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Nuevos cambios, nuevas perspectivas en Argentina

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El cambio político en Argentina debe ser un simple intercambio de poder. El país se enfrenta a grandes retos que también son oportunidades.

—texto Marcelo Barrionuevo, Tucumán

Argentina entró en el cambio con la victoria electoral del Frente Cambiemos. El país dejó atrás doce años de gobierno kirchnerista que perfilaba un camino hacia una “estatización” cada vez más virulenta que trataba de imponer una mirada cultural sesgada y unidireccional en la cosmovisión de la vida y de la sociedad.

El camino de decisión del pueblo argentino miró hacia la necesidad de un cambio. Esto manifiesta no sólo la opción de un partido, sino la mirada de un pueblo que en algún momento reacciona como autodefensa de su propia naturaleza. Se confirma una vez más que los pueblos pueden tener paciencia pero en cierto momento reaccionan y piden cambio en la dirección de las cosas.
La relación que este nuevo signo partidario tuvo con la cultura cristiana se pudo ver ya en el tiempo en que fueron gobernantes de Buenos Aires. Allí se vieron tanto elementos positivos como elementos que marcaron distancia con los principios fundamentales cristianos. Ejemplo de esto último es que fue la primera corporación en aprobar la unión civil de personas del mismo sexo.
Argentina se debate desde hace varias décadas en la variación social y cultural por etapas de diez años. Las situaciones partidarias marcan rumbos que generan cambios y luego vienen otros que giran en sentido contrario. Si bien es cierto que la alternancia es positiva, ella misma cuando se ve marcada por líneas ideológicas no permite crecer con estabilidad. Argentina se debe a sí misma un proyecto de nación más estable y permanente.

Otro reto ante el que se encuentra la nación es el inicio de su Bicentenario, 1816-2016 que celebra los 200 años de la independencia de la corona española. Es una efeméride significativa y esperamos que sea también un espacio histórico de reflexión y de identidad ante el futuro. Otra actividad que la Iglesia prepara es el Congreso Eucarístico Nacional que se celebrará en la ciudad histórica de San Miguel de Tucumán. Allí se reunirán unas cien mil personas para celebrar el misterio de Jesús, Señor de la Historia, vivo y presente en el pan eucarístico.

2016 será un año importante pero con muchas fluctuaciones sociales, culturales y económicas. La Iglesia se afronta a vivir un tiempo muy fuerte con muchos desafíos pastorales: el drama de la narcotráfico ha sido un reclamo fuerte del episcopado, la identidad nacional por la educación como tarea urgente, la vivencia del jubileo de la Misericordia será como el telón de fondo de gestos y acciones en medio de la gente, la vivencia del congreso eucarístico como oportunidad excepcional de comunicar la urgente necesidad de reconciliación nacional. Hay nuevos aires de cambio en Argentina pero que deben servir para respetar a los pobres que sufren mucho; nuevos aires para una nueva época que no debe olvidar que el poder es servicio.

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