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Joan Roig Diggle, el joven que estaba con Dios

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La basílica de la Sagrada Familia en Barcelona acogió este fin de semana pasado la ceremonia de Beatificación de Joan Roig i Diggle, un joven mártir de 19 años estudiante y trabajador que dio su propia vida en martirio por su compromiso cristiano.

TEXTO: Ferrán Blasi

La beatificación de este joven, recoge, como destaca Ferrán Blasi, corresponsal de revista Palabra en Barcelona, la llamada de Roig a «ser amigo de todos». No en vano, como subraya Blasi » este muchacho pertenecía a la llamada Federació de Joves Cristians, fundada al estilo de la JOC de Bélgica, por el canónigo Albert Bonet, el médico Beato Dr. Pere Tarrés y por Fèlix Millet i Maristany y cuyos miembros, conocidos como Fejocistes, eran perseguidos sobre todo por militantes revolucionarios extremistas por el hecho de ser  ser católicos, y tenidos, en el otro lado, por catalanistas». Una característica que también subrayó el Cardenal Arzobispo de Barcelona, Juan José Omella Omella, en la homilía de la Beatificación donde se refirió a la vida de Joan Roig como «Joan es para todos, pero especialmente para los más jóvenes, un testimonio de amor a Cristo y a los hermanos».

Joan Roig Diggle nace en Barcelona en 1917 de padre catalán y madre inglesa. Sus años de apóstol joven se desarrollan en la localidad de El Masnou, donde se traslada con su familia a los 17 años Joan empieza a vivir a fondo su fe y su relación con Dios. Allí da catequesis a los niños de la parroquia de San Pere y se integra en la Federació de Joves Cristians de Catalunya, donde encuentra una comunidad y una misión: llevar a Jesús a los demás.

De este joven beato se destacan su amor a la Eucaristía y su vida de oración, que le llevaron a una destacada sensibilidad social. Estudia, vive y difunde la doctrina social de la Iglesia, convencido de que es el único camino válido para combatir las desigualdades y promover la dignidad de todas las personas.

«God is with me!»

El estallido de la Guerra Civil española en 1936 desata las persecuciones a los cristianos, de todas las edades. En pocos meses, la noche del 11 de septiembre Joan es apresado. Comulga antes de que se lo lleven de su hogar, pues escondía unas sagradas formas con permiso de su Director Espiritual. Después se dirigió hacia su madre y le dijo serenamente: «Déjalos para mí. No te preocupes. God is with me!».

Murió perdonando a quienes le ejecutaron, con cinco tiros y uno en la sien para certificar su muerte, por el mero hecho de ser católico. Tanto es así que uno de los milicianos que participó en su muerte lo recordaría años más tarde “Aquel joven rubio era un valiente… murió predicando, diciendo que me perdonaba y que rogaría a Dios para que también me perdonara.
Casi me conmovió.”

El Papa Francisco se ha referido a este joven beato como «testigo de Jesús en el lugar de trabajo» y destaca su ejemplo para que en los jóvenes suscite «el deseo de vivir plenamente la vocación cristiana».

El pasado 8 de noviembre la basílica de la Sagrada Familia acogió la ceremonia de su beatificación con unas estrictas medidas de seguridad y un aforo menos del 25%. La misa estuvo presidida por el cardenal Omella y concelebrada por el cardenal Lluís Martínez Sistach y el nuncio apostólico Mons. Bernardito Auza.

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