Publicidad

Diálogo con los luteranos finlandeses: hacia la plena comunión

Publicidad  

El diálogo ecuménico de la Iglesia católica con la Iglesia Evangélica Luterana de Finlandia sigue avanzando. El tema crucial que se ha de estudiar con más profundidad con los luteranos es el ministerio sacramental. 

—Texto Raimo Gayarrola, Helsinki (Finlandia)

Hace tres años tuve la oportunidad de conversar personalmente con el Papa Francisco. Entre otras cosas me preguntó cómo iba el ecumenismo en Finlandia. Le contesté que muy bien, porque en Finlandia hay mucha gracia de Dios. Continué diciendo que Jesús está especialmente presente en Finlandia porque precisamente la última palabra que dijo el Señor antes de subir a los cielos fue “Finlandia”. Me sonrió con una expresión de sorpresa. Le expliqué que Jesús dijo a sus apóstoles: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Fin del mundo es Fin-land. El Papa se rió y exclamó: “No, no, el fin del mundo es Argentina”. Yo le repliqué diciendo que es Finlandia y él me dijo que no, que era Argentina. Llegamos a un acuerdo: había dos “fines del mundo”:en el norte Finlandia, y en el sur Argentina.

El diálogo ecuménico con la Iglesia Evangélica Luterana de Finlandia sigue viento en popa a toda vela. El soplo del Espíritu Santo es imparable, tanto a nivel personal como institucional. En las últimas conversaciones se ha puesto sobre la mesa en varias ocasiones la siguiente pregunta: ¿podría la Iglesia católica reconocer a la Iglesia Luterana como iglesia hermana de la misma manera que reconoce a la Iglesia ortodoxa? 

Me parece una pregunta muy importante, sobre todo por la sinceridad de la petición por parte luterana. Antes de contestarles a esa pregunta, señalamos que la Iglesia católica nunca ha pedido ser reconocida como Iglesia por parte luterana, lo cual consideramos un hecho muy significativo y no menos obvio. Además, habría que hacer una precisión terminológica: no es la Iglesia católica en general quien reconoce a la Iglesia ortodoxa como hermana suya, sino que la Iglesia local de Constantinopla sería Iglesia hermana de la Iglesia local de Roma. De todas maneras, no olvidemos que desde el punto de vista católico la Iglesia local de Constantinopla sería una Iglesia herida, precisamente por su falta de unidad con la Iglesia de Pedro y Pablo donde tiene su sede el sucesor de Pedro, el obispo de Roma. La Iglesia católica en general no puede ser hermana, sino en todo caso madre.

Desde esta perspectiva de Iglesias hermanas, hemos respondido a los luteranos con otra pregunta: en ese hipotético reconocimiento como Iglesia hermana, ¿tendríamos enfrente a la Iglesia Evangélica Luterana finlandesa o a todo el conjunto de la Federación Mundial Luterana? Y, antes de que contestaran, hemos añadido: ¿estaría dispuesta la Iglesia Evangélica Luterana finlandesa a llegar a acuerdos con Roma, e incluso a una posible comunión, aunque esta decisión no involucrase a las demás comunidades o Iglesias Luteranas? 

En camino hacia la unidad

Están —estamos— en este punto crucial. Mi experiencia en estos años es que la Iglesia Evangélica Luterana de Finlandia es única, sin parangón con ninguna otra Iglesia Luterana, desde el punto de vista eclesiológico y sacramental. Estamos en camino hacia la unidad. Y en todo camino hay baches, piedrecillas, charcos… No somos ingenuos. Hay temas fundamentales que siguen abiertos: unidad e indisolubilidad del matrimonio, ordenación de mujeres, moral de la vida, etcétera. 

En la Iglesia Evangélica Luterana hay dos corrientes que también sentimos en nuestra propia Iglesia católica: la corriente que lleva a Jesús y a su Evangelio (la corriente de la fidelidad), y esa otra corriente quizá aparentemente más fácil e integradora pero que en el fondo aleja de Dios y de los demás, que es la mundanidad. Si queremos seguir en este camino de ecumenismo, es decir, de plena unidad visible, necesitamos valentía, honradez y mucha gracia de Dios. Fidelidad. 

En las iglesias luteranas finlandesas existe un reclinatorio en forma de media luna delante del altar donde los fieles reciben la comunión de rodillas. Según me han explicado, este reclinatorio tiene forma de media luna porque a un lado está la Iglesia visible aquí en la tierra, y en el otro lado, está la comunidad invisible de fieles que ya gozan en el Cielo de la comunión plena con Cristo. Me parece una interpretación maravillosa. Con la confianza que da la amistad, les he añadido que a esa media luna visible aquí en la tierra le falta la comunión plena con la Iglesia católica para cerrar un círculo perfecto de comunión visible e invisible ya en la tierra y en el Cielo.

El ministerio sacramental

¿Qué faltaría, pues, para llegar a cerrar ese círculo completo de comunión? En esto estamos dialogando. Por el bautismo entramos a formar parte del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Esto, para algunos luteranos bastaría: la Iglesia de Cristo sería la comunión en un mismo bautismo de los miembros de todas las actuales iglesias y comunidades independientemente de su falta de unidad fáctica y visible. 

Para otros luteranos, no basta con formar parte del Cuerpo de Cristo sólo por el bautismo. Y así es. Hace falta estar conectado al corazón de ese Cuerpo para recibir sangre arterial, llena del oxígeno del Espíritu Santo. Y a través del corazón estar unidos a los demás miembros y a la cabeza que es el mismo Cristo. Esta unión con el corazón pasa por un ministerio sacramental que posibilita la realización del milagro de la Eucaristía, centro y raíz de la vida de la Iglesia. Unidos en el corazón visible de la Iglesia en Roma se puede celebrar de manera plena y fructuosa la única Eucaristía del Cuerpo y Sangre de nuestro Señor con dimensión universal, para todo el cuerpo y con todo el cuerpo.  

Por esto, el tema crucial que hemos de estudiar con más profundidad con los luteranos es el ministerio sacramental. Además, ver cómo este ministerio se engarza con la Eucaristía que es el mismo Cristo. No se puede entender la unidad en el cuerpo universal eclesial sin la unidad universal en el Cuerpo eucarístico, y viceversa. Hay un solo Corpus Christi, el eclesial y el eucarístico. Además, sólo el ministerio válidamente ordenado posibilita la acción litúrgica del misterio eucarístico. Hemos de seguir estudiando este ministerio en su dimensión sacramental y eclesial, y dentro de este ministerio cómo entender el ministerio petrino de unidad.

Hay un dicho importante que refleja una realidad no menos importante: lex orandi, lex credendi: la ley de lo que se reza es la ley de lo que se cree. La fe se refleja en la predicación de la Palabra de Dios y la celebración de los sacramentos. Las rúbricas y el modo de celebrar la Eucaristía nos habla de esa fe. Es decir, la fe se ve en la liturgia. Y la liturgia se convierte en espiritualidad, que lleva a rezar también litúrgicamente. En este sentido, creo que el esfuerzo que se está haciendo en la Iglesia Evangélica Luterana finlandesa de poner la Misa en el centro de la vida de la comunidad y de las personas, en la espiritualidad y en la liturgia puede ayudar a entender mejor no sólo la realidad de la Eucaristía sino también el ministerio sacramental como elemento de conexión vertical con el Cielo, y horizontal con los demás miembros del cuerpo eclesial de Cristo y de su cuerpo sacramental eucarístico. 

Nuestro diálogo continúa. Firme y decidido. El siguiente paso sería el estudio a fondo de lo que significa el ministerio sacramental y el papel del sucesor de Pedro en esta comunión eclesial y eucarística que estamos llamados a formar en la única Iglesia de Cristo. Nuestro diálogo va a seguir, precisamente porque en Finlandia es posible llegar a la plena comunión, porque en Finlandia abunda la gracia de Dios. Jesús nos sigue repitiendo constantemente: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, hasta en Finlandia”.

Publicidad