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Jóvenes y alcohol: cómo prevenir la vulnerabilidad

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La inclinación de los jóvenes al alcohol se produce por carácter, personalidad o entorno familiar y social. Factores como la inseguridad o la presión ambiental requieren una educación personalizada y preventiva. Las ansias de vivir con plenitud casi desaparecen en híper de la droga como el descrito al final de estas páginas.

–TEXTO Carlos Robles Bonifacio Orientador. Doctor en Psicología    

El alcohol es la principal droga presente en nuestro entorno, la que más muertes produce, con un carácter patológico para las personas y para las familias, escribe Sanz González. Comúnmente incurrimos en el error de diagnosticar como alcohólico a la persona cuyo organismo presenta ya signos físicos del influjo del alcohol; hecho erróneo, ya que en las fases iniciales del alcoholismo el organismo todavía no demuestra secuelas de su consumo, afirma Schüller.

La edad media de inicio de los adolescentes españoles en el consumo de drogas ha aumentado a lo largo de la crisis económica, entre 2009 y 2014, al tiempo que se ha invertido la tendencia habitual en los últimos años y ahora comienzan antes a consumir alcohol que tabaco. Así lo señala la evaluación final de la Estrategia Nacional sobre Drogas 2009-2016 presentada por el Ministerio de Sanidad a comienzos de verano, que muestra cómo la edad de inicio en el consumo de alcohol ha crecido ligeramente, de los 13,7 a 13,8 años de media, mientras que la de inicio del tabaco ha pasado de los 13,3 a los 13,9 en el mismo periodo.

El consumo juvenil

Debemos valorar que en la etiología del alcoholismo intervienen una gran diversidad de factores distintos, unos propios del individuo y otros ambientales; factores como la personalidad, grado de maduración, ambiente familiar, líderes del grupo a nivel escolar, influyen decisivamente en el desarrollo de esta adicción al alcohol.

  En este artículo pretendemos centrarnos en el consumo desde una perspectiva juvenil y de iniciación, más educativa y preventiva, y centrada en factores sociales e individuales. Para muchos jóvenes, el consumo de alcohol constituye una experiencia efímera, ocasionada por la curiosidad, el atractivo a lo desconocido y la presión que ejerce el grupo de amigos. Podemos hablar para una mayoría de jóvenes que su consumo se centra en una ingesta recreativa en donde el alcohol forma parte como un elemento más con el que poder establecer relaciones.

También se ha de tener presente el conjunto de variables caracterológicas del individuo para una posible inclinación al consumo. Hemos podido observar cómo altos grados de ansiedad ‒que no admiten una regulación acertada por parte del joven‒ incitan a un consumo abusivo del alcohol y de modo especial los fines de semana.

Inseguridades, incertidumbres

El mundo juvenil puede aparentar despreocupación, felicidad sin límites, un mundo lleno de posibilidades…, pero muchos docentes y muchos padres descubren en una proporción mayor que lo que se encuentra detrás de esta máscara de felicidad es un mundo lleno de inseguridades e incertidumbres.

Esta tensión no regulada requiere una serie de respiros, momentos donde la realidad se haga más amable y tolerable. El joven sabe, descubre, que el alcohol le facilita este tiempo extra para poder ver las cosas desde una perspectiva diferente.

Otro aspecto relevante en el consumo de alcohol es la capacidad de amortiguar la frustración a las demandas personales. Sabemos que los jóvenes se manejan en un universo muy competitivo y en donde los patrones de comparación son muy activos; redes sociales que puntúan nuestra aceptación al minuto, “grupo de amigos virtuales” en donde el joven teme por su aceptación o rechazo como algo que escapa de su control…

La timidez, la falta de seguridad, es otra de las variables caracterológicas que hemos de tener muy en cuenta en la formación integral del adolescente. El alcohol nos proporciona una visión más amable de nuestras cualidades y hace que nos mostremos al mundo de una manera más relajada y amistosa.

Todos los jóvenes luchan por la aceptación, y la timidez es un obstáculo que en muchas ocasiones es visto como algo inmutable. Esta realidad aparentemente dura e injusta que el joven hace de sus posibilidades le lleva a buscar un intermediario que mitigue una realidad de su vida que no ha sido aceptada. El primer paso sería un conocimiento real del consumo, en segundo lugar la aceptación de sus limitaciones en el campo de relación con los demás, y en último término, facilitar actividades de sustitución en donde el joven pueda percibir que él puede superarse.

Pasividad de los padres

En estos últimos 20 años se viene acentuando en España un patrón de padres que no están dispuestos a complicarse la vida para no enfrentarse a sus hijos. Se viene alertando desde la comunidad educativa una pasividad en las obligaciones como padre que garanticen la salud de los hijos y un olvido de la “necesidad normativa” necesaria para la educación de los jóvenes.

Una de las carencias más habituales en los jóvenes es la falta de seguridad y confianza en ellos mismos al carecer de un marco normativo que les prepare para la vida adulta. Y en la misma línea, la sobreprotección de los hijos es otro fenómeno a estudiar. Las necesidades del mercado actual obligan a muchos padres a estar ausentes de la familia y fuera de casa. Los hijos carecen de figuras de referencia porque éstas no existen y las relaciones de apego afectivo se deterioran. El cariño necesita de manifestaciones concretas; si éstas no se dan el joven las sustituirá por otras relaciones que cubran sus demandas. Por tanto, estamos en un momento en donde tenemos que sustituir el “todo vale” por el “todo juntos”.

Educación personalizada

No podemos pasar por alto otra variable, otro factor, que es facilitador del consumo. Un entorno familiar permisivo al consumo, y desde una perspectiva familiar en donde alguno de sus miembros manifiesta ya una dependencia al consumo de alcohol.

Vistas las carencias anteriores que los adolescentes manifiestan en su crecimiento, nos parece acertado poner en valor una educación personalizada. No todas las personas reaccionamos y actuamos de la misma manera, y por tanto la dependencia y el consumo de alcohol variarán en función al modo de ser de cada persona.

Los aspectos más intencionales a la hora de la formación del joven requieren aspectos que no podemos pasar por alto, como son: destacar la singularidad de la persona, facilitar el autoconocimiento, fomentar el desarrollo físico e intelectual, promocionar valores que capaciten a la entrega personal, marcar y pautar un proyecto personal de vida, educar en libertad, dar profundidad a la vida cultivando la interioridad y el sentido de trascendencia, el tiempo libre como una ocasión para seguir creciendo, un sentido solidario de la vida… En definitiva, despertar en el joven ansias por vivir y vivir con plenitud.

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