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Piedras vivas. El arte religioso, “mediador” para el encuentro con Dios

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“Si un pagano viene y te dice: ‘muéstrame tu fe’, llévalo a la iglesia y, presentándole la decoración con que está adornada, explícale la serie de cuadros sagrados”. Esta frase de san Juan Damasceno sintetiza el servicio que quiere prestar esta iniciativa, dando a los visitantes las claves de lectura para recuperar el mensaje de fe escrito en los monumentos cristianos.

— Texto Carlos Azcona

Cuando en el año 2008 el jesuita Jean Paul Hernández Di Tomaso tuvo la iniciativa de reunir a unos pocos jóvenes universitarios en la ciudad de Bolonia, en su acción pastoral ordinaria con ellos, quizá no sería consciente de haber dado inicio a algo nuevo. A partir del deseo de comunicar a Jesucristo a través del arte –y de la rabia por ver lo mal que, tantas veces, se explica ese arte cristiano– surge una novedosa forma de evangelizar por medio del arte, a la vez que se tiene en cuenta la oración, la formación, el servicio y la vida comunitaria, siempre en clave de vivir la gratuidad. Una novedad que, sin embargo, es ya una realidad en muchos países y ciudades de nuestro entorno más próximo y remoto.

Los templos son lugares sagrados, en los cuales se palpa la presencia divina a través de la profunda espiritualidad que rezuman sus paredes. Elementos arquitectónicos que han sido testigos de muchos siglos de historia, cultura y arte; pero sobre todo del necesario encuentro del alma con Dios. ¡Cuántas veces se echa en falta esta perspectiva, a la hora de visitar las iglesias! Quizá se haya perdido de vista su consideración como el lugar donde la comunidad cristiana reza unida y donde se enciende el corazón para servir a los demás como Cristo desea servirles. Un camino, este del servicio, de ida y vuelta.

Por eso nace Piedras Vivas (pietre vive, en su italiano original): para dar testimonio de que nuestros templos están vivos y engendran vida. En ellos se nace a la vida cristiana y son lugares privilegiados para el encuentro con Dios. No se puede entrar en ellos como quien entra en un museo. Algo, sin embargo, tan frecuente en nuestros días. En palabras de su iniciador, “cuanto menos se va a la Iglesia, más se va a las iglesias”. Sin embargo, desde la fe, la visita a un templo pasa por la experiencia de Dios que se ha tenido con él. Y esto es lo que estas Piedras Vivas tratan de hacer desde la oración, el servicio y la vida comunitaria.

Como es evidente, no se trata de una visita turística al uso. Ni tampoco de impartir una conferencia o una clase de historia, arte o teología. Más bien se trata de ofrecer las necesarias claves de lectura para así recuperar el mensaje de fe que hay escrito en el arte sacro. Aunque, como no es menos evidente, en las explicaciones que se imparten haya –necesariamente– datos históricos, artísticos o teológicos. Hay que conocer bien el objeto de la explicación; pero sobre todo hay que haberlo vivido previamente. Y de esto, de vivencias, estos chicos entienden un rato…

Cada comunidad de Piedras Vivas comienza allí donde hay un mínimo interés entre jóvenes (normalmente, universitarios con poco más de dieciocho años y hasta la treintena) que, por lo general, han conocido esta comunidad de comunidades en algunas de las ciudades donde prestan servicio, a las que ellos quizá han acudido con motivo de un programa de intercambio por sus estudios. Pero no es el único cauce: también las redes sociales (donde su presencia es cada vez más notoria – su web es digna de ser conocida: www.pietre-vive.org), la sensibilidad por el arte vivido desde la fe y, sobre todo, el tú a tú es lo que ha hecho que esta realidad, en apenas diez años, esté presente en más de treinta ciudades (y las que vendrán…) a lo largo del ancho mundo. En Italia es donde goza de una mayor presencia. Pero también está presente en España (Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela y, de manera incipiente, en Burgos), Portugal, Alemania, Suiza, Hungría, Rumanía, Inglaterra, Eslovenia, Canadá, Francia, República Checa y Malta, así como también en Chicago y Ciudad de México.

La organización y el número de miembros de cada comunidad es algo que depende mucho de las circunstancias del lugar. Hay comunidades de apenas dos miembros y otras más extensas que llegan a la veintena. Sus reuniones son, normalmente, quincenales (en algunos sitios, donde están más asentados, las reuniones son, incluso, semanales). Y tienen distinto contenido (cada encuentro tiene como marco un tema), pero siempre giran en torno a la oración, la formación y el servicio.

Aunque hay sitios, como en Madrid, donde el ritmo de vida hace difícil la proliferación de reuniones. Por eso, el equipo local decidió muy desde el principio tener una única reunión mensual. Como nos relata Sofía Gómez Robisco, coordinadora de Piedras Vivas en Madrid, es la iglesia de San Jerónimo el Real la que actualmente les acoge (aunque los comienzos de esta comunidad están en la capilla del Hospital Beata María Ana, con sus famosos mosaicos de Rupnik). En dicha reunión –siempre abiertas a quien quiera acercarse a conocerlos– comienzan con una hora de oración, a lo que sigue otra hora de formación. Después de comer y convivir un rato largo juntos, comienza propiamente el servicio. Los jóvenes que forman parte de la comunidad se distribuyen por la iglesia y su entorno, para acoger a quien tenga interés en conocerla: turistas, transeúntes y todo aquel que tenga disposición a escucharlos. El deseo de estos jóvenes es el de salir al encuentro de la gente para ofrecerles el verdadero sentido del espacio sagrado que les alberga. Otros tantos jóvenes permanecen en el ángulo de la oración: un rincón privilegiado de la iglesia, donde siempre hay música en directo que invita a rezar, así como un cuaderno donde las personas anotan sus reflexiones. Muchas veces piden también oraciones. Algo que la comunidad de Piedras Vivas siempre hace al finalizar el servicio es tomar dicho cuaderno, evaluar la jornada y ponerlo todo en presencia de Dios.

A todo esto, se añaden los campos de verano. Los hay específicos de formación y de servicio. Los campos específicos de formación están ubicados en París (sobre teología medieval y arte gótico), Munich (sobre exégesis bíblica) y Grecia (sobre los orígenes del cristianismo). Para los campos de servicio acuden a Santiago de Compostela (también han hecho alguno en Puente La Reina) y, ordinariamente, al encuentro de año nuevo de Taizé.

Además, al tener una fuerte impronta ignaciana en sus orígenes, se invita a los miembros de Piedras Vivas a hacer retiros y ejercicios espirituales. En Madrid, por ejemplo, hay un retiro al trimestre. Para los ejercicios, el lugar privilegiado lo ofrecen en una casa de los Alpes, a finales de agosto. Y es que Piedras Vivas no se trata de un grupo estanco, sino más bien de un itinerario de fe y vida comunitaria, que suele concluir con el descubrimiento por parte del joven de su propia vocación y de su lugar en el mundo y en la Iglesia. De ahí la importancia de los ejercicios espirituales.

Las circunstancias del actual confinamiento han hecho que muchas de las reuniones programadas hayan tenido que desarrollarse en una forzada modalidad on-line; una adaptación que, dada la edad media de los participantes, no les ha costado mucho. En este sentido, han podido vivir un triduo sacro muy participado y celebrado en varios idiomas, así como su tradicional campo de formación de principios de mayo (que este año se iba a desarrollar en Malta) y que se ha centrado en el tema: violencia, arte y religión.

Y todo esto que venimos relatando exige, obviamente, una mínima organización, que se asienta sobre un equipo internacional de columnas: ocho miembros que, en directa colaboración con Jean Paul Hernández, se ocupan de programar los encuentros, dirigir la formación y, sobre todo, de cuidar a los coordinadores jóvenes y de darles juego para que sean ellos quienes lleven las riendas, como nos dice Mari Paz Agudo (columna de Piedras Vivas en España).

En este sentido se reúne también, anualmente, el equipo de coordinadores, al que pertenece Sofía Gómez y también Diego Luis, sacerdote de Burgos e iniciador de la comunidad en su diócesis. En la primera experiencia que tuvo este último en Asís hace medio año pudo palpar la cercanía, naturalidad y acogida con que se vivía todo en esta auténtica escuela de vida apostólica. A él, como a todo el que entre en contacto con esta comunidad de comunidades, se le invita desde el primer momento a ser uno más, una Piedra Viva más, en el bello mosaico que conformamos los cristianos en la Iglesia.

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