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Las virtudes de Cristo, senda de realización humana

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Aunque no se indique expresamente, los seguidores de su producción podrán intuir o detectar los vínculos de este libro con los dos últimos que ha publicado: vendría a ser así una suerte de trilogía, junto con Vida de Jesús y El misterio de Jesucristo.

Pasó haciendo el bien. Las virtudes humanas y la imitación de Jesucristo 
Francisco Fernández-Carvajal
512 páginas
Palabra. Madrid, 2016

Francisco Fernández-Carvajal presenta esta nueva obra de espiritualidad. El reconocido autor de Hablar con Dios, obra reeditada una y otra vez, además de traducida cada año a nuevos idiomas, regresa a las librerías con un amplio volumen, dedicado esta vez a las virtudes humanas, contempladas desde el ejemplo de Jesús.

Aunque no se indique expresamente, los seguidores de su producción podrán intuir o detectar los vínculos de este libro con los dos últimos que ha publicado: vendría a ser así una suerte de trilogía, junto con Vida de Jesús y El misterio de Jesucristo, que concluiría ahora (o “por ahora”) con la presentación de las virtudes humanas vividas por Jesús, que no sólo es perfecto Dios, sino también perfecto hombre. 

“Cristo manifiesta al hombre quién es el propio hombre”. Esta conocida frase de la Constitución pastoral Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II, bien podría colocarse sin problemas en el frontispicio del presente libro, porque refleja su idea conceptual y, a la par, la resume.

Fernández-Carvajal divide su libro en tres partes diferenciadas muy claramente y de diferente extensión. La primera, titulada Cristo es el modelo, y la tercera, La caridad fortalece y enaltece todas las virtudes, resultan relativamente breves. La primera subraya el ejemplo que Jesús ofrece a todo hombre y, en particular, al cristiano, mientras que la tercera afronta, como decimos, la virtud de la caridad que, más que humana, es estrictamente cristiana, pero sin la que “nada soy”, según la rotunda expresión de san Pablo.

El gran cuerpo del libro se concentra en la explicación e ilustración de cuarenta y tantas virtudes humanas esenciales -luego se despliegan en muchas más-, que salen a escena en orden alfabético: desde Afabilidad, que abre el elenco, hasta Veracidad, Autenticidad y Sinceridad, que lo cierra. Se les concede un espacio variable, pues si Alegría se lleva, por ejemplo, casi treinta páginas, cinco subcapítulos y 23 epígrafes, a Consolar se le adjudican ocho páginas y tres epígrafes. Por su parte, Amistad, Desprendimiento, Madurez y Paciencia se subdividen en dos capítulos.

A la hora de redactar el libro, afirma el autor que “he elegido un estilo llano, que puede facilitar la comprensión”. En el fondo, es el estilo amable que ha empleado en la mayoría de sus obras y que ciertamente ha propiciado su notable éxito editorial. Cabe desearle lo mismo para esta nueva publicación.

 

Ladislao Melgar

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