del Día del Seminario, en la solemnidad de san José, y de los datos que publicará la Conferencia Episcopal Española, la dimensión misionera desataca como una de las prioridades en la formación de los sacerdotes. Lo subraya el nuevo Plan de Formación Sacerdotal para España, y a ella alude el Papa Francisco en la exhortación Querida Amazonia.

—Texto Sergio Requena Hurtado.Director del Secretariado de la Comisión de Seminarios y Universidades, CEE

Es una alegría empezar diciendo que el nuevo Plan de Formación Sacerdotal para España es ya una realidad. Fue aprobado en Plenaria por los obispos el 2 de abril de 2019, y por la Congregación del Clero, el 28 de noviembre pasado. 

El Prefecto de la Congregación, el cardenal Stella, recordaba en su decreto, que es “un Plan de Formación actualizado en consonancia con la doctrina de la Iglesia católica expresada en la Ratio fundamentalis istitutionis sacerdotalis(2016), y que se ofrece a los futuros sacerdotes “para el fomento de una formación integral exigida por la realidad cultural actual”.

El nuevo Plan de Formación Sacerdotal. Normas y orientaciones para la Iglesia en España, es la aplicación de la misma Ratio Fundamentalis a las circunstancias, los candidatos y la Iglesia de nuestro país, y quiere servir como instrumento de comunión entre las distintas diócesis. Se trata por tanto, de aunar criterios en la formación que ofrecemos en nuestros seminarios. 

El nuevo Plan de sitúa en continuidad con los grandes documentos de la formación sacerdotal del Concilio Vaticano II: la Presbyterorum Ordinis y la Optatam totius; el magisterio de san Juan Pablo II —de manera particular la Pastores dabo vobis—; el magisterio de Benedicto XVI —especialmente Ministrorum institutio, el motu propio por el que se transfirió las competencias de Seminarios de la Congregación de la Educación Católica a la de Clero—; y el magisterio del Papa Francisco, que ha impulsado de manera especial este proyecto para que llegará a buen puerto.

El nuevo Plan recoge las aportaciones más importantes de la tradición formativa sacerdotal en nuestro país; por ello, es también fruto de su acontecer histórico. Desde el Concilio hasta ahora, cuatro planes de formación para nuestros seminarios, el último de 1996. Además de estos, han ido viendo la luz diferentes documentos sobre pastoral vocacional y vida sacerdotal, de manera particular las actas de los congresos y simposios sobre espiritualidad sacerdotal que se han celebrado, todos ellos han sido tenidos en cuenta a la hora de elaborar nuestro Plan de Formación.

Para definir lo que es en esencia el nuevo Plan de Formación Sacerdotal, podríamos repetir palabra por palabra lo que dijo Mons. Patrón Wong, arzobispo secretario para los Seminarios de la Congregación del Clero. Al hablar de la Ratio fundamentalis a los rectores y formadores de los Seminarios españoles, les dijo que aquel texto “recorre todos los momentos de la vida del sacerdote: los fundamentos puestos en su experiencia familiar y en su participación en la comunidad parroquial, el momento profundo y delicado de la decisión vocacional, la formación inicial en el Seminario y la formación permanente en el ejercicio del ministerio presbiteral, todos esos momentos constituyen un único proceso formativo”. La unicidad de todo el proceso es una idea central de la propuesta formativa.

Son muchos los desafíos que se presentan a la formación sacerdotal, esto nos interpela de manera especial a aquellos que estamos en mayor o menor medida implicados en el proceso, pero es una tarea eclesial en la que no nos podemos quedar solos. Es verdad que el máximo responsable del Seminario es el obispo, y los formadores que viven el día a día al frente de la comunidad educativa del Seminario, pero lo son también de manera especial, y así lo han de sentir, las familias y las comunidades parroquiales donde nacen y crecen esas vocaciones, y por supuesto, los propios candidatos, que deben sentirse responsables de su propio proceso formativo. Pero lo es también cada uno de los cristianos, que están llamados a volverse cada día al Señor para rogarle que nos envíe pastores según su corazón.

El n. 3 de la Ratio fundamentalis asume que la formación de pastores misioneros es una prioridad cuando la llamada a la evangelización es apremiante: “La formación tiene como finalidad la participación en la única misión confiada por Cristo a su Iglesia: la evangelización en toda sus formas”. La Iglesia de España vive inmersa en un proceso, es por tanto consecuente recordar que la formación del discípulo pastor, es a su vez, la formación del pastor misionero.

Año tras año nos preguntamos por qué es necesario celebrar el día del Seminario. La respuesta es que sigue siendo importante para concienciar a la comunidad cristiana de que el Seminario es tarea de todos, y no solo de unos pocos, por muy cualificados que estén. Y porque además tenemos que empeñarnos en crear en nuestros hogares y parroquias un ambiente favorable a la escucha de la Palabra de Dios, para que pueda darse una respuesta serena a su llamada. Es de bien nacidos ser agradecidos, por tantos sacerdotes que en el camino de nuestra vida nos han hecho volvernos a Dios y nos han mostrado el camino de vuelta a la casa del Padre.

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