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El primado de Brasil, ante la canonización de Dulce de los Pobres: “¡Es posible ser santos!”

Foto: a12.com
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El domingo 13 de octubre el Papa Francisco canonizará, junto al beato John  Henry Newman, a una mujer brasileña Maria Rita de Souza Lopes Pontes (1914-1992), conocida por su nombre religioso como hermana Dulce de los Pobres. También serán canonizadas Giuseppina Vannini, María Teresa Chiramel Mankidiyan y Margarita Bays. ¿Quién fue Irmặ Dulce?

–Texto Joao Carlos Nara Jr. Brasil

La primera brasileña en llegar a los altares en 1991 fue la Madre Paulina del Corazón Agonizante de Jesús. San Juan Juan Pablo II dijo entonces en la homilía una frase que se ha tornado memorable: “El Brasil precisa de santos, ¡de muchos santos!”. Desde entonces, numerosos hijos de la Terra da Santa Cruz, nombre original de Brasil, han sido beatificados y canonizados.

   Santa Paulina (1865-1942) era natural de Vígolo Vattaro, Trento, en Italia, pero su familia se hizo brasileña cuando ella tenía cerca de diez años de edad. En la ciudad de Nova Trento, Estado de Santa Catarina, donde hoy existe un grande y bello sanctuario en su homenaje, fundó la Congregación de las Irmãzinhas da Imaculada Conceição, demostrando paciencia, humildad y obediencia heroicas.

    Sin embargo, las primeras mujeres realmente nacidas en Brasil que fueron canonizadas son cinco mártires anónimas del grupo de 30 compañeros masacrados por indios tapuias y potiguares, asociados a los soldados holandeses calvinistas que se habían instalado en el Estado de Río Grande do Norte.

    La espantosa masacre de depuración de la población católica, que llevó a una muerte cruel a cerca de 150 personas, comenzó durante una Misa celebrada el 16 de julio de 1645 por el pároco de Cunhaú, Santo André de Soveral, y terminó tres meses después en Uruaçu, donde san Mateus Moreira exclamó, mientras le arrancaban el corazón por las costas: ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento!”.

   Entre los protomártires brasileños se cuentan el portugués san Ambrósio, el castellano san Antonio Vilela Cid y el navarro san Juan Lostau. En aquel tiempo, el Brasil era todavía una tierra de conquista y sus primeros habitantes, migrantes y naturales —indígenas, europeos y africanos—, todavía constituían apenas las semillas de la futura nación.

Amada y venerada en Brasil

Pero el domingo 13 de octubre, el Papa Francisco canonizará una mujer brasileña de de nuestros días, María Rita de Souza Lopes Pontes (1914-1992), conocida por su nombre religioso como hermana Dulce de los Pobres.

   Siempre más amada y venerada en Brasil, Irmã Dulce era natural de Salvador de Bahía, y el sufrimiento de los pobres le removió.Animada por su padre, se dedicó a los necesitados con heroica caridad apostólica, hasta que se hizo religiosa en 1934. Se inspiró en el pequeño camino de Santa Teresita y, con la gracia de Dios, realizó grandes obras, a pesar de su frágil salud: fundó colegios, bibliotecas, una extensa red de hospitales y centros de salud para los más pobres, dentre otras iniciativas.

   Con el fin de perpetuar su trabajo, creó en 1984 una associación pública de fieles de derecho diocesano, con estatutos aprobados por el arzobispo de Salvador: las Hijas de María Siervas de los Pobres. Llegó a ser presentada como candidata al Premio Nobel de la Paz en 1988. San Juan Pablo II le visitó en el hospital en octubre de 1991, pocos meses antes de su muerte, ocurrida el 13 de marzo de 1992, tránsito que causó gran comoción en el país. Según don Murilo Krieger, arzobispo de Salvador y primado de Brasil, su canonización, la tercera más rápida de la historia reciente de la Iglesia, “será una honra para Brasil y al mismo tiempo un compromiso. Dios nos está diciendo: ¡es posible ser santos!”.

   La vida de estos cristianos ejemplares —pacientes delante de la adversidad y celosos frente a las necesidades de los demás—, confirma la consigna de san Juan Pablo II: no solo el Brasil, sino la Iglesia y el mundo entero necesitan santos. La Iglesia nunca tendrá santos suficientes porque, aunque el Evangelio es lo mismo, los lugares y los tiempos siempre cambian. Nuevas situaciones y ambientes proponen nuevos desafíos y exigen creatividad en la vivencia del mensaje de Jesucristo.

   Así, el Espíritu Santo sucita en cada región y en cada época nuevos caminos para la santidad y da a los cristianos generosos las gracias necesarias para los recorrer. Dios quiere que todos los hombres se salven y por eso mismo es posible santificarse en todas las circunstancias de la vida. Los santos son, pues, ejemplos palpables y siempre actuales, cuya fuerza delante de Dios lleva al pueblo cristiano a confiárseles. devotamente en busqueda de ayuda, de intercesión. La eficacia de la vida de los santos los torna universales, así como una referencia para los cristianos de todos los lugares.    A través de la vida los santos, se sigue escuchando la llamada universal a la santidad, como proclamaba san Juan Pablo II en aquel no muy distante 18 de octubre de 1991: “Más una vez os digo: el Brasil necesita santos, ¡de muchos santos! La santidad es la prueba más clara, más convincente de la vitalidad de la Iglesia en todos los tiempos y en todos los lugares”.

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