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Caso Floyd: reflexión entre católicos sobre cómo luchar contra el racismo

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La muerte del ciudadano afroamericano George Floyd a manos de policías ha provocado una gran conmoción en Estados Unidos, que perdura en algunas ciudades, y también episodios de violencia. Grupos de católicos conversan sobre cómo derrotar al racismo.

— Texto Rafael Miner, con información de Sophia Martinson (Angelus), Estados Unidos

“No se puede pretender defender la sacralidad de cada vida humana y tolerar cualquier tipo de racismo”. Fue el claro mensaje que lanzó el Papa Francisco a primeros de junio a los católicos de Estados Unidos, al expresar “gran preocupación” por los “dolorosos” desórdenes sociales que están ocurriendo en Estados Unidos tras de la muerte de George Floyd, informó Elisabetta Piqué en el diario argentino La Nación.   

Al mismo tiempo, debemos reconocer que la violencia de las últimas noches es autodestructiva y autolesionista. Nada se gana con la violencia y mucho se pierde”, agregó el Santo Padre, citando palabras del arzobispo de Los Ángeles, José Gómez, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, añadió la periodista argentina. Mons. José Gómez había dicho también en una carta, entre otras cosas: “El racismo ha sido tolerado durante demasiado tiempo […]. Debemos ir a la raíz de la injusticia racial que todavía infecta muchas áreas de la sociedad estadounidense”.

El Papa añadió: “Hoy me uno a la Iglesia de Saint Paul y Minneapolis, y de todos los Estados Unidos, para rezar por el reposo del alma de George Floyd y de todos los que han perdido la vida a causa del pecado del racismo”. “Rezamos por el consuelo de las familias y de los amigos agobiados por el dolor y oramos por la reconciliación nacional y la paz que anhelamos”, agregó, al pedir finalmente a Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de América, que interceda por todos aquellos que trabajan por la paz y la justicia en Estados Unidos y en el mundo.

Los corresponsales de medios ante la Santa Sede recogieron las palabras del Papa. La española Eva Fernández, por ejemplo, corresponsal de la cadena COPE, y Juan Vicente Boo, del ABC, subrayaban en la red Twitter el llamamiento del Papa: “No podemos cerrar los ojos ante el racismo”

El cardenal Daniel DiNardo, arzobispo de Galveston-Houston, recordó el día de la despedida de George Floyd, en su ciudad natal de Houston, que en Estados Unidos, cuando se trata de tocar el tema del racismo, se tiene “una viga en el ojo”.  Se trata de “una realidad difícil pero necesaria de afrontar”, dijo el purpurado. “No podemos resolver un problema hasta que lo reconozcamos. Esto nos incluye como miembros de la Iglesia Católica”.

Manifestantes y disturbios

La muerte de Floyd, vista a cámara lenta en las redes sociales, causó conmoción y provocó la salida a las calles de miles de manifestantes para expresar su indignación. Las protestas, en ocasiones violentas, expusieron problemas sobre disturbios raciales, frecuentes en Estados Unidos, desde desigualdades económicas hasta injusticias y prejuicios dentro de las diversas comunidades.

El afroamericano Floyd alertó unas veinte veces a los agentes que le mataron de que no podía respirar, según una transcripción policial hecha pública. Hasta hace poco, los últimos minutos de vida de Floyd se conocían gracias a los videos grabados por transeúntes, pero uno de los últimos documentos muestra la escena de una forma aún más dramática. “Me van a matar, me van a matar”, dijo Floyd, de 46 años, cuando los policías le tenían inmovilizado y boca abajo en el suelo, a lo que el policía Chauvin respondió: “Deja de hablar, deja de gritar, se necesita mucho oxígeno para hablar”.

Todos los agentes implicados fueron despedidos de la Policía y posteriormente imputados.

Reflexión

El brutal asesinatode George Floyd y la nota de varios obispos estadounidenses, que han manifestado sentirse “destrozados, asqueados e indignados al ver otro video de un hombre afroamericano asesinado ante nuestros propios ojos”, ha hecho reflexionar de nuevo a las comunidades católicas. La revista Angelus, de la diócesis de Los Ángeles, por ejemplo, ha entrevistado a varios católicos, la mayoría de raza negra, que aportan sus experiencias (ver angelusnews.com).

Un día a principios de junio, cuenta Sophia Martinson, John Thordarson publicó un breve vídeo que por fin había terminado. “Tardé mucho tiempo en hacer en este vídeo”, dice. “Con todo lo que ha estado sucediendo, siento que es importante decir algo, pero no estaba realmente seguro de qué era ese algo”

Mis padres se miraron como personas

“Ese algo” que Thordarson estaba tratando de expresar era una respuesta a la muerte de George Floyd. Después de media docena de intentos de escribir un guión, Thordarson añade: “Me doy cuenta de que lo realmente importante en este momento es que tengamos conversaciones”. Para comenzar esa conversación, él decidió empezar por compartir la historia de sus padres, una mujer afroamericana y un hombre irlandés americano que se enamoraron y se casaron en una época de segregación. 

El video de Thordarson, contado a través de fotografías y de su propia narración, no aborda directamente lo sucedido a George Floyd. Más bien destaca una relación en la que el amor triunfó por encima de un ambiente lleno de prejuicios. “La razón por la que mis padres se casaron es porque no se miraban el uno al otro como se suponía que debían ser, simplemente se miraron como personas”

Para Paul Thordarson, padre de John, ese momento de encuentro es especialmente importante para los católicos, que están llamados a difundir esperanza y alegría. “La fe no es un montón de cosas negativas, sino más bien vivir la vida cristiana, una vida de amor”. En medio de la agitación por la muerte de Floyd, señala Sophia Martinson, estas palabras apuntan a un mensaje de curación que la Iglesia católica puede ofrecer a sus fieles, y al resto del mundo. Sin embargo, en la era de las redes sociales y la llamada “cultura de la cancelación” (cuando te hacen el vacío hasta en las redes y te “cancelan”), ¿a qué problemas de la vida real se supone que se dirige este mensaje y a qué tipo de acción conduce?

Católica, pro-vida y negra

Gloria Purvis casi no puede ver el vídeo del arresto de Floyd. “Es un trauma, y desearía casi no haberlo visto”. Como católica, activista pro-vida y mujer negra, Purvis, presentadora de “Morning Glory” en EWTN, sintió que la tragedia de Floyd le afectaba muy profundamente, cuenta Sophia Martinson. En una mesa redonda que tuvo lugar el 5 de junio, organizada por la Universidad Georgetown, Purvis comparó la experiencia de ver el vídeo con “ver un aborto”. 

Desde entonces, Purvis se ha enfrentado a otra fuente de conmoción y dolor: la sensación de desconexión de muchos compañeros católicos. “Ha sido desconcertante”, dijo, “por la conmoción…, y la sensación de traición, cuando ves a prominentes católicos blancos que dicen ser pro-vida, diciendo y haciendo todo lo posible para evitar tratar el problema de la brutalidad policial y el racismo, puesto que afecta a la comunidad negra”. 

Gloria no es la única en sentirse así. “Escucho esta misma sensación en muchos católicos de color: negros, mexicanos, mis hermanos y hermanas latinos. Escucho la diáspora panafricana de católicos que se sienten traicionados”. Una fuente de división podría ser la política, comenta Martinson.

Aborto y racismo: cultura de la muerte

La periodistaprofundiza en la cuestión, y habla con Louis Brown, director ejecutivo de Christ Medicus (organización médica sin ánimo de lucro), quien piensa que ambos temas no son excluyentes. Brown, un abogado de Michigan que anteriormente trabajó como asesor de varios congresistas, describió la presión para apoyar tanto causas antiaborto como antirracismo como una “opción falsa”. 

“Tanto el aborto como el racismo forman parte de la cultura de la muerte”. A su juicio, “el derecho a la vida comenzando por los no nacidos, es el problema social preeminente en nuestra época debido a su gravedad. Pero luchar contra el racismo es una consecuencia de luchar para promover el derecho a la vida”. 

Las palabras de Brown hacen eco de las que se encuentran en el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la condena al racismo como una de las formas de discriminación que “debe ser frenada y erradicada, pues son incompatibles con el diseño de Dios”. 

Algunos han señalado que los católicos no siempre han practicado lo que la Iglesia predica sobre el racismo. 

Tampoco es ningún secreto, añade Sophia Martinson, que el racismo ha sido una desafortunada realidad en seminarios católicos de los Estados Unidos. Mientras estudiaba en el Conception Seminary College en la década de 1960, el ahora juez de la Corte Suprema, Clarence Thomas, recordó los prejuicios raciales que lo azotaron regularmente, incluido el hiriente comentario de un seminarista blanco después de que el reverendo Martin Luther King Jr. recibiera un disparo: “Bien, espero que muera”. Tal odio racial condujo a Thomas a salir del seminario y, por un período de tiempo, dejó el catolicismo por completo. 

Consejos de católicos negros

El padre Matthew Hawkins pasó veinte años trabajando en el área de desarrollo económico de comunidad y enseñó en la Universidad de Pittsburgh. El 27 de junio fue ordenado sacerdote en la diócesis de Pittsburgh a la edad de 63 años, tras haberse convertido del protestantismo en su juventud. 

El primer remedio que viene a la mente del extrabajador social para curar el racismo es éste: “Creo que como católicos estamos obligados a abordar este tipo de controversias con sabiduría”, dijo a Angelus. Esto “significa que lo que debería inspirar realmente nuestra acción es entrar en una vida de oración, y un tipo de oración que aumente la empatía”

El padre Hawkins cree que la oración es crucial porque nos ayuda a sentirnos acompañados en el sufrimiento. Él anima personalmente a sus feligreses a rezar los misterios dolorosos del Rosario y las Estaciones de la Cruz. Al hacerlo, dice, “estás entrando en la pasión de Cristo e identificándote con el sufrimiento de toda la humanidad, lo que crea un sentido de solidaridad en el sufrimiento humano”

Al final del vídeo de John Thordarson, él mismo recuerda cómo alguien le preguntó una vez a su madre: “¿Por qué quisiste casarte con un hombre blanco?”, y ella respondió: “No quería casarme con un hombre blanco. Quería casarme con Paul”. 

Sus palabras reflejan, a juicio de Martinson, el corazón de la respuesta de la Iglesia al racismo: ver a una persona como una imagen de Dios, no como un compuesto de características externas. Como varios católicos negros han enfatizado, esa respuesta comienza en el interior, con el hábito de la oración sincera y la autorreflexión.

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