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En las redes sociales, normalidad evangelizadora

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TEXTO – Hugo Aníbal Dávila, El Salvador

A nadie le hace mucha gracia saber que alimenta una gran base de datos al usar su smartphone. Menos gracia aún saber que las notificaciones de las redes sociales, los anuncios y el material que le sugieren está milimétricamente calculado por un algoritmo de inteligencia artificial. No vemos lo que los otros ven, vemos lo que la inteligencia artificial quiere que veamos. Esto y otras cosas más son las que explica el reciente documental de Netflix “El dilema de las redes sociales. Para algunos, esto es alarmante; pero, en cambio, pienso que es muy sugerente para quienes queremos evangelizar a través de las redes sociales.

La evangelización en las redes

Cuando se habla de evangelización en las redes, usualmente lo primero que pensamos es en dar más espacio a contenidos católicos. Contenidos que para nosotros, como católicos, tienen un sentido, pero que, sin darnos cuenta, para la mayoría de personas no son más que un post de temática religiosa. Descubrir esto desconcierta.

Saturar las redes sociales de imágenes, memes, frases, evangelio del día, etc. resulta que no ayuda mucho a la evangelización. Según explica el documental “El dilema de las redes sociales”, los algoritmos detrás de las redes sociales tienden a unir a los que comparten un mismo interés. Si a una persona le gustan las cuestiones de tipo religioso y sube y comparte este tipo de contenido, el algoritmo comienza a sugerir amistades, páginas, videos, etc. de la misma temática. De manera que a más contenido religioso publicado, el algoritmo cada vez circunscribe al usuario a un círculo de personas similares, cerrándolo, sin darse cuenta, a la realidad que necesita ser evangelizada. Los católicos pasan a ser una tribu gregaria más, de las muchas en las que se va dividiendo a la sociedad. Entonces, ¿cómo crecerá la Iglesia?

Evangelizar por el estilo de vida

La Iglesia crece por atracción. Pero, ¿a quién atrae un cristiano que es cada vez menos visible para los demás? Pienso que necesitamos convertirnos en una generación con una normalidad evangelizadora. Si Google y Facebook no se creen que somos gente normal con un estilo de vida atractivo que ofrecer, nos quedaremos sin nadie a quién evangelizar.

Necesitamos personas que evangelicen por su estilo de vida en las redes sociales, tanto por lo que suben, como por lo que consumen. Personas alegres, agradables de ver, y que viven un estilo de vida coherente con sus principios.

Que el mensaje llegue a todos

Benedicto XVI hablaba allá por el 2013 de este tema: “la cultura de las redes sociales y los cambios en las formas y los estilos de la comunicación suponen todo un desafío para quienes desean hablar de verdad y de valores”. (Redes Sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización, 12.5.2013) No se trata sólo de estar al día con el paso con los tiempos, sino de permitir que el mensaje de Cristo llegue a todos los corazones.

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Cuando los expertos en imagen personal asesoran a alguien, una de las primeras cosas que le recomiendan es quitar de las redes sociales todo lo que no comunica la marca (el estilo personal) y no postear nada que no esté relacionado con ella. Luego vienen una serie de recomendaciones más, entre las que destacan los protocolos o políticas de comunicación. Es decir, de qué hablo, cómo lo digo, y que consumo de Internet. Todos los cristianos que quieran evangelizar a través de las redes deberían tener claro esto. Evangelizo con mi imagen.

Ya no se trata solamente de “usar” instrumentos de comunicación, sino de vivir en una cultura ampliamente digitalizada, que afecta de modo muy profundo la noción de tiempo y de espacio, la percepción de uno mismo, de los demás y del mundo, el modo de comunicar, de aprender, de informarse, de entrar en relación con los demás. Una manera de acercarse a la realidad que suele privilegiar la imagen respecto a la escucha” (Cristus vivit, n. 86)

Una imagen genuina

Esto nos pone ante un gran tema: cómo forjo la imagen de creyente; cómo hago para no tener que “hacer como si soy cristiano” sino transmitir una imagen genuina. La respuesta es más sencilla de lo que parece: sacramentos y vida de oración. Esto  marca un estilo, un modo de ser. Me hace una persona solidaria, amable con los demás, emprendedora por el bien del prójimo, de la sociedad, dispuesto al diálogo y la escucha; y a su vez, esa coherencia se traslada a la imagen que se transmite en las redes sociales y lo que se consume en ellas.

Una persona con ideales, pasatiempos nobles, amistades limpias, relaciones sanas, necesariamente consumirá un tipo de contenidos y producirá otro tanto en esa dirección. Entonces, los algoritmos de las redes sociales nos pondrán en contacto con otro tipo de personas, con gente sedienta de Dios. Nos llevarán a los lugares comunes donde se promueven valores universales (vida, familia, persona, etc.), que la Iglesia ha promovido desde siempre. No nos sacarán del mundo, sino que nos colocarán en el mundo digital con una imagen muy concreta: un apóstol que vive y hace atractivo el mensaje cristiano: una normalidad evangelizadora.

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