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Cómo ayudar a dejar la pornografía

La adicción a la pornografía crece, y por su síndrome de abstinencia puede compararse a la de las drogas duras
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El consumo de pornografía en el mundo crece de forma acelerada. Se ha convertido en una de las adicciones más alarmantes de nuestro tiempo debido a que sus repercusiones son físicas, psicológicas, espirituales, etc. El autor propone algunos consejos basados en la experiencia.

 

TEXTO – Juan Carlos Vásconez (Ecuador)

@jucanvas

Las consecuencias de una situación mundial de estas características, no se dejan esperar. Por su síndrome de abstinencia, se puede equiparar a la adicción de drogas duras como la heroína, la cocaína o el crack. Además, por la tolerancia de nuestra sociedad, se sitúa incluso por encima de esas drogas en cuanto a peligrosidad. La difusión de la pornografía y de la comercialización del cuerpo ha sido favorecida, entre otras cosas, por un uso desequilibrado de internet, que es en verdad otro problema pero que se relaciona estrechamente con el que estamos tratando. Tal es su difusión que, en varios estados de los Estados Unidos, se ha definido como una “crisis de salud pública”.

Dimensiones éticas del problema

Ante esta emergencia, es importante contar con guías que tengan las competencias necesarias para ayudar a otros a salir de la pornografía. Desde el punto de vista de su análisis moral, es preciso siempre tener en cuenta que se trata de un problema serio.

Ya en la interpretación clásica, encontramos advertencias graves. Afirma Santo Tomas que, desde el punto de vista moral, la lujuria corrompe la prudencia, es decir, “la capacidad de juzgar adecuada y objetivamente la realidad y de regirnos por principios mentales sanos”

Por eso, para una persona que ve pornografía y está intentando dejarlo, el criterio propio no será nunca buen consejero y puede traicionarle en los momentos delicados o de tentación moral. Aunque el deseo de cambiar es crucial, a decir verdad, no es suficiente en sí mismo. Hay que poner los medios: encontrar alguien que ayude y de pautas en esta lucha se ha convertido en algo fundamental. Hay que tener en cuenta que los contenidos de este negocio son cada vez “más degradados, groseros, violentos”, y el acceso a los mismos, a causa de Internet, es cada vez más fácil y precoz. Salir de la dependencia que se crea no es fácil, y los pastores invitan a “confiar en la misericordia del Señor” y a “buscar una ayuda y apoyo adecuados”.

Muchas veces son los más jóvenes los que se ven atrapados. No es raro que chicos o chicas caigan en este vicio con apenas 10 o 12 años llevados por las malas amistades, la curiosidad o el esfuerzo de empresas que se dedican a este negocio.

Afecta a todos, si no se atiende a sus efectos morales

Muchos de los “defensores” del uso de la pornografía asumen que el consumo de la pornografía es un “entretenimiento” sin víctimas. A menudo apoyan la idea de que alguien (hombre o mujer) que ve pornografía de forma aislada, “no le está haciendo daño a nadie”.

Aunque la mayoría de las personas cree que sólo los hombres ven pornografía, la realidad muestra que las mujeres no son inmunes a la ella. Tanto las mujeres como los hombres comparten los mismos efectos cerebrales con respecto al uso de la pornografía. En el caso de las mujeres, a menudo se manifiesta más a través del uso de las salas de chat erótico y la lectura de historias eróticas o de sexo explícito. En cambio, los hombres se enganchan mucho con las imágenes. Ambas manifestaciones son igual de dañinas y difíciles de superar.

La lujuria es un vicio que generalmente odia la luz y por lo tanto huye de ella. Su estrategia más vil es precisamente esconderse en el secreto de modo que, como el cáncer, crezca lentamente. Cuando la persona que la sufre busca ayuda, un director espiritual que le lleve a poner luz, de inmediato la lujuria pierde una gran parte de su influencia.

Diferencias entre vicio y adicción

Podríamos definir tres categorías de consumidores de pornografía: 

  • los ocasionales, es decir, si el problema se presenta tan solo esporádicamente;
  • los que incurren en modo de hábito o vicio, pues se trata entonces no solo de ocasiones en las que se produce esta conducta, sino de repeticiones con la frecuencia de lo habitual;
  • finalmente, quienes han desarrollado la adicción, y se habla entonces de una adicción al modo de otras conductas desviadas que se imponen a pesar de la voluntad contraria del interesado. 

Mientras el primer caso se puede vencer fortaleciendo la voluntad y acudiendo a los sacramentos, los totros dos necesitan de ayuda externa. En muchas ocasiones puede resultar difícil distinguir entre adicción y vicio. El vicio es un hábito operativo malo, que inclina a un sujeto a realizar determinado tipo de actos. 

Con la terminología antropológica clásica, San Agustín habla de las diferencias entre la debilidad (vicio) y la enfermedad (adicción): “Débil es aquél de quien se teme que pueda sucumbir cuando la tentación se presenta; enfermo, en cambio, es aquél que se halla ya dominado por alguna pasión, y se ve como impedido por alguna pasión para acercarse a Dios y aceptar el yugo de Cristo”.

Si ese vicio sigue arraigándose más y más, lo cual puede ser cuestión de tiempo –corto o largo, según los casos– el comportamiento se vuelve compulsivo, y cuando esa compulsión termina por afectar las principales esferas de la persona (familia, trabajo, relaciones interpersonales) tendiendo a generalizarse, estamos ante una adicción, se ha pasado de ser débil a ser enfermo. Podemos decir, en definitiva, y concluyendo con las diferencias morales entre los consumidores de “este veneno”, que la adicción es un vicio que se ha convertido en patológico: la persona se vuelve incapaz de detener esta conducta

Claves para ayudar efectivamente

Primero se debe evaluar el caso. Para quienes han llegado a la adicción, es necesario contar con la ayuda de un profesional, por ejemplo, un médico de confianza que pueda ir guiando al paciente y facilitando la mediación oportuna para atenuar los ataques de ansia. En la adicción la actividad cerebral funciona en forma desequilibrada.

Intento ahora dar algunas pautas para ayudar a los ocasionales o a los que han adquirido el vicio.

No se trata de un proceso fácil.  La persona que ayuda deberá ejercitar la paciencia, saber animar sobre todo cuando hay recaídas, que a veces pueden producirse después de muchas semanas de continencia. Resulta fundamental la oración personal; por ejemplo, rezar todos los días los misterios Luminosos de Santo Rosario. 

La actitud positiva es clave. Como nos anima el Papa Francisco: “Ser instrumentos de la misericordia de Dios que pasa a través de un gesto, una palabra, una visita. Y esta misericordia es un acto para restituir alegría y dignidad a quien la ha perdido”. Dejar un vicio no es fácil, requiere de mucho esfuerzo y trabajo personal. Pero puede superarse, se puede salir de ahí. A diferencia de las drogas, la pornografía tiene un periodo de recuperación más rápido, pero de todas formas es un proceso, requiere de perseverancia y compañía. Por lo tanto, conviene evitar hacerles sentir vergüenza y culpa adicionales. Si una persona trata de modificar su conducta, no es útil hacerla sentir avergonzada o culpable por sus acciones. Es más inteligente ayudarle a encontrar otras cosas que motiven un cambio positivo en lugar de ridiculizar su conducta negativa. 

Proponer reuniones periódicas para ver los avances y comentar las luchas será una buena forma de dar seguimiento. Resulta especialmente útil, facilitar que la persona se pueda contactar cuando se siente en momentos de mayor debilidad, si cree que será vencido por la tentación de ponerse a ver imágenes obscenas, entonces, sugerir que nos llame con confianza y pida ayuda. A veces se trata solo de unas palabras de consuelo y de oración. También se puede buscar entre sus amigos uno que le pueda proporcionar esa ayuda, se le puede ayudar a elegir a esa persona, en algunos casos podrán ser los padres o el cónyuge. Es lo que se conoce en inglés como “accountability partner”; por último, también se puede conseguir ayuda virtual en https://www.rtribe.org/

Ayudar a reconocer el problema

Cuando se reconoce que se trata de algo grave y que se necesita ayuda, se puede empezar a trabajar. Aceptar que existe un problema, saberse débil y necesitado de asistencia es el primer paso para salir del vicio. Muchas veces bastará con explicar que ver pornografía, en combinación con acto impuro, tiene un efecto en el cerebro similar al de otras adicciones, es decir, produce una gran cantidad de dopamina en el cerebro liberada por una fuerte emisión de hormonas. En grandes cantidades, la dopamina cambia las conexiones neuronales, haciendo que el pensamiento se vuelva más superficial, y la persona afectada se hace más dura en el trato, menos sensible a las necesidades de los demás, etc. El proceso de reabsorción de la dopamina dura aproximadamente nueve días, durante este tiempo la persona estará más expuesta a recaídas 

También puede ayudar la reflexión de que la pornografía obstaculiza la capacidad de la persona en la toma de decisiones claras (por el mismo efecto destructor en el cerebro: daño en el lóbulo frontal, encargado de la toma de decisiones) y distorsiona la visión de la persona sobre los cuerpos, las relaciones y la sexualidad. Es decir, quienes ven pornografía se deshumanizan, ya no se ve a la pareja, a las otras personas como seres humanos sino como juguetes sexuales que existen para la propia satisfacción.

Purificación

Esas imágenes han quedado grabadas en la mente y son difíciles de borrar. Pero no hay que permitir el desaliento, sino recomendar formas para ir limpiando la memoria:

Confesión frecuente: este sacramento contiene una gracia sanativa que actúa en el interior del hombre. Animar pues a que se acuda a la confesión. En concreto, inmediatamente después de cada caída y con frecuencia para obtener la gracia necesaria para purificarse.

Asistencia a la Eucaristía: Dios da su gracia a través de los sacramentos, estos nos ayudan a vencer las tentaciones. Todo depende de Dios, sin él nada podemos hacer. Por lo tanto, se puede recomendar asistir a la Santa Misa con mayor frecuencia.

Memorizar párrafos de las Sagradas Escrituras: favorece limpiar los recuerdos la lectura diaria de las Sagradas Escrituras, aprender de memoria algunos versículos, para purificar poco a poco el interior hasta transformar los pensamientos de un modo positivo. También, a la hora de la tentación se puede repetir, una y otra vez, esos versículos.

Rezar: existen muchos testimonios de cómo la oración del Santo Rosario ha ayudado a muchísimas personas a no caer en el vicio de la pornografía. La invocación a la Madre de Dios y a San José es una estrategia vencedora.

Utilizar los sacramentales: como el agua bendita, los crucifijos, son medios que también ayudan a vencer las tentaciones.

Hacer apostolado: en la experiencia de la vida humana hay unos pocos remedios que siempre funcionan. Cuando se trata de una gran desilusión y de dolores muy intensos, hay un remedio que funciona infaliblemente, siempre y cuando sea aplicado cuidadosa y consistentemente: es el salir de sí mismo y ayudar a los demás. 

Establecer estrategias de protección

Es importante que la persona se comprometa a quitar, borrar y destruir todo el material pornográfico guardado y todo elemento audiovisual que lleve a recuerdos o pensamientos que estimulen la lujuria. Incluso –si es posible– dejar de utilizar o de escuchar aquellas cosas que encienden la tentación. La idea es evitar todo aquello que pueda alimentar la vista, pues las imágenes tienen una gran influencia sobre los pensamientos.

Tener una conexión de internet filtrada en el hogar. Conviene también instalar en cada dispositivo un filtro de reporte (o de rendición de cuentas) que avise a un tercero (al “accountabily parner”) la actividad general del uso de la red, y también los intentos de acceso a material dañino. Ayuda mucho perder el anonimato, tener claro que lo que cualquier cosa que pase el dispositivo se va a saber. Los dos filtros más utilizados son: Qustodio y Covenant Eyes

Es preciso tener cuidado con el Smartphone o tabletas: cargarlos fuera de la habitación, o entregarlos a los padres por la noche. Si es el caso, anular el plan de datos que en muchas ocasiones suele ser el principal problema y colocar las pantallas en un lugar común: no donde uno se pueda quedar solo; pues cuando se está aislado es cuando más tentación se tiene.

Otros dos consejos útiles. Evitar el aislamiento y la soledad, así como evitar las malas compañías. Muchas veces, efectivamente, son las malas amistades las causantes de que recaer en el vicio, ya sea porque hablan del tema o envían fotos o mensajes que estimulan a alimentar este problema. Hay que evitarlas o silenciar esos chats.

Autodisciplina

Este concepto está íntimamente ligado con el de fuerza de voluntad. La persona con autodisciplina es aquella que, aun prefiriendo estar haciendo otra cosa que desee, utiliza la razón para determinar el mejor desarrollo de una acción, es decir, el sujeto hace lo que sabe que es mejor hacer, pero oponiéndose a las motivaciones personales. Fomentar la autodisciplina y llegar a ser autodisciplinado en algo implica ayudar a formar y vigilarse uno mismo para alcanzar una meta o mejora personal. Para la lucha en contra de la pornografía será muy importante. Algunas ayudar a ir creando hábitos positivos, por ejemplo: aprovechar el tiempo, hacer ejercicio, leer buenos libros, ejercitarse en alguna labor doméstica (trabajo responsable) y buscar pensamientos positivos. 

Ayudar a la que la persona quiera, o por lo menos quiera, querer. Cuando se quiere un fin, se quieren los medios que conducen efectivamente a ese fin, aunque sean medios duros y difíciles. La voluntad es absolutamente necesaria para quien quiere salir de la pornografía. Es lo que exigía Jesucristo antes de sus milagros: ¿Quieres curarte? (cfr. Jn 5, 6); ¿Qué quieres? (cfr. Mc 10, 51); Si quieres… (cfr. Mt 19, 17.21). Tal voluntad tiene, evidentemente, grados; no es en todos igual, pero hay características fundamentales que se repiten en todos: es perseverante, tenaz, firme (y se robustece cada vez más, a medida que reitera sus actos), supera los fracasos volviendo a comenzar las obras que salen mal (pues, a pesar de que se tenga una voluntad firme, la persona no está exenta de errores, equivocaciones o frustraciones), acepta los retos, se sobrepone a las caídas y es capaz de terminar las obras emprendidas (no las deja a medio camino).

Salir de este vicio no es inmediato, hay que estar preparado para la decepción de tener recaídas. Recaer no significa que no se está progresando. Confiar en el poder de Dios, siguiendo el consejo que daba Benedicto XVI: “En las batallas del alma, la estrategia muchas veces es cuestión de tiempo, de aplicar el remedio conveniente, con paciencia, con tozudez”. Es muy aconsejable estudiar el porqué de las “caídas”, aprender de ellas y añadir su aprendizaje al arsenal de conocimientos, ideas y estrategias que necesitas para derrotar a este gigante. Hay algunos medios para hacerlo, por ejemplo, el app Victory ayuda a llevar un registro y motivaciones de la caída que luego sirve para establecer nuevas estrategias.

También servirá el consejo de san Josemaría, que conocía tan bien al hombre moderno, nos dice en su libro más difundido, Camino: “¡Muy honda es tu caída! –Comienza los cimientos desde ahí abajo. –Sé humilde. –’Cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies`. –No despreciará Dios un corazón contrito y humillado”. 

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