Publicidad

Los jóvenes y la conyugalidad positiva

CNS photo/John Taggart, EPA
Publicidad
 

La familia es la dimensión personal y social más importante y profunda de los jóvenes, que aspiran a que la familia y la conyugalidad se expresen con la mayor transparencia, hondura y autenticidad posible.

Fernando Vidal, director del Instituto Universitario de la Familia, Universidad Pontificia Comillas

No es fácil hacerse una imagen real de la relación y parecer que actualmente sostienen los jóvenes sobre la familia. Son muchos los interesados en que los jóvenes opinen una cosa u otra. Los medios de comunicación y la publicidad comercial están continuamente conformando la imagen pública de los jóvenes y quieren orientarla según sus intereses. Existe una gran distancia entre la familia de la opinión –aquella que se mantiene en los discursos, en las conversaciones o en los medios- y la familia de la experiencia –la que verdaderamente vive la gente, la que tiene en el corazón y sus anhelos. Es algo que hemos estudiado ampliamente en el informe familia (www.informefamilia.org).

La principal nota que caracteriza a la relación de los jóvenes con la familia es muy positiva. La familia es la dimensión personal y social más importante y profunda de los jóvenes. Todas las encuestas e investigaciones demuestran que es la principal fuente de confianza y es un aspecto imprescindible de su vida. Los jóvenes expresan una gratitud inconmensurable hacia sus familias y quieren construir una familia propia en su futuro. La familia es el componente más original, universal y profundo de la condición humana, así que no debería sorprender que los jóvenes manifestaran un aprecio tan potente.

Y, sin embargo, sorprende porque la familia es una comunidad contracultural en la sociedad actual. Tanto cuanto la cultura dominante está invadida por el individualismo y el utilitarismo, las lógicas de solidaridad y donación de la familia constituyen su más fuerte resistencia. Los vínculos familiares son los más persistentes y algunos de ellos son irreversiblemente para siempre. Eso también es contradictorio con lo que el papa Francisco llama la cultura del descarte, efímera e incapaz de dar sostén al compromiso y lo duradero, tal como se dice en la exhortación apostólica Amoris Laetitia.

Sin embargo, los jóvenes anhelan no un trocito de vida sino la vida entera. La juventud no quiere un poquito de vida sino la vida plena. Su corazón late con anhelos de totalidad y grandeza, dispuestos a entregarlo todo y aún más. Por eso se resisten a prescindir de la fuente de experiencias y vínculos más profundos, la familia.

También por eso mismo aspiran a que la familia y la conyugalidad se expresen con la mayor transparencia, hondura y autenticidad posible. La crisis de las institucionalizaciones convencionales de la conyugalidad en favor de nuevas fórmulas –como las parejas de hecho- expresan dicha búsqueda. También operan otros intereses, como los que debilitan los vínculos comunitarios –nuestra sociedad ha sufrido lo que Bauman ha denominado “la Gran Desvinculación”- y las propias dimensiones del derecho y la institucionalidad. Quizás excesivamente identificadas con el poder del Estado y de los grandes potentados del capital, la cultura y las religiones, se considera que son dimensiones coactivas y no suficientemente genuinas.

Sin embargo, los jóvenes continúan poniendo el amor conyugal –una pareja de vida- como la mayor aspiración que pueden sentir. Continuamente lo cantan, lo escriben, lo muestran por todos los medios a su alcance. En cualquier caso, la conyugalidad siempre encuentra una forma de institucionalizarse, aunque sea en modos informales.

La mayor amenaza contra la familia es el debilitamiento de los vínculos, incluso de los más cruciales como los paterno-materno-filiales y los conyugales. Para resistir la ola de desvinculación los jóvenes no solamente necesitarán sus deseos, sino reconstruir instituciones –que no son principalmente un fenómeno de poder sino un fenómeno de universalidad y comunicación intergeneracional-, entre ellas la comunidad conyugal, que es la mayor amistad posible entre seres humanos. Es momento de reconstruir la conyugalidad positiva.

Publicidad