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Atención pastoral en zonas despobladas. Diario de un cura serrano

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Nos trasladamos hasta dos pueblos de la España vaciada para conocer la labor que desempeña allí un joven sacerdote. Son zonas en las que la población es escasa y dispersa, y pequeño número de sacerdotes atiende numerosas parroquias. Una evolución que implica dificultades,… y muchas posibilidades.

—Texto Carlos Azcona

Viajamos hoy hasta la zona burgalesa de la Sierra de la Demanda. En torno a la capital de la comarca, Salas de los Infantes (en recuerdo a los siete infantes de Lara), once sacerdotes y un seminarista se distribuyen la labor pastoral para atender a los poco más de 11.000 habitantes de una población, dispersa en más de sesenta localidades. Son muchas y variadas las iniciativas que, no solo en este tiempo de pandemia, sino durante todo el año se llevan a cabo en el así conocido como arciprestazgo de la Sierra de la archidiócesis de Burgos.

Lo primero que llama la atención, en cuanto a la tarea pastoral de los sacerdotes en esta comarca, es la dispersión de la población en muchos pueblos. Hay dos grandes núcleos: Salas de los Infantes (1.955 habitantes) y Quintanar de la Sierra (1.658); varias localidades de tamaño intermedio: Huerta del Rey (923), Palacios de la Sierra (725), Hontoria del Pinar (661), Vilviestre del Pinar (520), Canicosa (449), Araúzo de Miel (306) y Regumiel (340). El resto son casi sesenta pueblos, de los cuales apenas la docena superan el centenar de habitantes.

Estamos ante un claro ejemplo, por lo tanto, de lo que supone la España vaciada. Sin embargo, una zona con mucho encanto natural y una calidad de vida, que tantas veces se echa en falta en las grandes urbes. También las peculiaridades de la zona hacen que la tarea de los sacerdotes deba reinventarse constantemente, buscando siempre nuevas formas de estar cerca de los feligreses. Ya no sirve el mero repicar de las campanas para acercar a las personas a los templos; muchos de ellos, por cierto, auténticas maravillas de arte. Hay que ir casa por casa, familia por familia, uno a uno. Como en los primeros tiempos del cristianismo. Conocer personalmente a cada uno es, sin duda, una de las mayores satisfacciones que puede experimentar un pastor de almas en estas circunstancias.

En dos pueblos del lugar nos recibe Isaac Hernando González. Un joven sacerdote, que aún no llega a la treintena, y que está iniciando por estas tierras su ministerio sacerdotal. Aunque conoce la zona desde hace tres años: allí ha desempeñado su etapa final de formación pastoral como seminarista y su año de diaconado. Concretamente, desde el pasado verano es párroco de Canicosa y Regumiel. Dos municipios de los que antes calificábamos como de tamaño intermedio.

Son lugares recónditos, sin duda, de nuestra geografía. Pero en los que cualquier gesto, por pequeño que sea, es siempre correspondido con una amabilidad y una apertura de corazón envidiables. No cabe duda de lo bien que tratan al señor cura en estos pueblos; y si no, que se lo pregunten a él, que hace poco celebraba su cumpleaños y se sorprendió al ver que una pancarta pendía de la fachada del ayuntamiento: “¡Felicidades, Isaac!”.

“Son gente muy acogedora” –nos asegura–, “y desde el primer momento me han hecho sentir como uno más de sus familias, abriéndome de par en par las puertas de sus casas”. No en vano, las casas son el lugar por antonomasia donde se desarrolla una buena parte de la labor sacerdotal en los pueblos. Son lugares de encuentro, de reunión. Muchas veces, para atender a los enfermos, que siempre agradecen la visita de un cura joven y sonriente; otras veces para escuchar a quien lo necesita; las más de las veces, para estar.

De hecho, la pandemia actual ha obligado a todos, también en los pueblos, a quedar confinados en el propio domicilio. Y la labor pastoral ha tenido, necesariamente, que adaptarse a las circunstancias. Como nos confiesa el propio Isaac, ahora es momento de dedicar tiempo a las llamadas telefónicas. Muchos de los feligreses son de edad avanzada; y a la preocupación de sus hijos por que no se muevan de casa, se une la falta de acceso a internet, en muchos casos. Y, por lo tanto, escuchar una voz amiga que te saluda al otro lado del hilo telefónico, “es algo que les llena de mucha alegría”, nos dice.

Pero también hay muchos que han aprendido a utilizar el teléfono para algo más que para llamar y recibir mensajes: muchos de los suscriptores que tiene su perfil de YouTube (Parroquia Canicosa y Regumiel), de los seguidores de su perfil de Instagram (p_canicosayregumiel) y bastantes de sus amistades de su perfil personal de Facebook son, indudablemente, quienes antes acudían asiduamente a la parroquia. Ahora deben conformarse con estos medios, para seguir cualquiera de los actos de piedad que se retransmiten a través de ellos o las charlas formativas que imparte Isaac. Pero todos le siguen gustosamente, con tal de asistir al menos virtualmente a su parroquia, con su cura. Es una gran ayuda, especialmente para los que viven solos.

Sin embargo, la excepcional situación que estamos viviendo en estos meses no puede ensombrecer la ingente labor que se desarrolla, ordinariamente, en este arciprestazgo burgalés de la Sierra. A pesar de las distancias, hay un ambiente propicio para trabajar en comunidad. La vida en los pueblos acaba siendo muy rutinaria: por eso la panadería, el bar, la tienda y el banco acaban siendo puntos habituales de encuentro. Y muchas veces, las actividades programadas por la parroquia ayudan a las personas a salir de su rutina y a encontrarse con gente de otros pueblos.

Así, por ejemplo, hay grupos de Caritas y de oración, además de la catequesis de Comunión y Confirmación. También se ha puesto en marcha un grupo de reflexión, con motivo de la asamblea diocesana que se está llevando a cabo en Burgos actualmente. También destaca la excursión arciprestal que se organiza una vez al año, llegando a congregar a más de doscientas personas de los distintos pueblos del entorno. En estas excursiones se visita siempre un lugar emblemático (Medinaceli, Sigüenza, Tarazona o cualquier rincón de la misma provincia de Burgos), puesto que se trata de compartir la vida y la fe. En Cuaresma y Adviento, muchos acuden a la convocatoria de un retiro, para cultivar la dimensión espiritual, aprovechando la cercanía del Monasterio de Santo Domingo de Silos. E incluso se han organizado peregrinaciones a Tierra Santa o Fátima.

De toda su labor, Isaac destaca “el encanto de ser cura de pueblo, de conocer a la gente, sus problemas, sus alegrías… Es una riqueza difícil de lograr en las grandes ciudades”. Incluso para quienes no comparten la fe o no acuden a Misa, el párroco sigue siendo una referencia. Y sus iniciativas, algunas veces, acaban teniendo también repercusión en ellos.

Además, el ministerio del sacerdote rural no puede entenderse si no es en comunión con los sacerdotes de alrededor. Hay buena relación entre ellos y la gente lo sabe. Además de quedar para rezar juntos y dar paseos por la zona (hay unos pinares maravillosos), todos los domingos se reúnen a cenar juntos; y ahí surge la posibilidad del intercambio, del diálogo, en definitiva, del desahogo. Es importante sentirse arropado, para luego poder tener iniciativas que ayuden a las personas.

Así se entiende, por ejemplo, el grupo arciprestal de jóvenes que se ha creado en torno a la conocida dinámica de LifeTeen. Hay varios sacerdotes jóvenes en el arciprestago que se han comprometido desde el principio con esta iniciativa, e Isaac es uno de sus principales impulsores. Quincenalmente se imparten estas catequesis para jóvenes y adolescentes, en las que también colabora Víctor, el seminarista en etapa pastoral, un grupo de universitarios y otros tres sacerdotes: Juan, José y Javier. Como nos dice Isaac, en definitiva se trata de “llevar a los jóvenes al encuentro con el Señor, desde su propia experiencia personal”. Asegura también: “Queda uno gratamente sorprendido de los ratos de adoración que se tienen con ellos”.

A muchos de los cuales, además, los conoce también como alumnos, puesto que Isaac es el profesor de religión del IES Alfoz de Lara, ubicado en Salas de los Infantes. Allí tiene contacto, además, con tantos otros chicos que, normalmente, no frecuentan la parroquia. Para todos, indudablemente, es el cura, dentro y fuera del aula. Y no son pocos los que se acercan a él buscando consejo, cercanía e incluso amistad. Muestra de ello son los regalos que recibió con motivo de su ordenación sacerdotal, así como la presencia de algunos de ellos en la ceremonia.

Muchas y variadas iniciativas, que tratan en definitiva de algo tan sencillo –y a la vez tan complejo– como de acercar a Cristo a las almas y a las almas, a Cristo.

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