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En servicio religioso permanente

Pablo Genovés durante una oración doméstica
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Hay profesiones cuya razón de ser es la disponibilidad y prestan servicios cuya eficacia reside precisamente en poder acudir a ellos en el momento en que se necesita. Hay farmacias de guardia, servicios mínimos de transporte, teléfono de emergencias… ¿Y quién se ocupa de las cosas del alma en momentos de necesidad? 

¿A quién acudir cuando te encuentras cerrada la iglesia y requieres de una palabra de consuelo, o notar la cercanía de Dios a través de los sacramentos de modo inaplazable? Desde hace casi dos años en Madrid existe un servicio así. Uno de sus voluntarios nos cuenta cómo trabajan.

Desde el inicio de su pontificado, con la Exhortación Evangelii Gaudium, Francisco nos llamó a todos a la conversión misionera: la Iglesia tiene que ser una madre de corazón “abierto”, “con las puertas abiertas en todas partes”. Esta llamada se concreta en iniciativas pastorales que hacen más visible al mundo su rostro maternal. Como la que puso en marcha la archidiócesis de Madrid el 15 de mayo de 2017 y que consiste en una red de sacerdotes que están disponibles para toda persona que necesite un presbítero entre las 10 de la noche y las 7 de la mañana. Se conoce como el Servicio de Asistencia Religiosa Católica Urgente (SARCU). Y está activo todos los días del año. En caso de catástrofes hay un servicio de activación urgente por el cual todos los sacerdotes que integran el Servicio, a través de un grupo de WhatsApp, quedarían para movilizados.

SARCU, dígame. ¿En qué puedo ayudarle?

Los sacerdotes de guardia están para ayudar casos urgentes y graves que requieran de la asistencia presbiteral: moribundos, situaciones de peligro vital físico o psicológico, grandes accidentes o catástrofes, violaciones de los derechos humanos que requieren una rápida actuación, etc. Y esto con apenas una llamada al 91 371 77 17, que responde un sacerdote al que se le ha de explicar la situación concreta que motiva la petición de auxilio y que tratará de canalizar la respuesta adecuada. 

En ocasiones se trata de casos que se pueden trasladar a algún hospital donde siempre hay capellanes de guardia. Otras veces requerirá una ayuda específica que el SARCU tratará de proporcionar. Afortunadamente, la ayuda no queda en una asistencia puntual, ya que, tras el servicio nocturno, el mismo sacerdote que haya atendido a la urgencia procura completar la ayuda en los días siguientes si fuera preciso. Por tanto, una de las características del SARCU es el saber acompañar, con la continuidad que requiera cada caso.

Esta iniciativa de la Vicaría de Pastoral Social e Innovación de Madrid, con el vicario, José Luis Segovia, al frente, no sería posible sin esas personas que, desde el comienzo han estado ahí. Desde el director, Bienvenido Nieto, al coordinador, Pablo Genovés, pasando cada uno de los voluntarios que hacen del SARCU una realidad que funciona. En el momento de la redacción de este artículo ya eran 57 sacerdotes. “¡Pero necesitamos más!”, reclama Nieto. Para apuntarse, es tan sencillo como mandar un correo electrónico a sarcu@archimadrid.es. El modo de trabajar incluye, en caso de hacerse una visita, la figura del acompañante: un seglar que acompaña al presbítero y que hace presente al necesitado que la Iglesia es mucho más que los sacerdotes. Somos todos.

Un servicio pastoral de evangelización

Uno de los presbíteros que asiste al Servicio es Fernando Bielza, que ya antes de ordenarse quiso participar en SARCU: “Desde hace años he sufrido con impotencia el panorama de las iglesias cerradas casi a cualquier hora del día o de la noche. Por eso, cuando, siendo todavía diácono, me enteré de la creación de este Servicio, inmediatamente sentí que el Señor me llamaba a ser la Iglesia abierta en aquellas horas en que casi todos duermen. Antes de mi ordenación, no hace todavía un año, me ofrecí para ofrecer alguna de mis noches como sacerdote para ser la presencia de Cristo en las horas más oscuras de la vida de muchas personas”, afirma.

Y en ello está: “Llevo ya cuatro guardias y sucede de todo. Por ejemplo, el último lunes que estuve disponible recibí 4 llamadas, más una unción a una moribunda. Otras veces, en cambio, el teléfono se mantiene en silencio toda la noche”, señala. En cualquier caso, las estadísticas dicen que hay llamadas en dos de cada tres días aproximadamente.

Fernando nos cuenta cómo es su jornada SARCU: “Empieza con un WhatsApp del coordinador del servicio a las 21.30h, que te recuerda que esa noche estás operativo. A partir de ahí haces tu vida normal, pero sabiendo que tienes que estar atento al teléfono durante casi 12 horas, porque en cualquier momento tienes que dejar a la gente con la que estés cenando, o incluso levantarte de la cama a la hora que sea para atender al que te lo pide. Algunos sacerdotes han acudido a celebrar bodas in articulo mortis. Yo, en mi caso, únicamente he tenido que salir un par de veces a administrar la santa unción o el viático a un moribundo. 

Pero la mayor parte de las llamadas que he atendido proceden de gente que se angustia en las horas profundas de la vigilia. Visto desde fuera, con frecuencia parecería que se trata, simplemente, de gente con un desequilibrio mental: un hombre al que le surgen dudas de fe inaplazables en mitad de la noche; una mujer que dice tener apariciones de la Virgen y no ser comprendida por sus sacerdotes; un joven que se da cuenta de que necesita confesarse con urgencia ante ‘el espanto nocturno’ (cfr. Sal 90, 5); una anciana que se siente sola y por no molestar a su familia a las 5 de la mañana te llama a ti… Pero, ¿de qué es signo ese desequilibrio nocturno de tantos hombres y mujeres, que de noche gritan a la presencia del Señor? Hoy, como siempre, el espíritu humano es asediado de noche por los asmodeos (cfr. Tob 3, 8) que rondan, ‘como león rugiente, buscando a quién devorar’ (1P 5, 8)”. 

Para Bielza, servir en el SARCU es, ante todo, “otra señal más de la gracia de Dios a los hombres. Es ser la puerta abierta del ‘hospital de campaña’ que quiere ser la Iglesia. Es ser el guardián del pueblo de Dios, que ‘no duerme ni descansa’ (Sal 120, 4). Una visita, si es cosa factible, para dar un abrazo a alguien que no has visto en tu vida y seguramente no volverás a ver; media hora de conversación al teléfono a las 3 de la mañana, sobre la belleza de la vida; quedarte a veces dormido cuando alguien te cuenta y te cuenta sus penas mientras en la ventana apunta la aurora; una hora consolando una tristeza…”.

Dar un abrazo, llevar la comunión o arreglar un matrimonio

Bienvenido Nieto, diácono permanente, es el director desde el comienzo del servicio. Destaca que, sobre todo, la función de los voluntarios del SARCU es la de la “escucha activa”, ya que mucha gente que llama por soledad. Haciendo balance de este tiempo, reconoce el Servicio de Atención Religiosa como algo “novedoso y extraordinariamente satisfactorio”. Y lo justifica: “Es llevar la luz de Cristo a esas personas que necesitan ánimo y cercanía que sólo el plano espiritual puede dar. Es la realización viva de la Iglesia en salida. Esa que tantas veces se hace presente en el dolor. Y precisamente por eso no podemos poner horarios de funcionarios”

Pablo Genovés, sacerdote también, es coordinador del SARCU, por decirlo de algún modo, quien lleva las cuestiones prácticas del Servicio. Organizando horarios, sustituciones y demás. También se ocupa de gestionar con el Ayuntamiento los permisos para circular por espacios de acceso restringido. Además, la experiencia de colaborar con otros servicios públicos de atención está siendo muy productiva: por ejemplo, para dar respuesta a la realidad del suicidio, el año pasado se organizó un curso de formación específica con voluntarios del SAMUR y algunos psicólogos.

En medio de situaciones dramáticas también hay espacio para la anécdota. “Tenemos llamadas de toda España e, incluso, de Sudamérica. ¡Incluso una llamada pidiendo un matrimonio por teléfono!”, afirma. También, una vez llamó una persona preocupada por una cuestión con su mascota: “El cura que le atendió fue uno que trabajaba con perros de rescate. Son como guiños de Dios”, afirma. n

Javier Peño, Madrid

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