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Cómo cuidar el corazón

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Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte en los países industrializados, incluso por encima del cáncer. Presentan dos vertientes: las patologías del corazón (infartos, angina, insuficiencia cardiaca), y las enfermedades cerebrovasculares (ictus, trombosis y hemorragias cerebrales).

 

– Pilar Riobó

 

Existen ciertos factores de riesgo que predisponen a padecer enfermedades cardiovasculares. Algunos no son “modificables”, como la herencia genética, la edad o el sexo (las mujeres tienen más protección que los hombres, pero sólo antes de la menopausia). Otros factores pueden ser modificados, reduciendo el riesgo. Los tres más importantes son el tabaco, la hipertensión arterial y el colesterol elevado; pero cuentan también la diabetes, la obesidad, el sedentarismo y el consumo excesivo de alcohol. Estos elementos de peligro cardiovascular se presentan frecuentemente asociados y, además, se potencian entre sí. Las estadísticas demuestran que el 30 % de los pacientes adultos que acuden a la consulta del médico tienen 2 factores de riesgo cardiovascular, y un 6 % presenta 3 o más factores de riesgo cardiovascular.

Para prevenir estas enfermedades proponemos diez medidas en el siguiente decálogo.

  1. Abandone el tabaco. Además de disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, abandonar el tabaco evita patologías pulmonares (enfisema) y cáncer de pulmón, de laringe o de vejiga.
  2. Cuide lo que come. Una dieta equilibrada, con al menos cinco raciones de frutas, verduras y vegetales, es clave para una vida sana.

La reducción de la ingesta de grasas saturadas y de colesterol disminuye la cantidad de este último en sangre; por tanto, procure evitar las grasas “malas” o “saturadas”, que favorecen la aterosclerosis (el depósito en la pared de las arterias, produciendo la obstrucción al pasar la sangre), y que son las “saturadas” (se encuentran en los productos de origen animal) y las llamadas “trans” (producidas industrialmente, en las etiquetas figuran como “grasa vegetal parcialmente hidrogenada”). En lo posible, utilice el aceite de oliva como principal aporte de grasa; si no fuera posible por razones económicas, utilice aceite de girasol o de semillas.

Asimismo, controle el aporte de sodio, que favorece la hipertensión arterial. La principal fuente de sodio es la sal común, pero también lo contienen los caldos (líquidos o en pastillas) y muchos de los conservantes que llevan los alimentos prefabricados. En lugar de sal, acostúmbrese a utilizar especias si desea añadir sabor.

  1. Controle su peso. La obesidad supone un esfuerzo para el corazón, aumenta los niveles de presión arterial y favorece la resistencia a la insulina y, por ende, la aparición de la diabetes tipo 2. Combinar dieta y ejercicio es el buen camino para vencer el sobrepeso.
  2. Vigile su presión arterial. La hipertensión arterial (más de 140mmHg de máxima y/o 90 mmHg de mínima) afecta al 20 o al 30 % de la población adulta. El nivel se reduce considerablemente cuando se pierde peso, se lleva una dieta baja en sodio y, si es necesario, se recurre a la medicación: disponemos de múltiples y eficaces medicaciones para controlar la tensión arterial, que se pueden asociar entre sí, según las indicaciones de su médico.
  3. Controle sus cifras de colesterol. El 18 % de la población tiene el colesterol elevado, por encima de 250 mg/dl. Se reduce disminuyendo la ingesta de grasa saturada y de grasas “trans”, y comiendo menos carne, embutidos, quesos grasos o yemas de huevo. Sustituya los lácteos enteros por desnatados. Si tras una dieta cuidada no se reducen los niveles, el médico puede prescribir alguno de los fármacos existentes para disminuirlos.
  4. Conozca sus cifras de glucosa en sangre. Alrededor del 10 % de la población presenta diabetes o alteración de las cifras de glucosa, que multiplican por cuatro el riesgo de padecer problemas del corazón. Las cifras pueden normalizarse completamente y evitar el mayor riesgo cardiovascular con una pérdida ligera de peso (de entre el 5 y el 10 %) y realizando mayor actividad física.
  5. Muévase: haga ejercicio. El corazón es un músculo más y, como cualquier otro, se mantiene fuerte con el ejercicio regular. No es necesaria una actividad extrema, sino que basta incluir algún tipo de ejercicio físico en la rutina diaria: subir las escaleras andando, caminar media hora al día, usar el transporte público para ir al trabajo…
  6. Evite el estrés. El estrés supone un riesgo añadido para el corazón debido a la liberación a la sangre de las llamadas “hormonas del estrés”, principalmente el cortisol y las catecolaminas. Para evitarlo, además de otras formas de relajación, puede ser necesaria la ayuda psicológica o el empleo de fármacos.
  7. Modere el consumo de alcohol. El consumo excesivo de alcohol se asocia con problemas de salud. Por el contrario, la toma moderada –por ejemplo, no más de una copa al día, en especial de vino tinto, una cerveza de 333 cc., etc.– disminuye algo el riesgo cardiovascular.
  8. Medicación. La aspirina en dosis bajas impide la agregación de las plaquetas y, así, disminuye la formación de coágulos; pero puede tener efectos secundarios. En todo caso, pregunte a su médico, mejor que automedicarse.

 

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