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Inicio de un proceso: “Hacia la plena comunión de todos los católicos chinos”

CNS photo/Simon Zo, Reuters
Un hombre recibe el bautismo en la ciudad de Xining
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Se trata de un acuerdo provisional, pero histórico. Firmado a finales de septiembre, regula lo relativo al nombramiento de obispos en China. El Papa ha dirigido un mensaje a los católicos del país.

Texto — Giovanni Tridente

Se hablaba desde hace meses de un posible acuerdo como cosa ya inminente, y finalmente el 22 de septiembre ha sido firmado un acuerdo provisional entre la República Popular China y la Santa Sede, que se refiere principalmente al nombramiento de obispos. Se trata de una cuestión disputada desde siempre, ligada a la presencia de numerosos pastores locales privados del mandato pontificio y, por el contrario, reconocidos por la autoridad política, dando así vida a una Iglesia “oficial” y otra “clandestina”, como se las conoce en el lenguaje corriente.
Estamos ante un proceso que ha llegado a su madurez –una primera madurez– después de más de 30 años de diálogos institucionales que arrancaron en 1986 bajo el pontificado de san Juan Pablo II. No se puede negar, sin embargo, el alcance histórico de este acuerdo, firmado en Pekín por los jefes de las dos delegaciones: Mons. Antoine Camilleri, Subsecretario para las Relaciones de la Santa Sede con los Estados, y Wang Chao, Viceministro de Asuntos Exteriores de la República Popular China.
A la luz de este primer acuerdo, la Iglesia en China está llamada a superar las divisiones del pasado y a renovar su misión de anunciar el Evangelio, en comunión con Roma, como en su momento ya había deseado Benedicto XVI en la Carta el pueblo chino de 2007. “De hecho, la Iglesia existe para testimoniar a Jesucristo y el Amor perdonante y salvífico del Padre”, se lee en la nota con que la Santa Sede ha comunicado el acontecimiento.
No puede tampoco pasar inobservado el hecho de que haya ocurrido en el pontificado del Papa Francisco, que ha expresado varias veces su aprecio por la China: un gran país, una gran cultura, con una inagotable sabiduría, sin esconder el deseo de visitarla: “Las puertas del corazón están abiertas”. Y el Santo Padre lo ha confirmado en el mensaje que hace algunos días ha enviado a los católicos chinos y a la Iglesia universal, reiterando que el enfoque es “sostener y promover el anuncio del Evangelio”.

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