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Mons. Juan Carlos Elizalde: “El Papa nos pide que levantemos el ánimo de los fieles”

Mons. Juan Carlos Elizalde saluda al Papa Francisco
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Entrevista al nuevo obispo de Vitoria, Mons. Juan Carlos Elizalde

Desde que el 12 de marzo tomara posesión como nuevo obispo de Vitoria, Mons. Juan Carlos Elizalde ha puesto en marcha, entre otras cosas, una misa dominical vespertina para jóvenes en la catedral, y la diócesis, en sintonía con el Papa, ha celebrado recientemente un significativo gesto de solidaridad con los refugiados.

—Rafael Hernández Urigüen

Entre las prioridades pastorales del nuevo obispo de Vitoria está potenciar un buen número de proyectos que están en marcha en la diócesis para atender mejor a los necesitados, fomentar la paz, atender a las familias, impulsar la evangelización y la transmisión de la fe y suscitar vocaciones.

La diócesis de Vitoria pertenece a la provincia eclesiástica de Burgos y tiene por patronos a san Prudencio y a san Ignacio. Con un siglo y medio de existencia, cuenta con dos catedrales (la vieja de Santa María y la nueva de la Inmaculada).

Atiende a sus 330.000 habitantes gracias a sus 432 parroquias y a sus 230 sacerdotes. En misiones hay, además, otros 63 sacerdotes vitorianos. Los religiosos sacerdotes son 72 y los religiosos profesos no sacerdotes son 62. Hay nueve monasterios contemplativos femeninos y uno masculino. El número total de religiosas profesas es de 600. Hay también dos seminaristas mayores. En 2014 fue la última ordenación sacerdotal.

En el último año registrado hubo en la diócesis 1.406 bautizos, 1.358 primeras comuniones, 228 confirmaciones y 343 matrimonios canónicos. Cáritas diocesana invirtió en los necesitados recursos por valor de más de 2 millones y medio de euros y cuenta con 26 centros de atención donde fueron asistidas 18.956 personas.

Antes de nada, agradecemos mucho a Mons. Elialde que haya encontrado hueco en su agenda para atender  esta entrevista, que sin duda  esperan los lectores de Palabra, tanto en España como en Latinoamérica.

            Llega a Vitoria con una rica experiencia, que abarca la pastoral universitaria, la animación del Camino de Santiago desde la Colegiata de Roncesvalles (donde ha ejercido su ministerio como prior) y también en la curia diocesana de Pamplona. ¿Considera que esa experiencia puede inspirar su nuevo ministerio episcopal?

–Es verdad que lo que uno hace le va haciendo, configurando y formando. El nuncio, para animarme en mi nueva y tarea, me dijo: “No se preocupe. Lo que el Papa quiere es que usted sea en Vitoria como era en Roncesvalles, en Pamplona o en la universidad. Y el Camino de Santiago es como una parábola de la vida, que es camino, proceso, maduración, crecimiento”.

A mí esto me ayuda a acompañar y a creer aprovechando los cambios que toda persona tiene que afrontar. La experiencia de vicario episcopal en Pamplona me ha enseñado a estar cerca de mis hermanos sacerdotes, incondicionalmente. Y la universidad me confirma que los jóvenes son la alegría y el futuro de la Iglesia y que, por tanto, tienen que estar en el corazón de mi ministerio episcopal.

La diócesis de Vitoria cuenta con la tradición de un movimiento sacerdotal que buscaba en  el ejercicio  del ministerio la principal fuente de espiritualidad. ¿Cómo traducirlo en la actualidad, de manera que contribuya a la revitalización del seminario diocesano?

–La alegría sacerdotal creo que es la primera fuente de vocaciones. Entiendo que hoy el perfil del sacerdote, la identidad sacerdotal es muy clara. Cuando uno relee los textos sacerdotales del Magisterio de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II hasta ahora y piensa en el perfil sacerdotal de los últimos Papas, uno se emociona. ¿Qué sacerdote no va a caber ahí?

Si uno sabe quién es y está compartiendo el sacerdocio con amigos sacerdotes, casi es inevitable contagiarlo. Desde esa alegría sacerdotal surgirán iniciativas creativas para promocionar las vocaciones: testimonios, peregrinaciones, encuentros de oración, acompañamiento personal y mil actividades más.

Vitoria tiene colegios católicos de prestigio y una juventud que dispone de medios de acceso a la cultura. ¿Cómo podrían apoyar en concreto a la animación vocacional? ¿Desde su experiencia, cómo cree que se fomentan mejor las inquietudes vocacionales en el ámbito de la enseñanza?

–La diócesis de Vitoria es la Iglesia que peregrina en Vitoria. Incluye, claro, a los grandes colegios y a sus religiosos y religiosas. Los jóvenes tienen que reconocerse como cristianos fuera del aula también y eso implica una red de celebraciones, eventos, encuentros y campos de colaboración y de servicio. Ahí estamos todos, y si el joven tiene a su lado sacerdotes, religiosas y religiosos y matrimonios a los que quiere y valora, seguro que se sentirá llamado vocacionalmente.

Vitoria  es también una ciudad universitaria. Cuenta con varios centros de la Universidad Pública y también escuelas privadas. Si no recuerdo mal, suman diez entre facultades y escuelas. ¿Cómo piensa trasladar su experiencia universitaria a la capital alavesa? ¿Qué diría de este campo específico de evangelización?

–Es un campo tan apasionante como difícil. Muchos de los que estudian en el campus de Vitoria no son de Álava y no dejan de estar de paso. Los más comprometidos de los cristianos alaveses ya están comprometidos en sus parroquias y comunidades de origen y esa es una de las razones por las que no es fácil trabajar en la universidad.

La propuesta actual de pastoral universitaria es crear foros de trabajo donde quepa un encuentro fe-cultura, un crecimiento intelectual de los militantes cristianos y una forma de evangelizar a los jóvenes. Es una periferia que hay que atender con creatividad y altura. Creo que Vitoria lo está haciendo bien. Quizás habría que impulsar más la interrelación de la pastoral universitaria con el trabajo que se hace con toda la juventud y con la labor vocacional.

Al conocerse su nombramiento, se subrayó también su amplia experiencia en el mundo de los medios de comunicación. El Papa Francisco insiste con su magisterio y testimonio constantes en la importancia de evangelizar desde las distintas plataformas que conforman la opinión pública. ¿Qué ideas prácticas podría sugerir en este ámbito?

–De verdad que no soy ningún experto. Creo que la comunicación transparente  y profunda hace mucho bien y crea una dinámica de confianza, interés y cercanía hacia la Iglesia y el mensaje de Jesús. Admiro a la gente que maneja maravillosamente las redes y comunica cosas que merecen la pena. Hay que “subirse a ese carro” porque se hace mucho bien y nosotros los cristianos tenemos algo grandioso que comunicar. Tendríamos que ir de la mano de los profesionales de la comunicación y de la frescura de los jóvenes que son tan creativos a la hora transmitir el interior.

Vitoria es la capital de la Comunidad Autónoma Vasca. ¿Ha tomado contacto ya con las autoridades civiles? ¿Cómo ve la cooperación de la Iglesia con las instituciones políticas en el ámbito concreto y plural de Euskadi?

–Sí, me he reunido con tranquilidad con las autoridades locales y autonómicas. La mayoría están estrenando mandato y, por tanto, he comprobado que tienen mucha ilusión y que hay muchos puntos de interés común, aunque también hay temas irreconciliables. Hemos coincidido después en muchos eventos.

Tanto en los encuentros formales como en los más ocasionales he reivindicado el hecho religioso como parte de la vida, inspirador de las conductas más nobles y, en consecuencia, un bien social y no algo marginal, reducido a la esfera privada y sin ningún tipo de visibilidad, reconocimiento o apoyo social. Creo que los cristianos debemos ayudar a que los gobernantes descubran la contribución de la Iglesia a la sociedad y, desde ahí, solicitar su colaboración, pues se trata de algo que afecta al bien común.

¿Querría añadir alguna otra cosa?

–Aún estoy bajo la emoción de mi ordenación episcopal, pero tengo que reconocer que nunca he rezado tanto ni nunca he notado tanto la oración de los hermanos. Cuando la misión del Señor desborda, hay que ir a lo fundamental y apoyarse en lo que no te puede fallar. Sorprendentemente estoy sereno y contento, confiado en el Señor, en sus mediaciones y en la plegaria de los pacientes lectores. El Papa Francisco, cuando le saludé en la Plaza de San Pedro con ocasión de mi nombramiento, me dijo que los pastores tenemos que levantar el ánimo de nuestras comunidades, porque a veces está un poco bajo. Y es una observación que tengo muy presente.

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