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El exceso alcohólico institucionalizado, problema social

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El consumo de alcohol por menores es una situación de grave riesgo que ha de ser afrontada por el conjunto social, porque es un problema de todos, en el que todos participamos, y en toda su extensión.

—texto Ignacio Calderón

Fundación de Ayuda contra la Drogadicción

Ante la persistencia del consumo de alcohol por parte de los adolescentes, caracterizado por episodios de ingesta desmesurada que suponen un grave riesgo y que han dado lugar a casos de desenlace dramático, la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción quiere hacer públicas algunas reflexiones en las que apela a la responsabilidad de todos.

El consumo de alcohol, que tiene una indudable presencia en nuestra cultura y que se integra íntimamente con nuestra forma de relacionarnos, de interactuar y de construir nuestro espacio común, es también el origen de múltiples problemas individuales y colectivos. Estos problemas son más numerosos y graves que los originados por el uso de productos psicoactivos y no pueden ser minimizados, y menos negados, en base a esa presencia cultural que se señala.

Un aspecto especialmente problemático de esta convivencia con el alcohol es el consumo por parte de los adolescentes; por la notable gravedad que la intoxicación alcohólica supone para organismos en desarrollo, por la dificultad que para manejar riesgos se da en esa etapa evolutiva, y por la importancia que para el futuro, individual y social, de una persona puede tener la consolidación de unos hábitos que van a mermar su autonomía y su seguridad.

Esta situación de grave riesgo tiene que ser enfrentada por el conjunto social porque es un problema de todos y en el que todos participamos. Los adolescentes no son sujetos que funcionen al margen del contexto común; no son personas aisladas de la norma social, ajenas a los valores colectivos. Una comunicación exclusivamente vertical y unidireccional, sea con prohibiciones, admoniciones o reflexiones, está llamada al fracaso. Los adolescentes no pueden ser tratados como segregados del cuerpo social.

Medidas necesarias, pero insuficientes

Las conductas desajustadas de los adolescentes no responden necesariamente a patologías personales ni mucho menos del colectivo; tampoco son sólo producto de los vaivenes emocionales de esa fase vital. De forma más compleja, se correlacionan con los hábitos de los adultos, con los valores sociales dominantes, con las imágenes identitarias, con la dimensión ideológica y emocional del contexto social, con el espacio y el papel que la sociedad adulta otorga a esos chicos y chicas.

Por esas razones, en el intento de anticiparse a los problemas, las medidas normativas y de control (fiscalizaciones, inspecciones, prohibiciones, sanciones…) son necesarias pero insuficientes. Son necesarias porque una sociedad compleja precisa de normas coercitivas que contribuyan a la protección del bien común y de los colectivos más vulnerables; y porque, además, tienen una dimensión educativa y ejemplarizante. Son insuficientes porque, por sí mismas, no dan cuenta ni intervienen en toda la dimensión subrayada anteriormente.

El problema que nos ocupa hay que abordarlo en toda su extensión. No es aceptable el exceso alcohólico institucionalizado; la negación de las necesidades de comunicación e interacción, de búsqueda de un espacio propio de los adolescentes; la despreocupación por los valores que se transmiten, que se enseñan, que se ejemplifican.

Ayudar a las familias

De ahí que apelemos al cumplimiento de las normas, a una vigilancia protectora, a que las administraciones públicas cumplan su función.

También pedimos que en las familias se tutele y se enseñe autonomía y responsabilidad, libertad y compromiso; que en las escuelas se eduque; que en los medios de comunicación no se cultive la ambigüedad, la moralina simplificadora o el doble mensaje; que en la sociedad no se institucionalice el exceso alcohólico festivo de los adultos a la par que se estigmatiza el de los adolescentes.

La FAD se compromete a esta tarea: tratando de desvelar la complejidad de las razones para poder abordar mejor los riesgos; tratando de ayudar a las familias a cumplir mejor su tarea con sus hijos; tratando de mejorar los recursos educativos de los docentes; tratando de apoyar el desarrollo de una sociedad y una ciudadanía más libre, más comprometida y solidaria; tratando de contribuir a la movilización de voluntades en un proyecto común.

Esa es nuestra responsabilidad y nuestra apelación a la responsabilidad de otros. También depende de ti.

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