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La santidad de Pablo VI, brújula de caridad heróica

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El Papa Francisco canonizará el 14 de octubre en San Pedro al Papa Pablo VI, beatificado en 2014. La figura del Papa del diálogo y de la paz se ha ido agrandando con el tiempo, y poco a poco se conocen más detalles de su vida santa. Palabra contribuye a ello con aportaciones de dos especialistas.

Texto — Mons. Leonardo Sapienza, R.C.I.
Regente de la Prefectura de la Casa Pontificia

Con ocasión de la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II, hubo quien planteó, de manera provocativa si de verdad era necesario declarar santo a un Papa. Se decía que “las energías que se gastan en canonizar a los Papas -cuya vida hoy ya está configurada según el prototipo de la santidad ‘canónica’ (de hecho se les llama Santidad o Santo Padre)- estarían mejor gastadas en destacar la santidad escondida y la sorprendente”. Puede parecer una forma de auto-justificación del papado. Por tanto: ¡no hace falta beatificar a los Papas!
Pero la situación de nuestra sociedad se ha hecho tan seria que despierta en nosotros la necesidad de testigos seguros, de figuras que nos muestren dónde está la verdadera forma de la vida cristiana. Por decirlo con otra imagen, en un tiempo de desorientación aumenta la necesidad de faros y de brújulas. Los santos son, precisamente, faros, brújulas de orientación en las incertezas de la vida.
También la canonización de Pablo VI responde a esta exigencia. Se nos ofrece un testigo seguro, que nos llama a la santidad.
El domingo 14 de diciembre de 1975, en la Capilla Sixtina, Pablo VI presidió un solemne celebración para conmemorar el encuentro ecuménico entre las Iglesia de Roma y de Constantinopla. La delegación del Patriarcado Ecuménico está guiada por el Metropolita de Calcedonia, Melitón. Al término de la Misa tiene lugar un episodio que suscita gran estupor: Pablo VI, primero, abraza a Melitón, y después, a pesar del sufrimiento de la artrosis, se arrodilla y le besa los pies. El Metropolita, tras reponerse de la sorpresa, intenta corresponder el gesto, pero Pablo VI no lo permite. Por desgracia, de este gesto “profético” no quedan más que unos pocos fotogramas desenfocados de la toma televisiva. El Metropolita Melitón dirá a continuación: “¡Sólo una santo podía hacer un gesto así!”.
Juan Bautista Montini, educado en una familia profundamente religiosa, dirá: “A mi madre le debo el sentido del recogimiento, de la vida interior, de la meditación que es oración, de la oración que es meditación”.

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