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La atención a los ancianos, tarea fundamental de la Iglesia

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Muchas familias cristianas afrontan la enfermedad, la vejez y las dificultades de la vida con sentido sobrenatural y sentido común. Como prolongación o como complemento de este clima familiar, han nacido iniciativas en las que se acoge a las personas mayores en un hogar de familia. En este artículo recogemos dos de gran arraigo: las Hermanitas de los Pobres y las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

El 13 de octubre de 1978, el día antes del cónclave que eligió a Juan Pablo II, el obispo polaco Andrzej Maria Deskur sufrió una lesión cerebral que lo dejó inmovilizado para el resto de su vida. Gran amigo del Papa, la primera visita del nuevo Pontífice fue al hospital Gemelli, donde Deskur estaba ingresado. Desde entonces, sus visitas al amigo enfermo se hicieron frecuentes, y reconocía que toda la labor que hacía como Papa era sostenida desde esa silla de ruedas.

Este suceso del inicio de su pontificado fue como un anticipo del testimonio que san Juan Pablo II dio al mundo al aceptar sus propias limitaciones, y sus últimas semanas –falleció el 2 de abril de 2005–, en las que todo el mundo pudo seguir el deterioro de su salud, fueron una catequesis viva sobre el valor de la enfermedad y la vejez.

Hoy también es necesario este testimonio. Por eso el Papa Francisco se refiere con frecuencia al papel de los abuelos… texto íntegro solo para suscriptores 

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