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Lisboa recibirá los símbolos de la JMJ el 27 de enero

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La cruz peregrina y el icono de Nuestra Señora «Salus Populi Romani» tienen prevista su llegada a la capital portuguesa en un mes. El próximo 27 enero serán recibidos por el Comité Organizador Local (COL) y por las diócesis portuguesas en la Catedral de Lisboa.

La llegada de los símbolos de la JMJ supone un momento de especial relevancia en el calendario de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Lisboa en 2023.

Acogida de los símbolos

Sólo los representantes de cada diócesis y los miembros del Comité Organizador Local podrán estar presentes en la celebración de acogida de la Cruz y el icono en la catedral lisboeta. Unos símbolos que fueron entregados a la delegación portuguesa el 22 de noviembre, domingo de Cristo Rey, en una celebración presidida por el Papa Francisco, en el Vaticano.

Tras su llegada a Lisboa y acogida oficial, comenzarán la tradicional peregrinación por las diócesis y comunidades portuguesas y algunas españolas.

Desde la elección de Lisboa como próxima sede de la JMJ, las diócesis portuguesas están promoviendo diversas actividades de preparación, oración y voluntariado, en preparación de este evento mundial.

XXVIII Jornada Mundial de la Juventud

Esta edición será la número 28 de las Jornadas mundiales de la juventud y, por primera vez, tendrá lugar en la nación portuguesa. Una JMJ esencialmente mariana, en la tierra de las apariciones de la Virgen en Fátima, y cuya cita elegida como tema de este encuentro es “María se levantó y partió sin demora” (Lc 1, 39), que presenta a María, simultáneamente, como mujer de caridad y como mujer misionera.

De hecho, el logo de esta JMJ, tiene la Cruz como elemento central. Esta es atravesada por un camino donde aparece el Espíritu Santo y María siempre presente a través de Rosario, oración que pidió expresamente que se rezara en sus apariciones a ls pastorcitos de Fátima. Los colores (verde, rojo y amarillo) evocan la bandera portuguesa

La cruz peregrina 

Con 3,8 metros de altura, la cruz peregrina, construida para el Año Santo en 1983, fue confiada por Juan Pablo II a los jóvenes el Domingo de Ramos del año siguiente, para que la llevaran por todo el mundo. Desde entonces, la cruz peregrina, realizada en madera, inició una peregrinación que ya la ha llevado a los cinco continentes y a casi 90 países. Se ha convertido en un verdadero signo de fe. 

Ha recorrido diversas naciones a pie, en barco e incluso haciendo uso de medios poco habituales como trineos, grúas o tractores. Ha atravesado la selva, visitó iglesias, centros de internamiento de menores, cárceles, escuelas, universidades, hospitales, monumentos y centros comerciales. Durante sus recorridos se ha enfrentado a muchos obstáculos: desde ataques aéreos hasta dificultades de transporte, como la imposibilidad de viajar por no caber en ninguno de los aviones disponibles. 

Se estableció como un signo de esperanza en lugares especialmente sensibles. En 1985 viajó hasta Praga, en la actual República Checa, en un momento en que Europa estaba dividida por el telón de acero, convirtiéndose en signo de comunión con el Papa. Poco después del 11 de septiembre, viajó al Ground Zero, en Nueva York, donde tuvieron lugar los ataques terroristas que mataron a casi 3.000 personas. También pasó por Ruanda en 2006, después de que el país sufriera una devastadora guerra civil. 

El icono de Nuestra Señora Salus Populi Romani 

Desde el año 2000, la cruz peregrina cuenta con la compañía del icono de Nuestra Señora Salus Populi Romani, que representa a la Virgen María con el Niño en los brazos. Este icono también fue introducido por el Papa Juan Pablo II como símbolo de la presencia de María entre los jóvenes.

Con 1,20 metros de alto y 80 centímetros de ancho, el icono de Nuestra Señora Salus Populi Romani está asociado a una de las devociones marianas más populares de Italia. Existe una antigua tradición de llevarlo en procesión por las calles de Roma para ahuyentar peligros y desgracias o acabar con las pestes.

El icono original se encuentra en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, donde el Papa Francisco acude a rezar y a depositar un ramo de flores antes y después de cada viaje apostólico. 

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