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ForoPalabra Despoblación: en marcha la integración de las parroquias rurales

Los ponentes, junto a Mons. Yanguas, obispo de cuenca, Alfonso Riobó y Santiago Portas.
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Algunos obispos, como el titular de Osma-Soria, Mons. Abilio Martínez Varea, maduran nuevas fórmulas de atención pastoral como integrar parroquias rurales dispersas en una sola comunidad parroquial más misionera. Así lo explicó en el ForoPalabra organizado por la revista Palabra.

—Texto Rafael Miner

En España existen 8.131 municipios, según datos oficiales, y 23.021 parroquias, según la memoria oficial de la Conferencia Episcopal. Desde hace años, algunos expertos han lanzado la idea de fusionar ayuntamientos, con escaso éxito. Pero los problemas de la España vaciada, en gran parte debidos a la escasa natalidad, y a la emigración de los jóvenes a las ciudades, no se quedan en el ámbito civil y económico. 

En la atención pastoral, la Iglesia no abandona a las pequeñas comunidades rurales, pero como explicó en Palabra el mes pasado Juan Carlos Mateos, director del secretariado de la Comisión del Clero de la Conferencia Episcopal, los sacerdotes son hoy menos numerosos y tienen más años que en otras épocas, y sus parroquias se quedan en no pocas ocasiones con escasos fieles. El esfuerzo que deben realizar algunos sacerdotes, normalmente más jóvenes, para atender a los parroquianos es enorme y supera a veces sus fuerzas, en especial en comunidades autónomas como las dos Castillas, provincias de Galicia, Asturias, territorios de Aragón, Extremadura, zonas de Andalucía, etcétera. Y esto por no hablar de lo que Mateos llamaba “La increencia y la secularización, que tampoco son un fenómeno ajeno a la España rural”.

Una respuesta pastoral

En este contexto de “respuesta pastoral” al fenómeno de la despoblación, de creatividad y de modernización, surgió el ForoPalabra dedicado a esta cuestión, en el que el obispo de Osma-Soria, Mons. Abilio Martínez Varea, formuló la propuesta de “madurar la posibilidad de considerar como una sola comunidad parroquial el conjunto de parroquias confiadas al cuidado pastoral de un sacerdote y de obrar en consecuencia en términos pastorales. Nuestra actual organización pastoral, con muchas pequeñas parroquias diseminadas en un territorio muy extenso, exige un profundo replanteamiento. Se impone, por tanto, una serena reflexión a todos los niveles en la diócesis”.

El ForoPalabra tuvo lugar en Madrid con la presencia del ingeniero Alejandro Macarrón, consultor y director de Renacimiento Demográfico, que introdujo el tema y actuó como moderador; del obispo de Cuenca, Mons. José María Yangüas; de vicarios de otras diócesis afectadas, como la de Coria-Cáceres; de párrocos castellanos que atienden hasta 40 parroquias; así como del párroco de Villahoz (Burgos), José Luis Pascual, donde tuvo lugar en verano al I Congreso Europeo de Repoblación Rural, y de sacerdotes y laicos, que fueron recibidos por el director de Palabra, Alfonso Riobó y el director general de Instituciones Religiosas del Banco Sabadell, Santiago Portas, en cuya sede se celebró el coloquio.

La reflexión del obispo de Osma-Soria intenta “dar cauce a la propuesta papal recogida en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, número 28”, que suele considerarse como documento programático. En ella, el Papa Francisco señala que “la parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad. […] Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión”.

Poco antes, Mons. Martínez Varea reconocía, con palabras del Papa, que hay que salir al paso del “siempre se ha hecho así”, y recogía estas palabras suyas del punto 33 de la misma exhortación: “La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del ‘siempre se ha hecho así’. Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades. Una postulación de los fines sin una adecuada búsqueda comunitaria de los medios para alcanzarlos está condenada a convertirse en mera fantasía”.

Cambio de época, y de capacidades

Consciente del reto, el obispo soriano, ponente del Foro, quiso introducir su reflexión sobre las parroquias: “Vivimos un verdadero cambio de época, ante el cual nos encontramos desconcertados: la vida cristiana con el lenguaje que la expresa parece haberse hecho incomprensible e incluso extraña para muchos, también para los que se dicen creyentes y tienen cierta vida eclesial. El Evangelio, nuestra ‘gramática’ para interpretar la vida, parece de hecho no influir en el sentir y actuar cotidiano del hombre de nuestro tiempo. El resultado es el constante abandono de la vida eclesial, comenzando por la liturgia, de jóvenes y adultos; en nuestras iglesias vemos fundamentalmente ancianos…”.

A continuación, se centraba en las parroquias y sus dificultades para ser eficaces: “En efecto, hasta hace pocos años las parroquias eran capaces de llevar a cabo la misión de hacer visible la Iglesia como signo eficaz del anuncio del Evangelio para la vida de los hombres. Gracias a ellas cada uno podía encontrar en la propia parroquia la ayuda necesaria para recibir la fe y el bautismo, para madurar en la vida cristiana y para testimoniarla en el mundo. Ahora bien, desde hace algunos años, muchas parroquias no cuentan ya con las suficientes personas y recursos para llevar a cabo de modo eficaz estas acciones, por lo que se debe reconocer que ya no tienen la capacidad de desarrollar su misión”.

En consecuencia, la reflexión de Mons. Martinez Varea, que ha ido explicitando en el Consejo diocesano de Pastoral de su diócesis, con el título “El rostro misionero de la Iglesia de Osma-Soria”, señala: “La experiencia de estos últimos años aconseja una revisión, habida cuenta tanto de la despoblación sufrida en casi todas las zonas de la Diócesis y de las dificultades reales que plantea a la atención pastoral de los fieles la dispersión de la población en una geografía tan extensa, como de la dificultad objetiva que esta despoblación supone para la permanencia de algunos núcleos parroquiales. A este problema se une, por otra parte, la elevada edad media del clero diocesano, y la preocupante crisis de vocaciones al sacerdocio que, tristemente, impide el necesario relevo generacional”.

A su juicio, la situación no puede llevar a “un estéril lamento; toda crisis interpela y llama a centrarse en lo esencial. Dicho de otro modo, frente a esta realidad se impone una pregunta: ¿de qué modo nuestra Diócesis de Osma-Soria puede continuar llevando a cabo en su territorio la misión recibida de Cristo supliendo la debilidad de la parroquia entendida de modo tradicional? El cambio cultural, social y religioso pide ensanchar la mirada”.

Honda renovación

El objetivo es, por tanto, según Mons. Martínez Varea, una transformación con el horizonte de la misión. “En efecto, la parroquia, si quiere ser trasformada en su raíz, ha de volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio. En el seno de la Iglesia, toda renovación debe tender a la misión como objetivo, para no caer en una especie de introversión eclesial. Ante la situación que tenemos delante, no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos”.

“Hasta hace algunos años” —prosiguió el obispo profundizando en el ser de la parroquia—, “la parroquia se identificaba con una porción de fieles con su párroco, la mayor parte de las veces residente. Hoy ya no se puede sostener aquello de ‘un cura, una parroquia’. El problema no es sólo la falta de sacerdotes, sino que asistimos a un tiempo nuevo en el que la clave está en la unidad y la comunión (sacerdotes, laicos, vida consagrada). En nuestra Diócesis, excepto pocos casos, existe identidad entre núcleo poblacional y parroquia, pero la verdad es que desde hace ya muchos años la mayor parte de nuestras parroquias no son capaces de encarnar y proyectar los elementos básicos que configuran toda parroquia: ser comunidad de comunidades, centro constante de envío misionero, ámbito de comunión y participación, instancia de formación de agentes de evangelización…”.

Crisis demográfica

Antes de continuar con la reflexión del obispo, quizá convenga incidir un poco en los datos demográficos que acaba de citar sobre “despoblación”.

“Estamos pasando de ser un país en el que un abuelo cuidaba a cuatro nietos, a otro en el que los cuatro abuelos vigilan a un único nieto”, recordó el ingeniero Macarrón con palabras de Tomás Burgos, ex-Secretario de Estado de la Seguridad Social. El envejecimiento medio de los españoles, muy preocupante por su magnitud y ritmo de crecimiento, a juicio del directivo, alcanza cotas muy elevadas en gran parte de España, y la edad promedio sigue creciendo a un ritmo aproximado de más de dos años por década. Por comunidades autónomas, Castilla y León es la región con más porcentaje de mayores de 80 años, no ya de España, sino de toda Europa, de un total de más de 200 regiones (NUTS 2, en la terminología de Eurostat). Asturias es la tercera, y Galicia es la quinta. Por provincias o equivalentes (las regiones NUTS 3, en la terminología de Eurostat) con al menos 100.000 habitantes, que son más de 1.500 en total en Europa, Orense es las que cuenta con mayor porcentaje de personas con 65 años o más, y Zamora es la segunda. Lugo es la décima. 

Comparativa entre Soria y Jaén

“La mayor causa de despoblación en las provincias rurales en los últimos 40 años ha sido y sigue siendo la insuficiente natalidad. Los casos de Soria y Jaén son muy ilustrativos”, dijo Alejandro Macarrón. “Jaén, con mucha más emigración neta que Soria desde 1975, ha perdido muchos menos habitantes, y su población está bastante menos envejecida. Esto se debe a que su tasa media de fecundidad ha sido mucho mayor que la soriana en las décadas pasadas (ya no)”.

Se ofrecen sólo un par de datos de los que dio el ingeniero, basados en el Instituto Nacional de Estadística. El número de hijos por mujer en España en Jaén en 1975 fue de 2,71; en Soria, 1,84, y la media española, 2,77. En 2018, los tres datos están igualados: Jaén, 1,27; Soria, 1,27, y media española, 1,25 hijos por mujer. Entre otros argumentos, el consultor señaló que “la estructuración y estabilidad familiar tiene una relación clarísima con la fecundidad, y cualquier plan serio de natalidad debe tener muy en cuenta este aspecto”. 

La comunidad parroquial, según el obispo

La pregunta que se hizo a continuación el obispo de Osma-Soria, Mons. Abilio Martínez Varea, tiene que ver con las características de esa comunidad parroquial resultante del proceso, que siempre “tendría una lógica de integración, y no de mera agregación”, y en la que se pondría “un acento mucho mayor en las personas que en las cosas”. Es decir, aclara el obispo, “se trata de poner en el centro de la vida de la parroquia a los fieles. De este modo se podrá ir superando la equivocada idea de que una parroquia está privada de sacerdote sólo porque no vive en la casa parroquial, al tiempo que se libera al sacerdote de la necesidad de multiplicar celebraciones e iniciativas diversas según el número de parroquias (canónicas) confiadas. No se trata de una cuestión meramente nominalista ni siquiera de la necesidad de plantear otra estructura por la falta de clero, sino de la necesidad de asegurar en cada comunidad un ambiente rico de vida cristiana con todos sus componentes”.

El perfil de esta comunidad parroquial sería el siguiente: “Puesto que las parroquias jurídicamente no desaparecerían como tales, de ahora en adelante se propone hablar de comunidades parroquiales para indicar un conjunto de parroquias bajo el cuidado de un mismo sacerdote. Los elementos que componen la comunidad parroquial son los mismos: un cierto número de fieles y un presbítero que preside la comunidad en nombre del Obispo. Lo que cambia, entre otras cosas, es la extensión, que comprende cada vez más núcleos. 

La comunidad parroquial, entendida como un grupo de cristianos y su presbítero en un territorio más vasto que en el pasado, necesita, según el obispo soriano, “hacer un esfuerzo para autocomprenderse como ‘una’, y así organizar lo necesario para una verdadera experiencia de fe en esa realidad. En definitiva, la reforma de la organización parroquial debe seguir una lógica de integración y no de mera agregación, es decir, más que suprimir parroquias cercanas fusionándolas en una más grande se pretende poner las parroquias “en red” para propiciar una pastoral de conjunto. Esto no significa el empobrecimiento o abandono de los pequeños núcleos, sino lo contrario. El sentido fuerte de comunidad parroquial única será la ocasión para compartir mejor los recursos suscitando los ministerios laicales necesarios para los diversos ámbitos de la vida común (animadores litúrgicos, de la caridad, responsables de la administración…), así como un Consejo pastoral único. En efecto, en esta nueva comprensión del servicio parroquial es imprescindible la implicación de los laicos”.

La reflexión incidió también en algunos comentarios similares a los que realizó Alejandro Macarrón: “En esta tarea de ir pensando en cómo seremos capaces de pastorear la Diócesis en el futuro inmediato, se tendrá presente el elemento social de nuestra provincia, la distribución de la población, los centros más poblados y algo muy importante: no se puede proceder a esta reorganización a partir de la situación presente sino poniéndonos en cómo será dentro de cinco o diez años donde presumiblemente habrá un número muy reducido de fieles y de sacerdotes”.

En cuanto a la extensión y configuración, habrá comunidades parroquiales de diverso tipo: centros grandes, socialmente significativos, con pequeños núcleos que gravitan en torno a ellos; grupos de núcleos parecidos en cuanto a su espesor social entre los que será preciso individuar un centro; o comunidades parroquiales de la ciudad de Soria.

No faltó la llamada a “superar algunos obstáculos como el miedo de los pequeños núcleos a ser absorbidos por los grandes, el síndrome de autosuficiencia de estos últimos, la cultura individualista de nuestro tiempo que modifica la identidad cristiana vaciándola del sentido de pertenencia eclesial, el ‘parroquialismo’, etc. Y es que, en este nuevo camino de colaboración y corresponsabilidad, la comunión entre sacerdotes, religiosos y laicos y su disponibilidad a trabajar juntos constituyen la premisa necesaria de un modo nuevo de hacer pastoral”.

En su conclusión, Mons. Martínez Varea subrayó el enfoque misionero: “En Evangelii gaudium el Papa quiere que todas las estructuras en la Iglesia se vuelvan más misioneras. La reforma de la parroquia es la primera concreción que el Papa hace al tratar de la renovación de las estructuras. Eso ya indica que él piensa también en la parroquia como la manifestación de Iglesia más cercana a los fieles. Y sugiere que, si el pastor y la comunidad se ponen afectiva y efectivamente en clave misionera, la renovación de la parroquia será un hecho”. n

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