Publicidad

Estuve preso y vinisteis a verme

Publicidad
 

El acompañamiento a las personas privadas de libertad es uno de los pilares fundamentales de la pastoral. Con el tiempo, este acompañamiento se ha ido perfeccionando y materializando en otras acciones como los talleres y las casas de acogida.

-Texto Alicia Gómez-Monedero

“Atendemos todo tipo de situaciones sin importar lo que haya hecho la persona”, afirma Mariola Ballester Siruela, directora de la Pastoral Penitenciaria de la diócesis de Orihuela-Alicante. Mariola lleva 24 años formando parte de la pastoral y este es su cuarto curso al frente de ella. Ballester cuenta a Palabra que una vez que entra por la puerta de la prisión “lo que tengo delante son personas y no delincuentes, porque si los viese así, estaríamos etiquetando y eso no es justo”.
La labor de la Pastoral Penitenciaria en España “es la acción de la Iglesia en el mundo de la cárcel que se divide en tres áreas: religiosa, social y jurídica”, explica el padre Florencio Roselló, mercedario y Director del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la CEE: “La religiosa como presencia de la Iglesia; la social porque hay muchas realidades que afectan a la persona que está en la cárcel: familia, trabajo, alimentación…; y la jurídica que orienta y ayuda a los presos en sus procesos judiciales, y trabaja porque las leyes sean cada vez más justas y más humanas”, explica el director.
     “Trabajamos también en prevención, yendo a institutos y colegios para contar experiencias con personas que han salido de prisión como manera de sensibilizar a los jóvenes con esta realidad”, continúa Roselló.

 Voluntariado y talleres
El voluntariado es la base sobre la que se sustenta esta labor, ya que se nutre de personas que ofrecen su tiempo de manera altruista para dedicarse a los tallares en la cárcel. Roselló explica que “dentro se trabaja el área religiosa con talleres de catequesis, formación, Biblia… y en el área social con programas de resolución de conflictos, valores, autoestima, etc. Pero el fin no es el tema que se trata, sino que el taller es el medio para llegar a la persona”, cuenta el padre Florencio.
También se realizan talleres de lectura o cine-fórum en los que los internos se reúnen en la hora y el día establecidos, ven una película y luego la comentan con el voluntario encargado. “Estos talleres propician otro tipo de relación y, en muchos casos, los internos se abren de manera distinta porque saben que están hablando con gente de la calle, no es lo mismo que con sus compañeros en el patio o con los funcionarios”, explica Mariola, que es responsable, junto con otro voluntario, de un taller de mediación. “Son espacios de acercamiento, es una relación más libre porque saben que allí no hay nadie que les juzgue”, continúa.
Cada dos años, las pastorales de cada diócesis realizan un programa en el que establece los talleres que se van a llevar a cabo. Éstos se presentan en los centros penitenciarios, dirigidos por la Junta de Tratamiento y es el subdirector/a de tratamiento, una vez aprobados por la Junta, quien los manda a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior en Madrid donde se aprueban para llevarse a cabo.
El ofrecimiento a las personas internas en las distintas prisiones distribuidas por España se hace tanto a través de los trabajadores sociales de la cárcel, “con los que tenemos una colaboración estrecha”, como por anuncios en los distintos módulos de la prisión.

 Acompañamiento
“La presencia más constante es la del capellán”, dice el padre Florencio. “Visita los distintos módulos y hay quien se acerca para hablar, otros para confesar y otros no se acercan pero la presencia del sacerdote está ahí, se hace presente el acompañamiento”. También, gracias a este acercamiento, se ofrecen a los internos la participación en los distintos talleres.
“Estar en la cárcel conlleva la privación de libertad pero no de vivir el credo de su fe”, explica Roselló, “y la Pastoral penitenciaria hace presente en prisión a la Iglesia y el mensaje libertador de Jesús. Visitar la prisión, es visitar al mismo Cristo que está preso”.

 Casas de acogida
Otra preocupación de la Pastoral Penitenciaria es la situación de los presos que salen de la cárcel, ya sea por permisos o por tercer grado, cuando el interno pasa a cumplir condena en un centro de régimen abierto, en semilibertad. Para ello tienen preparadas casas de acogida en cada diócesis. “En muchas ocasiones, cuando la familia del preso está lejos o los vínculos familiares están deteriorados, durante el permiso no tiene donde ir. Para ello están habilitadas las casas de acogida”, explica Mariola. En la diócesis de Orihuela-Alicante cuentan con dos de ellas, una para hombres, de la Fundación Obra Mercedaria (de los Mercedarios de la provincia de Aragón), y otra para mujeres, cedida por las Hijas de la Caridad.
Estas casas, en el caso de la diócesis de Orihuela-Alicante, se sustentan gracias a los donativos. Por ello, cada Navidad la diócesis pone en marcha una campaña para recaudar fondos y seguir manteniéndolas abiertas. Lo recaudado se utiliza también para becar a las familias de los presos en cuanto a alimentación, comedor escolar, libros, medicamentos y otras necesidades urgentes, para facilitar la comunicación telefónica con la familia y que éstas puedan visitar a los presos en la cárcel y para ayudar a que la inserción laboral les ayude a construir su vida desde los valores del trabajo, el esfuerzo y la responsabilidad social.

Respuestas
En algunos casos, la pastoral tiene el papel de ayudar a valorar si la cárcel es el lugar para ciertas personas con situaciones muy complicadas. Fue el caso de Ana (nombre ficticio). Extranjera, joven, universitaria, pintora y cristiana, tuvo que huir de su país por persecución. Su familia pagó a una mafia para conseguir pasaportes falsos que le permitieran salir del país. Precisamente por esto fue detenida al llegar a España y, mal aconsejada por la mafia, no pidió asilo al llegar a nuestro país. Tras intentar salir de nuestras fronteras varias veces, fue detenida de nuevo y enviada a la prisión de Fontcalent. Desde allí avisaron a Mariola para que fuese a visitarla.
Ana casi no hablaba español y les costó trabajo entenderse. El centro penitenciario pidió a la Delegación de Pastoral que firmase su acogida en la casa de mujeres y Ana pasó a ser clasificada en tercer grado. Abandonó el módulo de la prisión y pasó al centro de inserción social. La prisión pidió su asilo político, y le fue concedido. Ana pasa los fines de semana en la casa de acogida de la diócesis de Orihuela-Alicante, podrá estudiar español y buscar un trabajo.
El trabajo de la Pastoral Penitenciaria en toda España es “enormemente bueno y creo que sí que estamos dando respuesta a muchas situaciones que de otra manera serían mucho más dolorosas para las personas y sus familias”, resume Mariola.

¿Por qué preocuparse?
“Porque queremos una sociedad que funcione mejor”, dice el padre Florencio. Sabemos que los internos en prisión están allí por sus delitos, pero no conocemos todo lo que les rodea y lo que les ha llevado a cometer esa falta, sea más o menos grave. “Es muy reveladora la pregunta del Papa Francisco cuando va a visitar una prisión: ¿Por qué ellos y no yo?, ¿acaso soy mejor que ellos? El Papa hace una reflexión, si él hubiese nacido en la familia de muchos que están en prisión, posiblemente él también estaría en la cárcel”, afirma el director de la Pastoral. “Como decía Concepción Arenal, penalista del siglo XIX, ‘odia el delito y compadece al delincuente’. Quien está en prisión es hijo del mismo Padre que yo, es mi hermano y  merece respeto y ayuda para salir de la situación en la que se encuentra”, asegura el padre Roselló.

Frutos
“Yo parto del sembrador”, dice el padre Florencio. “Los frutos muchas veces no los vemos porque cuando salen de prisión perdemos el contacto con ellos. Es lógico porque sería hacerles recordar una historia  que normalmente se quiere olvidar. Pero sí entendemos que lo que la Iglesia siembra luego da sorpresas agradables y positivas”.

 

Publicidad