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De la Amazonia al drama de las migraciones

Sister Rosa Elena Pico, a member of the Missionaries of Mary Co-Redemptrix, poses for a photo with children from the indigenous community of Sarayaku, Ecuador, Sept. 18, 2019. Sister Pico has worked and lived with the community since 2017 and occasionally leads the liturgy of the word in the absence of a priest. (CNS photo/Junno Arocho Esteves) See VATICAN-LETTER-AMAZON-WOMEN Feb. 12, 2020.
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Con la exhortación apóstolica post-sinodal Querida Amazonia, el Papa Francisco entrega a la Iglesia entera los frutos del Sínodo de octubre e invita a una renovación evangelizadora que parta de las periferias y de los pobres.

—Texto Giovanni Tridente, Roma

La había prometido para fin de año (2019) y el Papa Francisco ha cumplido su palabra. El 27 de diciembre, en efecto, ha terminado la exhortación apostólica post-sinodal Querida Amazonia, que debido a los tiempos técnicos de las revisiones y traducciones ha sido finalmente firmada el 2 de febrero de este año, fiesta de la Presentación del Señor. Se trata de un documento nace del corazón del Pontífice, como fruto de su experiencia de los trabajos sinodales de octubre pasado, en los que participó con ánimo atento y gran disponibilidad.

Ahora entrega a la Iglesia entera estas “resonancias” que –escribe– no quieren sustituir ni repetir el Documento final –que invita a leer íntegramente de todos modos– sino más bien “enriquecer e interpelar” a la propia comunidad eclesial partiendo de la periferia amazónica. 111 puntos, 4 capítulos y una bellísima oración final dirigida a la Virgen María, que sirven de marco a 4 grandes “sueños para la Amazonia” (5-7): derechos de los pobres, riqueza cultural, belleza natural y compromiso evangelizador encarnado.

Se trata de un texto que pertenece al magisterio ordinario del Sumo Pontífice, y que ha de ser leído y meditado en su integridad. El “sueño social” es una gran cercanía a los oprimidos, que el Papa identifica en los pueblos originarios, a menudo víctimas de “sometimiento” por parte de poderes locales e internacionales. Ante estas injusticas es obligado “indignarse y pedir perdón” (15-19) y al mismo tiempo constituir “redes de solidaridad y de desarrollo”.

El “sueño cultural” se centra en la custodia de las raíces (33-35), evitando homogeneizar las culturas, pero destacando el hecho de que la diversidad debe convertirse en “un puente”, asumiendo siempre “la perspectiva de los derechos de los pueblos”.

El tercer sueño es el “ecológico”, que hace pensar en Laudato si’, en la conciencia de que el cuidado del ambiente y el cuidado de los pobres son inseparables. A nivel mundial no debe dejarse de lado “el grito de la Amazonia” (47-52), dado que precisamente de la salud de aquellas tierras depende el equilibrio planetario.

Finalmente, el “sueño eclesial”, dedicado más expresamente a los pastores y fieles católicos, del que emerge un “gran anuncio misionero” (61) que es indispensable para la Amazonia pero también puede poner en marcha un proceso de mayor alcance. Aquí, evidentemente, el Papa desea un mayor acceso a los Sacramentos, sobre todo para los pobres, e imagina una más alta presencia misionera de otras tierras, además de un renovado protagonismo de los laicos y nuevos espacios para las mujeres.

La voz del Secretario Especial

En la larga entrevista concedida a Palabra en el número de enero, el cardenal jesuita Michael Czerny, que ha sido Secretario Especial del Sínodo sobre la Amazonia, había apreciado los muchos frutos y la mucha riqueza del Documento final. “Pero quizás puedo subrayar la experiencia de sinodalidad, de caminar juntos. Sentir la paz y la consolación que brotaron de la experiencia de sentirnos guiados por el Espíritu y reconocer tantos regalos, sentir la llamada a responder a una realidad particular y responder todos juntos sí, al clamor de la tierra y de nuestros hermanos”, añadió en aquella ocasión. 

Hablando con Vatican News justo después de la publicación de la exhortación, ha reconocido cómo el corazón de este documento del Papa es su amor por la Amazonia y las consecuencias de tal amor: “Un vuelco de la manera común de pensar sobre la relación entre la riqueza y la pobreza, entre desarrollo y protección, entre la defensa de las raíces culturales y la apertura al otro”.

Diplomáticos en misión

Otro deseo que el Santo Padre había expresado al final de la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para la Región Pan-Amazónica es el que ha puesto por escrito hace pocos días, pidiendo expresamente al presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica, el obispo Joseph Marino, que lo haga operativo desde el próximo año académico. Estamos hablando de la inserción en el curriculum de formación de los sacerdotes candidatos al servicio diplomático de la Santa Sede de “un año de compromiso misionero en una diócesis de las Iglesias particulares”, de modo que se les forme “en el celo apostólico para ir a los territorios de frontera, fuera de sus diócesis de  origen”.

Este deseo que ahora se hace realidad está también en la misma línea que el punto 90 de Querida Amazonia, donde se exhorta a los obispos a ser generosos al orientar precisamente hacia la Amazonia a quienes muestren una vocación misionera. En el discurso improvisado para la conclusión del Sínodo, por otro lado, el Papa Francisco había destacado el hecho de que “en la zona no amazónica, respecto de la zona amazónica”, hay una grande “falta de celo apostólico en el clero” dado que muchos sacerdotes son enviados a los países más desarrollados de los Estados Unidos o de Europa en lugar de aquellos donde habría necesidad urgente. Aquellos “lugares más remotos”, como se dice en Querida Amazonia 89, donde es difícil asegurar el ministerio sacerdotal.

Evidentemente, la decisión del Pontífice no está solo circunscrita a las tierras amazónicas, sino que quiere incidir en todas los “desafíos crecientes para la Iglesia y para el mundo” que se refieren por ejemplo a una Europa en fuerte decadencia desde el punto de vista del cristianismo, a África, “sedienta de reconciliación”, a América latina “hambrienta de nutrición e interioridad”, a América del Norte, que debe recuperar una identidad que no parta de la exclusión, a Asia y Oceanía, donde es muy amplia la influencia “de culturas ancestrales”.

Junto a la sólida formación sacerdotal y pastoral, Francisco quiere garantizar a los futuros diplomáticos –sus representantes lejos de Roma– también una experiencia persona de misión caminando junto a estas comunidades “lejanas”. Y está convencido de que esta iniciativa será para el recíproco beneficio también de las distintas Iglesias locales, además de suscitar en otros sacerdotes el deseo de mostrarse disponibles como misioneros fuera de su propia diócesis, quizá incluso en Amazonia. 

Próximo Sínodo en 2022

A comienzos de febrero se ha reunido el Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, que ha propuesto al Papa una terna de posibles temas a tratar en la próxima Asamblea General Ordinaria. En esa ocasión, el Pontífice ha decidido convocarla para otoño de 2022, de manera que se favorezca una mayor implicación de toda la Iglesia en la preparación y en la celebración de este nuevo Sínodo, también considerando que todavía han de consolidarse todos los dinamismos nacidos de las últimas asambleas sobre los jóvenes –con la exhortación Christus vivit– y sobre la Amazonia.

También en esa reunión el Consejo, que está compuesto por 16 miembros, que son cardenales y obispos de todo el mundo elegidos por los Padres Sinodales en la asamblea de 2018 y presidido siempre por el Pontífice, ha querido difundir un mensaje sobre las consecuencias del fenómeno migratorio que afecta a muchas regiones del planeta, ligadas sobre todo a guerras, desigualdades económicas, persecuciones, terrorismo y crisis ecológicas.

Ante la desorientación de las personas, la destrucción de las familias y el trauma de los jóvenes que son víctimas de todo tipo de abusos, el Consejo del Sínodo ha querido recordar que la Iglesia “deplora las razones que causan un movimiento tan masivo de personas”, mientras “está llamada a ofrecer confort, consuelo” a los que están sufriendo. 

Recolocar a los refugiados

A distancia de algunos días, tres cardenales han dirigido una carta a las conferencias episcopales de toda la Unión Europea, con un llamamiento a recolocar en los diversos países europeos a los refugiados presentes en la isla griega de Lesbos, que el Papa Francisco visitó en 2016. En la misiva –firmada por los cardenales Jean-Claude Hollerich, presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea; Michael Czerny, subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral; y Konrad Krajewski, Limosnero de Su Santidad– se especifican también los procedimientos que se pueden seguir con la ayuda de la Comunidad de San Egidio, con los ya famosos “corredores humanitarios”.

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