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Los sínodos en la vida de la Iglesia

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La realización de la decimoquinta Asamblea Ordina- ria del Sínodo de los Obispos este año, del 3 al 28 de octubre, en el Vaticano, en la ciudad de Roma, suscita una breve reflexión sobre el Sínodo de los Obispos en la Iglesia Católica.

TEXTO—Geraldo Luiz Borges Hackmann Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (PUCRS)

La sugerencia de una posible institución de Sínodos fue presentada al Papa Pablo VI durante la celebración del Concilio Ecuménico Vaticano II. En el origen de esta pro- puesta está la experiencia de la Iglesia antigua, que se reunía para tratar de cuestiones pertinentes a su vida eclesial, y el deseo de colaborar más estrechamente con el sucesor de Pedro en el cuidado pastoral de la Iglesia universal. Desde el punto de vista etimológico, la palabra sínodo aparece a partir de dos palabras griegas, syn (juntos) y hodos (caminos), que significa “caminar juntos”, para indicar que los obispos “caminaban juntos”, entre sí y en comunión con el Papa, en cuestiones de relevancia para sus Iglesias particulares. La sugerencia de los obispos solicitaba, por tanto, retomar esta práctica tradicional de la Iglesia.

Breve historia de los Sínodos después del Vaticano II Al aceptar esta petición, el Papa Pablo VI, el 14 de septiembre de 1965, anunció a los Padres conciliares, re- unidos en la sesión de apertura del cuarto período del Concilio, la decisión de instituir, por iniciativa propia y por medio de su autoridad, un organismo denominado Sínodo de los Obispos, que estaría compuesto por obispos nombrados en su mayoría por las Conferencias Episcopales y aprobados por el Papa, y convocado, según las necesidades de la Iglesia, por el Romano Pontífice, con la finalidad de consulta y colaboración con el ministerio petrino, cuando, para el bien general de la Iglesia, esto le pareciera oportuno. Al día siguiente, el Papa Pablo VI, con el Motu Proprio Apostolica sollicitudo (cfr. AAS 57 [1965], pp.775-780), instituía el Sínodo de los Obispos en la Iglesia católica como institución permanente, por medio del cual obispos, elegidos de las diversas partes del mundo, prestarían una ayuda más eficaz al Pastor supremo de la Iglesia, estableciendo su constitución: 1) es una institución eclesial central; 2) debe representar a todo el episcopado católico; 3) debe ser, por su naturaleza, perpetua; 4) en cuanto a su estructura, desempeñará sus funciones, al mismo tiempo, de modo temporal y ocasional.
En este mismo año, el Decreto conciliar Christus Dominus, en el número 5, reitera la importancia que la nueva…

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