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A los 50 años de Medellín

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El 24 de agosto de 1968, el Papa Pablo VI inauguró en Medellín la segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que constituiría un hito en la reflexión de las Iglesias locales latinoamericanas sobre su propia evangelización.

Texto – Juan Luis Lorda

Existía ya una antigua tradición conciliar, desde los primeros pasos de la evangelización americana.

Las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y el Celam

Además, en 1899 en el Colegio Pío Latino Americano de Roma, se desarrolló un Concilio Plenario de América Latina (1899) para estudiar los problemas pastorales. Fue una experiencia interesante con éxito moderado. En 1955, la Santa Sede animó la celebración de otra Conferencia General del episcopado latinoamericano, que tuvo lugar en Río de Janeiro (1955). La asamblea consiguió convocar a unos 350 representantes de diócesis y otras estructuras eclesiásticas. Y fue un éxito: se constató lo común de muchos problemas, se compartieron experiencias evangelizadoras, se vivió una notable experiencia de comunión.

Surgió entonces la idea de crear una estructura estable que permitiera estudiar los temas y convocar reuniones periódicas. Contó con el apoyo de la Santa Sede y así nació el CELAM, Consejo Episcopal Latinoamericano, con sede en Bogotá (1955). No se trataba de una estructura jurisdiccional, como las conferencias episcopales, sino de un organismo de coordinación y asesoramiento. Después de la conferencia de Río de Janeiro (1955), se convocaron conferencias generales en Medellín (1968), Puebla de los Ángeles (1979), Santo Domingo (1992) y en el santuario brasileño de la Aparecida (2007). Forman un cuerpo de reflexión muy importante para la Iglesia en los países latinoamericanos y también para la Iglesia universal.

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