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Por los caminos de Soria con el estandarte de la misericordia

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Un grupo de peregrinos recorren los caminos de Osma-Soria portando un estandarte de la misericordia, para hacer presente a todos la bondad de Dios en este año jubilar. Una iniciativa singular, que estimula a abrirse a la misericordia divina y a dejarse cambiar por ella.

Durante cuarenta años, el pueblo de Israel, arrancado de la esclavitud del faraón, se encaminó hacia la tierra prometida por Dios. En medio de sus luces y sombras, de sus pecados y heroicas gestas, los israelitas sintieron como ningún otro pueblo “la entrañable misericordia de nuestro Dios” (Lc 1, 78). Desde el principio, los cristianos tuvieron conciencia de ser el nuevo pueblo anunciado por los profetas. Así, lo que se dijo de Israel en el pasado, se dice ahora de la Iglesia: Pueblo de Dios (Tt 2, 14; cfr. Dt 7, 6), raza elegida, nación santa, pueblo adquirido (1 P 2, 9; cfr. Ex 19, 5; Is 43, 20-21), esposa del Señor (Ef 5, 25; Ap 19, 7; 21, 2).

Un nuevo pueblo que experimenta, ahora para siempre en virtud de la Sangre del Cordero derramada en la Cruz, que Jesucristo, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1). “El amor de Dios se hizo visible y tangible en la vida de Cristo Jesús. Su Persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona gratuitamente. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión”, ha escrito el Papa al convocar el Año Santo de la misericordia (Misericordiae Vultus 8).

En estos antecedentes bebe la hermosa iniciativa que, desde nuestra diócesis de Osma-Soria, hemos puesto en marcha para este Año Santo de la misericordia. Nuestro Obispo, Mons. Gerardo Melgar Viciosa, nos ha pedido que vayamos “al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios” pues “a todos, creyentes y lejanos, debe llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros” (MV 5). Así nace la peregrinación diocesana del estandarte de la misericordia que, durante todo el Jubileo, recorrerá las tierras sorianas llevando el mensaje de esta Iglesia particular que “quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella” (MV 3).

600 kilómetros en 45 etapas
Se trata de un jirón procesional con la imagen de la Divina Misericordia y la frase “Jesús, en Ti confío”, que recorrerá a pie toda la diócesis oxomense-soriana hasta el mes de noviembre de 2016. En total serán más de 600 kilómetros de recorrido en 45 etapas, mediante las cuales la Iglesia que peregrina en estas tierras castellanas quiere recordar a todos “la infinita misericordia de Dios que no se cansa de perdonar”, como ha afirmado Ángel Hernández Ayllón, vicario episcopal de pastoral, que está coordinando esta iniciativa. Durante estos meses, en las localidades donde sea posible, se está invitando a que sean especialmente los jóvenes los que peregrinen con el estandarte. Así, medio centenar de parroquias y algunos santuarios diocesanos recibirán a los peregrinos que culminarán su peregrinación en la Villa episcopal de El Burgo de Osma tras haber recorrido todos los arciprestazgos de la diócesis.

Durante todo el Año, a semejanza de la peregrinación del pueblo de Israel por el desierto, guiados por la columna de nube y fuego (cfr. Ex 13, 21), queremos ofrecer a toda la diócesis la guía extraordinaria de la misericordia divina que nos permite adentrarnos en el nuevo Mar Rojo, el océano de misericordia que nace del Corazón de Cristo, donde renacer cada día.

Recordar que Dios derrocha misericordia
La parroquia de Ágreda, en la víspera de la inauguración del Año Santo, recibió en el Monasterio de las Madres Concepcionistas el estandarte de la misericordia que permaneció en la localidad hasta el 12 de diciembre. Ese día, el primer de la peregrinación, se llevó hasta la vecina localidad de Ólvega. El grupo partió desde el templo parroquial pasadas las 10 de la mañana, tras haber tenido una oración de bendición y envío. Medio centenar de niños, adolescentes y adultos, con uno de los párrocos de Ágreda al frente, el joven sacerdote Pedro L. Andaluz Andrés, recorrieron rezando el Santo Rosario los casi 11 kilómetros que separan Ágreda de Ólvega; “Fue emotivo ofrecer cada misterio, desgranar las avemarías y las letanías a la Virgen dándole gracias a Dios por su amor misericordioso”. En la puerta de la parroquia olvegueña fueron recibidos por el párroco, Jesús F. Hernández Peña, y numerosos fieles. En palabras de los asistentes, la experiencia fue “preciosa, muy emotiva, y nos preparó el corazón para acoger el amor de Dios” en las cercanas fiestas navideñas.

El esquema de cada etapa de la peregrinación es similar: oración para preparar los corazones marcando el sentido de la etapa antes de comenzar a caminar; parada, a mitad del camino para descansar, compartir impresiones y tomar un sencillo refrigerio; seguido del rezo del Santo Rosario que prepara la llegada al destino donde, siempre con los sacerdotes respectivos a la cabeza, los fieles de la parroquia reciben a los peregrinos y se unen en oración de acción de gracias a Dios “porque es eterna su misericordia” (Sal 136).

En nuestra diócesis hemos sentido en lo más hondo del corazón las palabras del Papa Francisco que nos recuerda cómo “la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia” y nos exhorta a que “todo en su acción pastoral esté revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia vive un deseo inagotable de brindar misericordia” (MV 10).

Fruto de este deseo de recordar a nuestras gentes la presencia real de Dios en medio de nosotros, de ese Dios que mira a todos con amor (cfr. MV 8) y que siempre está dispuesto a derrochar su misericordia, ha nacido esta peregrinación.

En este Año Santo se nos invita a peregrinar a las Puertas Santas abiertas en la catedral de El Burgo de Osma y en la concatedral de San Pedro. Pero la Puerta Santa por excelencia, la del Corazón de Cristo abierto para todos y que muchos no conocen ni han atravesado jamás, nunca se cierra. Ni siquiera cuando acabe este tiempo de gracia y bendición que Dios ha regalado a su Iglesia. Muchos ni siquiera han oído hablar de ella. Muchos nunca han recibido la admirable y maravillosa noticia, corazón del Evangelio, de que Dios sale a buscar a todos sin excluir a nadie.

Por tanto, queremos que todos, incluso los más alejados, los más pecadores, por medio de este sencillo gesto de la peregrinación del estandarte puedan escuchar que “¡éste es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Éste es el tiempo para dejarse tocar el corazón” (MV 19). Así como los israelitas, amenazados de muerte por la picadura de las serpientes, quedaban curados al mirar el estandarte realizado por Moisés (cfr. Num 21, 4-9), así queremos que toda nuestra tierra soriana, tantas veces asolada por el salitre del pecado, quede sanada al contemplar la misericordia divina.

“La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es ‘viator’, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada […]; cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio”, ha escrito el Papa (MV 14).

La peregrinación del estandarte quiere ser estímulo para la conversión; de este modo queremos que muchos se dejen abrazar por la misericordia de Dios y se comprometen a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con cada uno de nosotros.

P. Rubén Tejedor Montón, delegado episcopal de Medios de Comunicación Social (diócesis de Osma-Burgos).

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