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Misioneros de la Misericordia, no hay excusa para no dejarse acoger

700 Misioneros de la Misericordia concelebraron con el Papa el 9 de febrero.

Más de mil misioneros

El Papa Francisco ha nombrado 1.071 Misioneros de la Misericordia; durante el encuentro celebrado en febrero en la Santa Sede estuvieron presentes 700. Los misioneros provienen de países muy variados: Birmania, Líbano, China, Zimbawe, además de países europeos y americanos.
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Los Misioneros de la Misericordia, nombrados por el Papa Francisco en el contexto del presente Año Jubilar, son una herramienta más para acercar a los pecadores al perdón de Dios, para acoger a los arrepentidos y para invitar a la conversión. Jesús Higueras, párroco de Santa María de Caná (Pozuelo) y Misionero de la Misericordia, explica sus funciones.

— Jesús Higueras Esteban

Para los niños que se preparan para la primera Comunión, y para muchos de los jóvenes que participan en las catequesis de confirmación, el Papa san Juan Pablo II es un personaje histórico, reciente sí, pero que no conecta con nada de su experiencia vital. Para las generaciones anteriores ese santo Pontífice es el Papa de nuestra juventud, el Papa de nuestra vocación, el Papa que ha marcado los principales hitos de la primera parte de nuestra vida. Por su origen polaco estaba profundamente sensibilizado con las revelaciones de santa Faustina Kowalska, hasta el punto de que podríamos decir que es el Papa de la Divina Misericordia.

Contemplación de la Misericordia
Por ello, podemos ver como una continuidad con el Pontificado de Juan Pablo II el deseo expresado por el Papa Francisco al inicio de la Cuaresma de 2015 de convocar un Año jubilar dedicado a la contemplación de la Misericordia de Dios. Es una idea que nos ha repetido desde el inicio de su Pontificado. Ya en su primer Ángelus del 17 de marzo de 2013 nos decía: “No olvidemos esta palabra: Dios nunca se cansa de perdonar. Nunca. ‘Y, padre, ¿cuál es el problema?’. El problema es que nosotros nos cansamos, no queremos, nos cansamos de pedir perdón. Él jamás se cansa de perdonar, pero nosotros, a veces, nos cansamos de pedir perdón. No nos cansemos nunca, no nos cansemos nunca. Él es Padre amoroso que siempre perdona, que tiene ese corazón misericordioso con todos nosotros. Y aprendamos también nosotros a ser misericordiosos con todos. Invoquemos la intercesión de la Virgen, que tuvo en sus brazos la Misericordia de Dios hecha hombre”. Este mensaje lo ha repetido de distintas maneras durante estos años.

Pero a todos nos sorprendió el anuncio del Papa en el número 18 de la Bula Misericordiae Vultus en la que decía que “durante la Cuaresma de este Año Santo tengo la intención de enviar los Misioneros de la Misericordia. Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios, para que entre en profundidad en la riqueza de este misterio tan fundamental para la fe. Serán sacerdotes a los cuales daré la autoridad de perdonar también los pecados que están reservados a la Sede Apostólica, para que se haga evidente la amplitud de su mandato. Serán, sobre todo, signo vivo de cómo el Padre acoge cuantos están en busca de su perdón. Serán Misioneros de la Misericordia porque serán los artífices ante todos de un encuentro cargado de humanidad, fuente de liberación, rico de responsabilidad, para superar los obstáculos y retomar la vida nueva del Bautismo. Se dejarán conducir en su misión por las palabras del Apóstol: ‘Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos’ (Rm 11, 32). Todos entonces, sin excluir a nadie, están llamados a percibir el llamamiento a la misericordia. Los misioneros vivan esta llamada conscientes de poder fijar la mirada sobre Jesús, ‘sumo sacerdote misericordioso y digno de fe’” (Hb 2, 17). En estas palabras se condensa todo lo que el Papa espera de nosotros con el fin de que la Misericordia de Dios se palpe a lo largo de este Año en todas partes. Esta nueva figura de los “Misioneros de la Misericordia” acerca el Jubileo y las gracias que lo acompañan, fuera de los límites de la Ciudad Eterna.

En primer lugar manifiesta que esta experiencia es eclesial, es la Iglesia quien nos envía, no vamos por nuestra cuenta sino que, como los Apóstoles, también nosotros somos enviados para “anunciar un año de gracia del Señor”. La Iglesia, como Madre, quiere velar por todos sus hijos, tanto por los que viven en la casa paterna como por aquellos, que por muy distintos motivos y en muy diversas circunstancias, se han alejado de ella. Este es un Año para que todos, venidos de cerca o de lejos, escuchemos el mensaje de salvación de Jesucristo, Hijo de Dios, un mensaje que es de Misericordia y comprensión.

Jesús Higueras Esteban, es párroco de Santa María de Caná.

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