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La familia, bien y referencia permanente

CNS/Paul Haring
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La familia responde a la verdad más profunda de la humanidad del hombre y de la mujer, a la intrínseca constitución del hombre, como don e imagen de Dios. la calidad de la sociedad está ligada al ser y existir de la familia, que es como una iglesia en miniatura.

 Augusto Sarmiento, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

 El documento final del Sínodo dedicado a los jóvenes sintetiza, en una breve frase, una convicción compartida desde siempre en todos los tiempos y lugares. “La familia” –se lee en el n. 32— “es un principal punto de referencia para los jóvenes”. Es un bien y una referencia para todos como testimonia suficientemente la historia de los pueblos y culturas en los diversos tiempos y lugares.

   Familia y sociedad. Es un bien y referencia que no puede faltar en la vida de la sociedad. En la familia nace y se desarrolla el cimiento mismo de la sociedad. Es en la familia donde, por ley común y universal, la persona humana comienza y lleva a cabo su integración en la sociedad. Tan importante es la vinculación de la familia con la sociedad que se puede concluir que la calidad de la sociedad está ligada al ser y existir de la familia. La sociedad será lo que sea la familia.

De esta relación de la sociedad con la familia son testimonio claro expresiones como que la familia es la primera sociedad natural, la célula primera y vital de la sociedad, etc. La familia responde a la verdad más profunda de la humanidad del hombre y de la mujer, a la intrínseca constitución del hombre, como don e imagen de Dios. Pero solo realiza esta función en la medida que el espacio familiar se convierte en una experiencia de comunión y participación, mediante la formación en el verdadero sentido de la libertad, la justicia y el amor.

   Familia e Iglesia. La función “insustituible” de la familia en el desarrollo de la sociedad, como espacio fundamental para la persona humana, es también imprescindible para la iglesia. Hasta el punto de que, “entre los numerosos caminos que la Iglesia sigue para salvar al hombre, «la familia es el primero y más importante” (Juan Pablo II).

Una de las claves para penetrar en la relación familia-Iglesia es la consideración de la familia, como iglesia doméstica. Entre la Iglesia y la familia hay una relación de tal naturaleza que se puede decir que la familia es como una iglesia en miniatura. Y como se fundamenta en el sacramento del matrimonio, la relación que origina es de naturaleza sacramental. Se mueve en la línea del misterio y determina necesariamente la participación de la familia cristiana en la misión de la Iglesia. Es “una actuación particular de la Iglesia”, que se debe considerar como propia y original. No es un encargo recibido de la Jerarquía de la Iglesia. Esa es también la razón de que la familia, en el desempeño de su misión, haya de proceder siempre en comunión con la Iglesia.

   Qué familia. Asistimos a cambio cultural que hace necesario determinar con claridad la realidad que se quiere designar con los términos “matrimonio” y “familia”. No pocas veces se usan para señalar formas de convivencia incluso contrapuestas entre sí.

Se hace necesario, por eso, determinar bien el camino para identificar y acceder a la verdad o identidad de la familia. Y ese no es otro que el del “significado que el matrimonio y la familia tienen en el plan de Dios, creador y salvador”.  Porque “cualquier concepción o doctrina que no tenga suficientemente presente esta relación esencial del matrimonio y la familia con su origen divino y su destino, que trasciende la experiencia humana, no comprendería su más profunda realidad y no podría encontrar el camino exacto para resolver sus problemas” (Pablo VI).

Un designio de Dios sobre la familia cuyo conocimiento está alcance de las solas luces de la razón: “hunde sus raíces en la esencia más profunda del ser humano y sólo a partir de ella puede encontrar su respuesta”. Pero es claro también que el hombre no está solo en ese acceso a la verdad. Cuenta con la ayuda de la Revelación que hace más fácil y seguro llegar a la verdad.  Con esa finalidad el Magisterio reciente de la Iglesia se sirve de expresiones como “el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer” o “el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, que es, además, el origen de la familia”.

 

 

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