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Perspectivas pastorales en un ámbito rural

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Desde hace casi dos años atiendo pastoralmente, como párroco, 9 pueblos de la Ribera del Duero burgalesa, una hermosa zona de la provincia de Burgos, en España… Me corrijo: cuando estaba redactando estas líneas, me llaman del obispado para decirme que me añaden dos pueblos más. Así que con Roa, el más grande, son ya 11 pueblos.

-TEXTO Alfredo Pérez Bustillo, párroco en 11 pueblos de la diócesis de Burgos

En este aún corto espacio de tiempo estoy teniendo la oportunidad de acercarme a una realidad pastoral peculiar, que antes no conocía de manera tan directa. Digo peculiar y no difícil, pues la dificultad es una característica común hoy día en toda labor de evangelización.

Si los fieles “ya no vienen”
Si en algunos lugares cabe encontrar bien patente la característica de “Iglesia en salida” que tanto le gusta al Papa Francisco, puede ser éste uno de ellos. Por dos razones fundamentalmente. El primer motivo es que la gente de aquí vive en núcleos de población dispersos; en realidad, son muchos pueblos para tan poca gente. Y la segunda razón es porque, con excepción de las cofradías, han desaparecido prácticamente todas las formas de apostolado organizado (movimientos apostólicos, grupos de liturgia, etc.). Así ha sucedido incluso en el núcleo poblacional más grande de los que atiendo, la localidad de Roa (con unos 2.300 habitantes), a excepción de la catequesis infantil y de Cáritas. En cuanto a las cofradías, son muy numerosas sobre todo en este último pueblo, pero en general están muy desmarcadas de la vida de la parroquia. Es en tal tesitura donde entraría en juego la calificación de “Iglesia en salida”. Una característica de la actitud pastoral que ahora se ha hecho necesaria viene dada por la constatación de que los fieles ya no “vienen”: hay que salir a su encuentro y aprovechar cualquier oportunidad para “hacerse presente”. En este sentido, he encontrado que la forma más directa y eficaz de alcanzar ese objetivo es la visita a los enfermos. Siempre lo agradecen, y además, se crea la oportunidad de que se acerquen a los a los sacramentos y de poder conocer sus familias. Otra ventaja es que de ese modo el sacerdote se “obliga” a no encerrase en un despacho.

Demasiadas tareas para el párroco
Lamentablemente, y aunque pareciera lo contrario, atender tanto pueblo ocupa mucho tiempo en realizar tareas administrativas que desde mucho tiempo atrás se han dejado demasiado exclusivamente sobre los hombros de los párrocos: el cuidado de templos, la administración de los pocos ingresos, el estar al tanto de propiedades de las parroquias…, y de las calefacciones, y del “surtido” de pequeñas cosas y material que demanda la liturgia.
En estas tareas, echo en falta por parte del obispado la puesta a disposición de personal laico que se encargue de todo (pero del tema de conservación de templos fundamentalmente), posibilitando así que el sacerdote ponga su corazón y su cabeza sólo en la pastoral de las personas.

Despertar evangelizadores
Pero la visita a los enfermos no es suficiente. Salta a la luz que se necesitan nuevas experiencias de pastoral que llamamos de “primer anuncio”, de ir al núcleo del Evangelio, como hicieron los Apóstoles y los primeros cristianos. Yo lo resumiría en la urgentísima necesidad de despertar por todos
los medios el evangelizador que lleva dentro cada bautizado. En este sentido me he propuesto, de momento, dos tareas.
La primera es acercarme a las cofradías, para implicarlas más en la vida de las parroquias. Hemos organizado encuentros periódicos de cofrades, que realizamos cada segundo lunes de mes. Y en perspectiva está acudir a las cofradías penitenciales, para que se sientan más responsables de la Cuaresma y de la Semana Santa. Paralelamente, nos renimos también con las cofradías marianas en los meses de mayo y octubre. Evidentemente, todo esto en el pueblo más grande de los que atiendo.
¿Qué problemas pastorales surgen en los pueblos más pequeños? En estos las visitas a los enfermos y mayores son siempre posibles. La dificultad principal es la cantidad de Misas dominicales, y las abundantes fiestas populares.
Hasta la fecha, cada pueblo sigue teniendo su Misa dominical (me ayuda un sacerdote que está en la diócesis estudiando), porque ha sido así siempre. Se celebran Misas cada domingo en pueblos entre los que hay distancias entre sí irrisorias (solamente 5, 6, o 7 kilómetros). No es fácil encontrar la solución, por la firme resistencia de la gente a desplazarse: la mayoría son muy mayores y argumentan que siempre han tenido la Misa.
Tengo en perspectiva concretar la idea de realizar un encuentro con una o dos personas de cada pueblo, aquellos que sientan más con su parroquia, para dar a conocer la labor que recae sobre los pocos sacerdotes, y para que vean las necesidades pastorales de este pequeño territorio. La mayoría casi no sabe lo que pastoralmente pasa en el pueblo de al lado. Y así, una vez que veamos la situación clara, espero poder organizar juntos una atención pastoral más coherente con la realidad y más realista con las posibilidades. Además, puede ser la forma de ayudarnos unos a otros.

El tú a tú
Muy probablemente se podrán tener muchas más iniciativas que las expuestas. La vida te va llevando, y procuro estar al día sobre experiencias pastorales de Nueva Evangelización, como es el caso de los Cursos Alpha, que quizá se pudieran realizar en este entorno también.
Sin embargo, el método que nunca falla es el del encuentro personal e informal con la gente, en la calle, en los mercados o en las mil y una ocasiones que te proporciona vivir ente ellos. Cuando te haces amigo de la gente es cuando la oportunidad de acercarles a Dios se hace verdaderamente real. En los dos años que han pasado ya, entre los fieles de estas parroquias he conocido más, muchas más, situaciones personales que, por ejemplo en cuatro años que pasé en una parroquia de Burgos de 7.000 habitantes.
Aquí está uno a pie de calle. Yo procuro buscar cualquier excusa para salir, sobre todo en verano. Siempre te encuentras con alguien conocido, a casi todos saludas y te saludan. Me acerco a los corrillos de mayores sentados a la fresca. Y, ¡cómo no!, muchas veces sale el tema religioso. Brevemente, de pasada, se te da la oportunidad de decir una palabra aclaradora, una invitación, una palabra de ánimo, una broma, etc. Pero en esta “pastoral callejera” hay aún algo más de interés. La gente no se acerca al despacho para casi nada. Son varios los que, tras varios encuentros-saludo en la calle, me preguntan, surge una inquietud, etc. Así he entablado amistades con fieles a quienes procuro ayudar de modo regular en sus situaciones personales que requieren orientación. Evidentemente, todos nos hemos dado cuenta ya que son los problemas de la familia lo que más hace sufrir a la gente. Y hasta, ¡oh, milagro gordo!, me veo con los muchachos y muchachas que se han confirmado en estos dos años. Digo “gordo” porque la mayoría de los párrocos dicen que ni los ven. Yo los veo en la calle, a varios, y me acerco de vez en cuando y los saludo y les recuerdo que Dios también les es- pera a ellos en la Misa dominical, por ejemplo. Procuro no hacerme pesado, ni ser un “chapas”, como dicen a veces, ni con ellos ni con nadie.
Porque resulta que en muchas ocasiones, al verte, algunos te abordan y te dicen más o menos: “Yo quería hablar con Usted, o contigo”. Y me exponen su inquietud, o su problemón. Entiendo, con todo esto, que aún la figura del sacerdote despierta cierto interés. Representa lo religioso, a veces lo eclesial, otras veces una persona de fiar, a quien se le pueden contar problemas que ni a los amigos se contarían. No es la última maravilla pastoral pero, a la postre, este modo de encuentro con las gente es muy eficaz, da oportunidades maravillosas para hacer amistad y para tener un “despacho en la calle” en el que, aunque sea durante unos breves minutos, se puede hacer un verdadero seguimiento de la vida de las personas. Por supuesto que también han surgido amistades más consolidadas y ocasión por eso de profundizar en los temas más a fondo. Por poner un solo ejemplo, de aquí nació el caso de una persona que está tramitando su nulidad matrimonial. Desde que me contó su caso vi, sin ser experto, que era de libro. Va bien, y así podrá regularizar su situación actual. Lo mismo habría que decir de haber podido acercarme a la vida de las cofradías, un mundo peculiar y del que no sabía nada. Intento que sean más pastorales y sirvan a la evangelización de sus miembros

Luz del Espíritu Santo
Creo que habrá que encomendar estas cuestiones mucho más al Espíritu Santo, para que ilumine a todos, a fin de encontrar caminos que conduzcan a una atención pastoral más eficaz que no se reduzca sólo al domingo.
Hay que pensar que también durante la semana se puede y se debe realizar otras iniciativas pastorales. Oportunamente, será necesario hacer turnos para las Misas dominicales. Y, si es viable, el domingo que no acuda el sacerdote, convendrá poder tener celebraciones de la Palabra.

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