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«Mi misión es dejar huella»

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Se puede ser emprendedora, apasionada del arte y madre de diez hijos. Se puede, y además se puede hacer con alegría. Nos lo demuestra Pilar Gordillo.

-Texto Alicia Gómez-Monedero
 
“Definirse es muy difícil, muy complejo”, dice Pilar cuando le pido que se presente. “Soy muchas cosas: mujer, esposa, madre y profesional del sector del mundo de los eventos, del ocio cultural”, explica.
Pilar vive en Toledo, está casada con Santiago y son padres de 10 hijos. En más de una ocasión ha visto caras de sorpresa al decir que sí, que son diez, pero es que “para mí un hijo no es una decisión, sino que es el fruto de que Dios es grande y puede con todo y regala eso y más”. No puedo evitar preguntarle cómo se conjuga ser madre de familia numerosa y emprendedora. Y su respuesta es deliciosa: “Porque el fruto de una persona que tiene un motor de amor dentro, que se lo regalan cada día del cielo, es dar más frutos”. Así de simple y así de complejo. “Es totalmente lógico”, me dice, “tener una criatura, no tener miedo a tener otra, estar feliz cuando viene la cuarta, lanzarnos juntos a la piscina y sorprenderte en el camino porque viene la sexta”.
Lejos de crear agobio y confusión, “cada vez hay más amor en casa, más comunión, más presencia de Él. Entonces ¿qué miedos puede haber?”.

Arte y pasión
Pilar habla con pasión de su familia. Pero esta misma pasión que lleva dentro es la que le ha lanzado al emprendimiento, porque Pilar es también una apasionada del arte. Por eso mismo, estudió la carrera de historia del arte.
En la ciudad de Toledo encontré la gran oportunidad de comunicar el arte al gran público que son los turistas, que tiene tiempo y se mueven en un ambiente de relajación suficiente para escuchar y tienen además una necesidad de entender el por qué y el para qué de las obras de arte que contemplan”, explica ella.
Y de aquí nace el emprendimiento y nace Evocarte, “de la pasión, de estar llena de vida y de fuerza interior”,  porque esta fuerza lleva a dar fruto, “a dar vida, que es mantener una familia, que es buscar lo mejor para mis hijos, que es hacer cosas por los demás, es el fruto lógico tener una empresa, dar cosas buenas a los demás”.
Evocarte se dirige concretamente al ocio corporativo. Se ofrece a empresas que piden un ocio con sentido, cultural; para ellas, cuando finalizan una reunión a las siete de la tarde en una ciudad que está totalmente cerrada, gracias a Pilar, “se abren monumentos en exclusiva para ser visitados con cuidado, con mimo, con música en vivo, acompañados de gastronomía, de pequeñas teatralizaciones, de recitales de poesía. No son complementos sino que es un todo, es la masa que aúna y da sentido y deja huella, porque mi misión es dejar huella, cultivar a las personas, suscitar el talento y la cultura eso lo garantiza”.

Todo tipo de experiencias
Pero, ¿cómo es posible suscitar todo esto viendo, por ejemplo, el Entierro del Conde Orgaz, del Greco? “Porque yo alcanzo el sentido profundo de este arte”, responde Pilar. Está especializada en arte sacro y en más de una ocasión le han dicho que se nota que es creyente, “porque vivo esas verdades existenciales, conozco a Dios y lo comparto como lo experimento, como lo saboreo y como lo valoro en mi vida. Esto es lo que ofrezco y se nota”. No hay más que escucharla, porque ya en su voz y en su manera de expresarse se intuye todo esto. Pilar dice además que ha tenido todo tipo de experiencias después de realizar estas visitas: “Hay quién me cuenta que les he ayudado a rezar o que, por un momento, han tocado el cielo escuchándome. Incluso gente no creyente me ha dado abrazos porque les he hecho sentir cosas que nunca habían sentido. Y yo veo cómo se les iluminan los ojos. He estado con directoras de revistas femeninas que no se querían levantar de dónde estábamos, y me pedían que continuara contando más, porque experimentan que hay profundidad en esa obra de arte, que hay un deleite más allá de lo que ellos conocían”.
Para poder llevar a cabo todo esto, Pilar me revela que su secreto es la oración, “que es como el comer todos los días”.  Puede parecer realmente complicado tener un rato a solas con Dios, pero ella me contesta que, en último término, “es cuestión de prioridades, así que, aunque llegue tarde a la oficina un día no me puedo mantener en pie sin la oración”.

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