Siguiendo las huellas de sus predecesores, en el Año de la Misericordia, el Papa ha querido ofrecer a la Iglesia un tiempo de gracia para tomar y asumir un camino claro, atractivo, radical; lo que él mismo nos decía en la bula de convocatoria: “La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia” (Misericordiae vultus 10). Francisco nos lo ha recordado permanentemente en estos meses y ha logrado poner en el corazón de los hombres el deseo del Señor: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5, 7).

Hace un mes que concluyó en Cracovia la Jornada Mundial de la Juventud. Una multitud de jóvenes de infinidad de países se reunió en torno al Papa Francisco y renovó su fe. El acontecimiento tuvo un especial significado para Polonia, sobre el que reflexiona en este artículo el portavoz de la Conferencia Episcopal. Por Paweł Rytel-Andrianik, Portavoz de la Conferencia Episcopal de Polonia