Publicidad

¿Ha sido útil la reunión presinodal?

Publicidad
 

El autor, mexicano, participante en la reunión presinodal de jóvenes en Roma, valora la reunión y refleja el impulso recibido.

Texto – Roberto Vera, participante en la asamblea presinodal de jóvenes

Han pasado solo unas pocas semanas desde que concluyó en Roma el presínodo de los jóvenes, en el que tuve la fortuna de participar representando a los estudiantes de las Universidades Pontificias. El fruto más visible de esos intensos días, en los que poco más de trescientos jóvenes de todo el mundo estuvimos dialogando y trabajando, es el llamado “Documento final de la reunión presinodal”. En las quince páginas de ese texto se exponen los puntos más sobresalientes de las conversaciones que mantuvimos en Roma entre el 19 y el 24 de marzo, y a quienes contribuimos en la redacción nos hace ilusión que se convierta en una de las bases fundamentales para el trabajo de los obispos durante la asamblea convocada para el próximo mes de octubre.

Pero estoy convencido de que el documento final es solo una pequeña parte de los frutos del presínodo. Muchos de los jóvenes que coincidimos en Roma seguimos en contacto, principalmente a través de WhatsApp, y así nos hemos enterado de otras consecuencias positivas de nuestro trabajo alrededor del mundo. Varios de los participantes, por ejemplo, han compartido con los obispos de sus diócesis lo que hablamos y vivimos en la reunión presinodal y esto ha llevado a los pastores a plantearse acciones concretas para atender mejor a la gente joven de sus iglesias locales. Otros jóvenes han tenido la oportunidad de dirigirse a comisiones de pastoral, constituidas a distintos niveles, y, tras sus intervenciones, se ha tomado la decisión de estudiar modos de hacer a los jóvenes protagonistas de la acción pastoral y maneras de reducir la distancia entre la jerarquía local y la gente joven. En varios países se están organizando además sesiones con jóvenes para informar sobre el presínodo y actividades similares a la reunión en la que participamos.

No cabe duda de que otros frutos de los días en Roma están madurando dentro de cada uno de los asistentes. El tiempo que ha transcurrido desde el Domingo de Ramos, cuando se puso en manos del Papa Francisco el documento final, no ha hecho sino confirmar una intuición que tuve durante el desarrollo del presínodo: he vivido una experiencia que me ha marcado para siempre. Sin duda lo que me ha impresionado más profundamente ha sido poder hablar con jóvenes de distintos países y, de este modo, conocer las realidades que los llenan de ilusión y las que les causan preocupación, las historias de sus vocaciones, su compromiso con la Iglesia, sus deseos de cambiar el mundo… Muchas de estas conversaciones me han enriquecido y han cambiado mi visión de la realidad. Tuve ocasión de tratar con personas que participaban en la reunión representando a sus Iglesias locales, a los seminaristas de sus países, a sus familias religiosas, comunidades, movimientos o asociaciones; también había gente dedicada a la formación y expertos en áreas diversas (pastoral juvenil, pedagogía, psicología, sociología, etcétera). Pude hablar con jóvenes no católicos, no cristianos y no creyentes: aprendí de cada uno y agradecí sinceramente su participación en la reunión.

El encuentro con el Papa Francisco, con el que inició el presínodo, fue uno de los momentos más especiales. Su cercanía y su sencillez nos impresionaron mucho. El Santo Padre nos animó a escuchar a los demás y a hablar con valentía, sin miedo a molestar o a equivocarnos. Y eso fue precisamente lo que intentamos hacer los participantes durante los momentos de trabajo por grupos lingüísticos.

Como mexicano, me tocó formar parte de uno de los cuatro grupos de lengua española: éramos dieciocho personas de catorce países diferentes y con experiencias de vida diversas: algunos trabajaban en la pastoral diocesana, otros estaban implicados en las vidas de sus parroquias y otros representaban a movimientos o a seminaristas o a religiosos. En los amplios espacios de diálogo que tuvimos, todos participamos e intercambiamos modos de ver las cosas, problemas, dificultades, experiencias y propuestas. Pienso que todos nos enriquecimos enormemente. Además, de modo natural, ha surgido una gran amistad entre nosotros.

Una de las ideas que considero que compartimos todos los participantes en el presínodo -recogida en el documento final- consiste en la importancia de este tipo de reuniones para la vida de la Iglesia: esperamos que pueda haber muchas experiencias similares a varios niveles (universal, nacional y local) encaminadas a escuchar la voz de los destinatarios de acciones pastorales, favoreciendo el diálogo entre ellos.

Publicidad