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El “milagro” de la JMJ en Panamá

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La JMJ Panamá 2019 superó las expectativas, con más de 700.000 personas en la Misa de clausura. Y más importante, ha sido una síntesis de la catequesis del Papa Francisco, que conquistó los corazones de los panameños y de miles de jóvenes que acudieron a la llamada. El autor desgrana sus vivencias de esos días.

-TEXTO Claudio de Castro, Panamá
Escritor

Faltan 5 días para que inicie en Panamá la JMJ. Recuerdo vivamente el día que el Papa Francisco designó a “Panamá”. La pregunta de unos reporteros fue: “¿Está preparada Panamá?”. Recordé que Dios primero elige y después pone los medios: “Dios proveerá”, respondí, “Él siempre lo hace”.
Tendremos al Papa en suelo istmeño por 5 días. Estoy convencido que será una Jornada marcada por la esperanza. En medio de la oscuridad que viven tantos países en este momento histórico, Panamá será como un faro que los ilumine y les recuerde que no hay motivos para temer.
Disculpa, no me había presentado. Me llamo Claudio de Castro soy escritor católico y panameño. Mi familia en Panamá es hebrea.Tengo un primo que es rabino y me alegré muchísimo cuando me enteré qué el rabino Gustavo Kraselnik de la sinagoga Kol Shearit Israel, la congregación de mi familia, en Costa del Este, va a recibir 50 peregrinos de la JMJ. Un gesto inédito en Panamá.
Tengo 61 años y sí, es un evento para jóvenes. Pero igual quiero acompañarlos y aportar a la Jornada con mis pobres oraciones, y sobre todo con estas palabras. Decidí llevar un diario, del que ofrezco algunos retazos, y describir lo que ocurre a mi alrededor.

El significado de la JMJ
Pronto empezarán a llegar los peregrinos a las escuelas, las parroquias y los hogares de acogida. En la casa de la mamá de mi esposa van a recibir 12 peregrinos.
Pasé parte de la mañana en las redes sociales católicas revisando las actividades de los peregrinos que ya están diseminados por todo el país. Esta tarde una amiga escribió en su cuenta de Facebook: “Encontrarse con un peregrino alemán en un expreso Panamá-Colón y que esté visiblemente emocionado por la JMJ no tiene precio”. Hay una foto que me ha gustado mucho y está circulando. Son varios jóvenes arrodillados, con las banderas de sus países desplegadas sobre sus espaldas, uno junto al otro, adorando al Santísimo Sacramento, rezando con una paz imperturbable, dando gracias a Dios. Alguien escribió: “Esta foto resume el espíritu de la JMJ”.

Vivo a un par de cuadras de donde se darán grandes eventos, el Parque Recreativo Omar Torrijos, también llamado Parque de la Juventud. Todos los días cientos de panameños acuden a ese parque para hacer ejercicio, antes de ir a sus trabajos. Para mí, como escritor, posee otro gran atractivo y es que dentro de él se encuentran las instalaciones de la Biblioteca Nacional. Salí a caminar y comprobé los avances en la preparación para la JMJ. Encontré cientos de confesionarios, hechos en madera por privados de la libertad y diseminados sobre la hierba, como semillas por germinar, dejando entrever las “gracias” que se avecinan a nuestro país.

Hoy es sábado. Faltan 3 días para el inicio de la JMJ. Las calles están inusualmente vacías, pocos autos circulan. Cientos de panameños se desplazaron al interior del país, algunos están viajando a otros países y la mayoría se queda en Panamá; quieren participar de es- te evento único, irrepetible. Me siento privilegiado por llevar en mi diario esta crónica. He decidido enfocarme en los frutos espirituales, en la presencia de Dios, actuando, en medio de nosotros sus hijos. Justo al salir de la Iglesia Cristo Rey, mi esposa me advirtió: “Mira, Claudio, hay unos monjes franciscanos en la esquina”. Estaban colgando un letrero enorme en el campanario de la iglesia: “Adoración Eucarística”. La JMJ no es solo un despliegue de muchachos entusiasmados, conociendo nuestro folclore, los lugares turísticos, bailando, cantado. Han llegado para encontraste con Dios y ayudarnos a nosotros a encontrarlo también.

Los jóvenes en Panamá
Los peregrinos saben que van a pasar incomodidades, que ofrecen a Dios. Duermen en el piso en sacos de dormir. Hacen vigilias. Las comidas son frugales. Rezan, cantan o callan al caminar.
Delante de mí, en el Santuario Nacional del Corazón de María, estaba un grupo enorme de peregrinos de los Estados Unidos, acompañados de un sacerdote. Detrás otro grupo, de Polonia. El sacerdote en su homilía nos ha recordado que estos muchachos no lo tienen fácil. “Dejen que bailen y canten a Dios y ustedes los no tan jóvenes, a ver si se contagian de esta felicidad. Aprovechen esta maravillosa oportunidad”. Me hizo recordar el cartel que don Bosco solía colocar en sus oratorios: “Tristeza y melancolía, fuera de la casa mía”. Muchos hablan de la visita del Papa, el Vi- cario de Cristo. Mi esposa y yo hemos planificado dónde colocarnos para verlo. Tenemos el recorrido que hará por la ciudad y nos percatamos que pasará a un par de cuadras de donde vivimos. ¡Santo cielo!

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