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Sobre la interpretación de la Biblia

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La teología tiene cuatro grandes tareas en la Iglesia. La primera es entender la fe. La segunda, enseñarla a todos los niveles. La tercera defender la fe o dar cuenta de ella en las confusiones en la Iglesia o ante incomprensiones externas. Y, por último, interpretar la Biblia.

Aunque la interpretación se ponga al final, no es la tarea menos importante. Para interpretar la Biblia, tenemos que entender qué es la Biblia y cómo se ha hecho. Y es bastante útil empezar diciendo lo que no es y cómo no se ha hecho.

Lo que no es Biblia ni revelación cristiana
La Biblia no es un libro escrito por Dios en el cielo que ha bajado a la tierra tal como está ahora. Algunas tradiciones antiguas judías piensan que el mundo se hizo con la letra de la Toráh (la ley), que existía antes del mundo. Hay mucha teología detrás, que ahora no podemos desarrollar. Esta tradición quizá influyó en algunas suras del Corán, donde se da a entender que fue enviado tal cual al corazón del Profeta (que no sabía leer). Por su parte, los mormones defienden que su Libro del ángel mormón fue escrito por Dios en el cielo, y bajó a la tierra. Pero en la religión cristiana el que baja a la tierra no es un Libro, sino el Logos, el Hijo de Dios. La Biblia tampoco es un libro escrito en la tierra al dictado de Dios. Cremos que es un libro inspirado por Dios, pero no dictado por Dios.

Por eso, la Biblia no es “la” revelación de Dios, sino que más bien “contiene” la revelación de Dios. En realidad, es un testimonio de la revelación de Dios, porque atestigua y recoge la revelación de Dios que se hizo, no por escrito, sino “con hechos y palabras” (Dei Verbum, DV, 2), en la historia de la Alianza y en Jesucristo. Por eso, no es correcto decir que el cristianismo es una “religión del libro”. El centro de la revelación cristiana no es un libro, sino Jesucristo en persona. Los textos se dirigen a él (Antiguo Testamento) y nos hablan de él (Nuevo Testamento), pero no ocupan su lugar.

Lo que es la Biblia
Desde el punto de vista descriptivo, la Biblia, en realidad, no es un libro, sino un conjunto de “libros” de distintos tipos, distintos autores y distintas épocas. Como es sabido, Biblia es una palabra griega, en plural, y significa sencillamente “libros” o “los libros”. En la antigüedad se llamaban “libros” a cada uno de los rollos, generalmente largas tiras de hojas papiro pegadas una a continuación de otra, en los que se escribía algo. De la idea de enrollar viene también la palabra latina “volumen”. En la tradición judía se conservaban y se conservan muchos “libros” (generalmente en rollos), a veces agrupados, y otras no. Por ejemplo, la Torá (la Ley), que se forma con los cinco primeros libros, que nosotros designamos con la palabra griega “Pentateuco”, que significa “cinco libros” o, más propiamente, cinco “tecas”, cajas o fundas (de los rollos). También todos los “profetas menores” se suelen disponer en un solo rollo.

Como dato arqueológico curioso, se tiene constancia de que los primeros cristianos solían usar los libros de la Biblia cosidos como códices, como hoy conocemos los libros, quizá porque los usaban habitualmente para la lectura privada. En cambio, en las sinagogas se conservaban y se conservan en rollos para la lectura oficial.

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