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La periferia, en el centro

Fuente: Europa Press.
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Frente al aparente choque entre islam y occidente, el Papa llama a la fraternidad entre cristianos y musulmanes como camino para llegar a la paz. Así lo ha repetido en África.

“Cristianos y musulmanes somos hermanos”. Estas palabras de Francisco se han impuesto como una de las frases señeras de un viaje apostólico a África que ha logrado una vez más transformar completamente la geografía y situar la periferia en el centro del mundo. Un mensaje con un núcleo espiritual y también una provocación concreta sobre uno de los aspectos más complejos del cambio en que estamos inmersos: la relación entre cristianos y musulmanes. Una relación de parentesco, de fraternidad, para Francisco; pero que traiciona el terrorismo de matriz islamista que ha ensangrentado Europa. Nos hace preguntarnos por qué también se matan entre hermanos cuando no se reconocen hijos del mismo padre. La revolución francesa se revistió de la fraternité como de una eficaz bandera, pero en nombre de ella tantos hermanos acabaron en la guillotina.

La fraternidad que conduce a la paz invocada tan frecuentemente en tierras africanas por el Papa Francisco es, por el contrario, completamente distinta. Nace de reconocer en el otro, a uno que me conviene porque me aporta algo bueno. Exactamente lo contrario de la convicción que arma a los yijadistas, a los que impulsa a la búsqueda de una utopía violenta: imaginan un mundo exento de toda diversidad, porque dejan vivir sólo al que es idéntico a su idea sobre cómo se debe vivir. No admite la alteridad. Por ella quizá, si no se nace hermano, se podría llegar a serlo. Así lo testimonia quien educa en varios niveles: se llega a ser hermano o hermana, se descubre que hay algo de bueno para mí en el que está delante, por una educación paciente y audaz, que no es sinónimo de “instrucción”. Si aprender a leer y a hacer cuentas es fundamental, la educación útil de verdad es la integral: prevé el cuidado de la persona que pide ser acompañada a descubrir el gusto de vivir en plenitud, de emprender un camino con otros más allá de los confines de la tribu, de entrar en relación, confiarse y arriesgarse.

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